OPINIÓN: El gobierno de Trump no quiere provocar una crisis en México

En un entorno de ansiedad geopolítica, el representante del presidente electo de EU en Davos explicó lo que quiere decir el (casi) presidente. El presidente chino Xi Jinping se robó el día.
Temáticas  En la jornada del Foro Económico en Davos, China propuso un modelo de globalización centrado en la innovación dinámica, como fuerza impulsora del crecimiento, en lo que incluyó el cambio climático y el envejecimiento de la población.  (Foto: EFE)
Alberto Bello /

Nota del editor: Alberto Bello es director Editorial de Negocios de Grupo Expansión. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(Expansión/Davos) – Los especialistas en geopolítica eran unos seres humanos de lentes pasadas de moda, alopecia, doctorado y mucha potencia intelectual. Uno escuchaba con interés sus elucubraciones sobre la primavera árabe en largas caminatas entre un hotel y otro de este pueblito suizo de Davos.

En 2017 son los mismos tipos brillantes de aspecto discreto, pero llenan salones de sesión del Foro Económico Mundial como Jagger y Richards atiborran estadios de futbol, provocan con la cita de un libro la compra masiva en kindle y despiertan escalofríos de terror.

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La lógica es que el mundo entró en “una recesión geopolítica”, dice el lúcido Ian Bremmer, presidente de la consultora Euroasia y estrella de Linkedin. En el río revuelto del populismo, la cuarta revolución industrial y la globalización estancada, esta recesión geopolítica, afirma Bremmer, es la primera que vivimos desde la que llevó a la Segunda Guerra Mundial.

En este contexto se apareció en Davos por primera vez el presidente de China Xi Jinping para hacer el discurso de amor a la globalización sin dejar de mencionar sus retos.

“Los melones verdes cuelgan de vides amargas; dulces dátiles nacen del cardo y la espina”, recitó Jinping. No dejó de sonreir, vestido en un un traje azul, camisa blanca con corbata color vino y matices de azul. Dijo, salvo el refrán que suponemos milenario, exactamente lo que uno hubiera esperado escuchar del líder de la primera potencia global, que resulta llamarse Estados Unidos.

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Jinping propuso un modelo de globalización centrado en la innovación dinámica, como fuerza impulsora del crecimiento, en lo que incluyó el cambio climático y el envejecimiento de la población. Promovió la cooperación como fórmula para garantizar acuerdos ganar-ganar. “Nadie emerge como ganador en una guerra comercial”, advirtió.

Propuso un modelo de gobernanza global que incorpore el hecho de que el crecimiento global se explica en un 80% por los países en desarrollo, y que haga efectivos los acuerdos de París sobre cambio climático –algo que el señor Trump parece empeñado en rechazar. Propuso un modelo de crecimiento inclusivo para no dejar atrás a los desfavorecidos y finalmente garantizó la participación de China como jugador clave en todos estos campos.

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En este clima cayó Anthony Scaramucci, el italo americano codirector y fundador de Brightsky Capital, un egresado de Harvard cuyo padre fue un trabajador de la construcción. El salario de su padre a dólares de hoy sería 45% inferior al que le permitió llegar a la universidad. Conoce a Trump hace 21 años y a partir del viernes será el enlace con el exterior de la Casa Blanca de Trump. Un trabajo que podría llamarse traductor oficial, en la línea de Rubén Aguilar con Vicente Fox: “lo que quiso decir el presidente…”.

Una periodista de un medio europeo preocupada por las descalificaciones de Trump a la política migratoria de Angela Merkel recibió la siguiente explicación de Scaramucci: “Ustedes pierden de vista que él llegó al público americano porque tiene autenticidad, está dispuesto a hablar de cosas en un modo en la que la gente de los medios no está acostumbrada en un presidente de los Estados Unidos, pero no veo en él a alguien a quien le guste tener malas relaciones con las personas y desde luego como alguien que vea a Europa como débil… No queremos que la clase trabajadora se convierta en la pobreza trabajadora… es un hombre de paz”.

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Hay un espíritu pedagógico en todo aquel que quiera relacionarse con los miembros del equipo de Trump. Por ejemplo, el exgobernador de Banxico Guillermo Ortiz describió cómo la caída del peso elimina cualquier intento de retener a Ford. “¿No es paradójico que quieran proteger su comercio y su moneda se haya apreciado tanto?”. “¿No sé si Estados Unidos puede crecer su deuda otro billón (millón de millones) de dólares por año”, le advirtió David Rubenstein, cofundador y codirertor ejecutivo del fondo de capital privado Carlyle.

En la misma línea le pregunté:

-¿Cómo va a ayudar al trabajador americano una crisis en México?

-Nadie está intentando provocar una crisis en México, lo que queremos hacer es crear una cancha pareja para crear más simetría en nuestras relaciones comerciales.

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Siempre es un alivio que Trump no quiera provocarnos la ruina. Lo que quiso decir Scaramucci (con perdón por el chistecito) lo explicó en una sesión sobre las perspectivas del mercado estadounidense. En su opinión la primera potencia mundial ofrece acceso a su mercado a países “para que generen empleos y desarrollen su fuerza laboral”. “Queremos tener una gran relación con China, pero deben ayudarnos a crear esta simetría", dijo.

Para Trump y su vocero Scaramucci el comercio global es de suma cero porque destruye empleos y “golpeó a la clase trabajadora”. No menciona la tecnología y de cómo la digitalización amenaza a su país y al resto. Ocho millones de trabajadores pasaron de la clase trabajadora a los pobres que trabajan, una cifra atroz sin duda.

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Ya en la tarde empresarios mexicanos como José Antonio Fernández, presidente del consejo de administración de Femsa; Eugenio Madero de Rassini, Agustín Coppel, Juan Gilberto Marín de Ontex o Pedro Padilla, de Grupo Salinas, evaluaban las opciones de México ante el advenimiento de Trump en un coctel ofrecido por Francisco González, director de Pro México.

En la incertidumbre previa a la inauguración de la presidencia más inesperada de la historia reciente, las perspectivas son menos malas. Al menos, como dijo Scaramucci, Trump no quiere provocar una crisis en México. Eso ya es ganancia.

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