OPINIÓN: ¿Por qué Trump hace de los musulmanes los nuevos chinos en EU?

La exclusión de los chinos es un desgraciado episodio en la historia estadounidense que parece revivir con la orden ejecutiva firmada por el presidente republicano la semana pasada.
Déjà vu  El sesgo antimusulmán del presidente Trump recuerda ese racismo contra los chinos en el siglo XIX.  (Foto: EFE)
Mae Ngai

Nota del editor: Mae Ngai es profesora de historia en la Universidad de Columbia y autora del libro Impossible Subjects: Illegal Aliens and the Making of Modern America. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Los chinos tienen la dudosa distinción de ser el único grupo excluido explícitamente de Estados Unidos por su nombre.

Los sesenta años de la ley de exclusión de chinos, que comprendieron desde 1882 hasta 1943, infligieron muchos daños al pueblo chino. Los trabajadores chinos no podían inmigrar al país norteamericano y ningún chino podía obtener la ciudadanía por naturalización. Los chinos que buscaban ingresar a Estados Unidos, como ciudadanos y comerciantes exentos de las leyes de exclusión, enfrentaban interrogatorios extremos a su llegada, destinados principalmente a detectar identidades fraudulentas. Los estadounidenses ahora consideran que la exclusión de los chinos es un desgraciado episodio en la historia de la nación y que hemos superado esa flagrante discriminación racial.

Y sin embargo, la orden ejecutiva del presidente Trump denominada "Proteger a la nación de la entrada de terroristas extranjeros en Estados Unidos", la llamada prohibición musulmana, recuerda de manera inquietante la exclusión de los chinos. La comparación es pertinente no solo por la palpable animadversión que exhibe hacia un grupo entero, sino porque gran parte del fundamento jurídico de la exclusión de los chinos aún se mantiene.

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Cuando la Corte Suprema de Estados Unidos confirmó la legalidad de la exclusión de los chinos en 1889, lo hizo por razones de seguridad nacional. La decisión del tribunal debe sonar familiar y también despertar la alarma:

Preservar su independencia y dar seguridad contra la agresión y la invasión extranjera es el deber supremo de toda nación, y para alcanzar estos fines casi todas las demás consideraciones deben quedar supeditadas. No importa en qué forma se produzca dicha agresión e invasión, sea de la nación extranjera que actúa en su carácter nacional, o de la sobrepoblación de grandes multitudes de su gente. ... Si, por lo tanto, el gobierno de los Estados Unidos, a través de su departamento legislativo, considera que la presencia de extranjeros de una raza diferente en este país, que no se asimilan a nosotros, es peligrosa para su paz y seguridad, su exclusión no debe suspenderse porque en ese momento no existan hostilidades reales con la nación a la cual pertenecen.

En consecuencia, la corte dictaminó que la regulación de la inmigración formaba parte de la conducción de la política exterior del Congreso, en la misma canasta que declarar la guerra y ratificar tratados y fuera del ámbito de la Constitución. Esta visión subraya el principio básico del "poder pleno" o autoridad absoluta del Congreso sobre la inmigración y, con ello, el uso de una dilatada discrecionalidad por parte del ejecutivo en su aplicación.

Los inmigrantes chinos que intentaron ingresar a Estados Unidos durante la exclusión eran comúnmente detenidos en la estación de inmigración de Angel Island en la Bahía de San Francisco durante días, semanas e incluso meses. Cientos de poemas tallados en las paredes de las barracas en Angel Island dan fe de su situación. Uno de ellos dice:

Estados Unidos tiene poder, pero no justicia. En la cárcel, fuimos victimizados como si fuéramos culpables. Sin darnos la oportunidad de explicarnos, fue realmente brutal

Para los chinos que ya vivían en Estados Unidos, la exclusión significó décadas de separación familiar, vejaciones legales (como leyes anti-mestizaje) y violencia. Los chinos nacidos en Estados Unidos, y por tanto ciudadanos estadounidenses, también sufrieron la exclusión en las profesiones, la segregación residencial y escolar y el ostracismo social. Estas discriminaciones se extendieron luego a los asiáticos del sur y japoneses en posteriores leyes de exclusión.

El sesgo anti-musulmán del presidente Trump recuerda ese racismo contra los chinos en el siglo XIX. Él cree que "el Islam nos odia" y considera a todos los musulmanes como posibles terroristas, de la misma manera en que la exclusión de los chinos se cimentó sobre la suposición de que los chinos eran racialmente incapaces de asimilación y eran un peligro para la paz y la seguridad de la nación.

En la misma línea que la exclusión de los chinos, la orden ejecutiva de Trump puede servir para excluir a todos o casi todos los musulmanes más allá de los de los siete países vetados. La orden no solo exige "escrutinio extremo" para todos los solicitantes de asilo (que ya están sujetos a cuatro o cinco rondas de rigurosos exámenes), sino también un reforzamiento de los "estándares" para escudriñar y examinar a todas las personas que buscan entrar al país, ya sean inmigrantes o visitantes. Estos mecanismos incluirán entrevistas personales para determinar fraude y la "probabilidad de que el solicitante se convierta en un miembro que contribuya positivamente a la sociedad".

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En palabras de Trump, "Solo queremos admitir a aquellos que apoyarán a nuestro país y amarán profundamente a nuestro pueblo". La postura del gobierno es, por defecto, que los musulmanes no "aman profundamente" a Estados Unidos. No se necesita mucho para imaginar a europeos y cristianos pasando sus entrevistas y a los musulmanes enfrentando interrogatorios como los de la era de Angel Island. Al igual que los chinos, los musulmanes serán duramente cuestionados para superar presunciones subjetivas, religiosas y raciales sobre su capacidad para integrarse.

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En ciertos aspectos hemos recorrido un largo camino desde la exclusión de los chinos. El Congreso la derogó en 1943, cuando China era un aliado de guerra. Desde 1965, la ley de inmigración ha prohibido la discriminación en la emisión de visados por motivos de origen nacional, raza y religión. Pero la legislación que definía la exclusión de los chinos también establece los principios plenarios y de seguridad nacional que otorgan amplios poderes al Ejecutivo en materia de inmigración, principios que sustentan todo nuestro sistema migratorio y justifican medidas discriminatorias.

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A pesar de la protesta pública contra el veto a los musulmanes, es difícil predecir si los tribunales federales respaldarán la prohibición aduciendo que el presidente actuó en el interés de la seguridad nacional o la echarán por tierra como una injusta discriminación religiosa. En otras palabras, queda por ver cuánto hemos avanzado realmente desde la odiosa era de la exclusión de los chinos.

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