OPINIÓN: ¿Estamos superando el mundo en el que "los niños grandes no lloran"?

Tenemos mucho camino por andar para transformar la masculinidad; todavía hay demasiados hombres (y también mujeres) que insisten en que los hombres de verdad no lloran.
Gracias a ustedes EU es un lugar mejor que cuando empezamos: Barack Obama
SHAI HELD

Nota del editor: Shai Held es rabino y uno de los principales teólogos y educadores judíos; es cofundador y decano del Hadar Institute, así como autor del libro Abraham Joshua Heschel: The Call of Transcendence. Puedes seguirlo en Facebook o en Twitter como @HeldShai. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) — Han sido días difíciles para Estados Unidos, pero ha sido una semana buena para la masculinidad. No porque hayamos tenido que soportar otra muestra del machismo belicoso de Trump, sino porque fuimos testigos de que dos de los hombres más poderosos del mundo se dieron permiso para derramar lágrimas en público.

Al hablar de su amor y agradecimiento hacia la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, Barack Obama se conmovió hasta las lágrimas. Por otro lado, el vicepresidente Joe Biden, también lloró de sorpresa cuando supo que el presidente había decidido otorgarle la Medalla Presidencial de la Libertad. ¿Será posible que finalmente y gracias a Dios estemos superando el mundo en el que "los niños grandes no lloran"?

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Ciertamente hay quien se resiste y quien lo critica. Por ejemplo: Laura Ingraham, una personalidad de los medios de comunicación, insistió en que Obama había fingido el llanto. Dijo: "nunca he visto que un hombre tome un pañuelo y se enjugue las lágrimas, simplemente nunca lo he visto… Un hombre tratará de restarle importancia, de fingir para superarlo o algo".

En otras palabras, aunque se sienta conmovido hasta las lágrimas, un hombre de verdad nunca lo demostraría. Hace ocho años, Ingraham se burló de Brett Favre, la estrella de la NFL, por ser "un hombre grande y fuerte" que "se derrumbó lloriqueando" en la conferencia de prensa en la que anunció su retiro. "Ya estuvo bueno de lágrimas", exigió.

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¿Acaso un hombre de verdad no puede llorar? Y si lo hace ¿tiene que ocultarlo?

Yo digo que dejemos que las lágrimas corran.

¿Qué significa que alguien sea un "hombre de verdad"? ¿Quiénes queremos que sean nuestros hijos? ¿Quiénes queremos que sean los padres y esposos del mañana?

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¿Acaso el único "hombre de verdad" es el macho alfa, el que niega su propia vulnerabilidad al grado a veces de hacerlo tan forzadamente que se burla, denigra o simplemente desprecia a quienes considera poco menos que perfectos, demasiado vulnerables, insuficientemente duros y cautelosos?

¿No podría ser que a estas alturas una parte importante del significado de ser hombre sea la capacidad de reconocer que somos vulnerables, de ser tan tiernos como duros, de vivir con el corazón abierto y negarnos a avergonzarnos de ello?

Doy gracias por vivir en una época en la que un hombre (nada menos que el hombre más poderoso del mundo) puede mostrar lo que significa que la vida le afecte hasta las lágrimas. ¿Te gustaría estar casada con un hombre que nunca se ha sentido conmovido hasta las lágrimas por el amor y el agradecimiento que siente hacia otro ser humano?

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Pero no me engaño. Tenemos mucho camino por andar para transformar la masculinidad. Todavía hay demasiados hombres (y también mujeres, si los comentarios de Ingraham sirven como prueba) que insisten en que los hombres de verdad no lloran, que un hombre que toma un pañuelo es simplemente un "blandengue". Parece que esa clase de masculinidad retrógrada entrará al despacho oval.

No se equivoquen: esa clase de mentalidad y de discurso tiene consecuencias reales para muchos hombres y niños. Mi padre murió repentinamente cuando yo tenía 12 años y recuerdo (está grabado en mi mente y en mi cuerpo) que un familiar bienintencionado me dijo: "No puedes llorar. Tienes que mantenerte entero".

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Recuerdo que los incontables visitantes me dijeron que "tenía que ser fuerte por mi madre". Así que anduve varios años fingiendo que todo estaba bien, me mostraba duro y fuerte aunque lo había perdido todo. Esa clase de represión le pasa factura a la salud física y emocional de un hombre.

¿Acaso un hombre no puede dejar de ser fuerte y llorar sin vergüenza? Quizás podamos ser ejemplo del valor que se necesita para llorar cuando nos duele el corazón y parece que el mundo se ha derrumbado. Tal vez podamos ser ejemplo de la presencia y la sinceridad que ayuda a llorar cuando el amor que otra persona siente por nosotros nos ha nutrido y sostenido.

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Espero que algún día, mis hijos encuentren un amor tan profundo que los conmueva hasta las lágrimas y espero que no les afecten aquellas personas que quieran privarlos de toda la gama de emociones humanas. Cuando todo esté dicho, quienes se burlan de los hombres que lloran no hacen más que revelar su propia pobreza emocional.

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