Ciencia y tecnología, motor para crear valor económico y social en México

El conocimiento y la vinculación entre universidades y empresas en la formación de talento y capacidades de innovación representan un valor estratégico en el crecimiento económico.
Impulsor  La generación de nuevo conocimiento científico es determinante para incrementar los niveles de bienestar de la población a través de la resolución de problemas sociales y de mercado.  (Foto: iStock)
JUAN ALBERTO GONZÁLEZ PIÑÓN

Nota del editor: Juan Alberto González Piñón es titular de Emprendimiento e Incubación en la Universidad Panamericana. Desde 2004 ha desarrollado actividades profesionales en gestión de la Innovación, gestión de inversión de capital privado emprendedor, la planeación, organización y conducción de las políticas de desarrollo del financiamiento del emprendimiento, la productividad y la innovación. Las opiniones expresadas en el texto son responsabilidad del autor.

(Expansión) – La innovación que fluye a través de un país es como la sangre que da vida al ser humano, impulsando sinergias que orientan el adecuado funcionamiento de cada uno de sus órganos destacando a las empresas, la sociedad, el gobierno y las universidades.

Esforzarse por invertir e incentivar el incremento de capacidades y conocimientos permitirá la construcción de soluciones innovadoras, respaldando así el crecimiento económico y la generación de riqueza para la sociedad.

OPINIÓN: Desarrollo de aplicaciones para hacer empresas competitivas

La aplicación del conocimiento al campo productivo favorece la capacidad para atraer y retener talento e inversión en la economía, haciéndola más competitiva.

Adam Smith relacionó la generación de riqueza de las naciones con la capacidad de trasformación de su fuerza productiva, siendo esta la responsable de la generación de valor vía el trabajo, así el talento convierte el conocimiento y la experiencia en productos y servicios destinados a satisfacer necesidades sociales y de mercado.

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En el Foro Económico Mundial (2016), la Secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, señaló que en la región es impostergable incorporación de la ciencia y la tecnología en los procesos de transformación productiva que detonen la diversificación industrial y comercial de sus mercados.

El éxito en la incorporación de capital humano de alto nivel en los sectores industriales se relaciona con la construcción de alianzas con el sector empresarial, la sociedad civil y las universidades.

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En el 2016 el número de becas CONACYT para estudiantes de posgrado fue de 58,290. Asimismo, de acuerdo con el más reciente estudio Ciencia, Tecnología e Industria Marcador 2015, realizado por la OCDE, México se ubica entre los 10 países con más graduados de posgrados en el ámbito de ciencias en ingeniería.

Sin embargo el Índice Global de Habilidades 2016 elaborado por Hays y Oxford Economics, señala que en México pese a que los datos de desempleo del INEGI cerraron el 2016 con una tasa del 3.7% y un crecimiento en el PIB del 2.2%, el país no dispone de talento suficiente para las demandas actuales del sector productivo, presentando una carencia de profesionales cualificados para cubrir los puestos de trabajo

El estudio evidenció una dificultad para cubrir los puestos más idóneos (sectores como: farmacéutico, energético, automotriz, tic, entre otros). El conocimiento y la vinculación entre universidades y empresas en la formación de talento y capacidades de innovación representan un valor estratégico en el crecimiento económico.

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El conocimiento en su forma más estructurada es producto de la investigación científica y este a su vez se traduce en agregación de valor para el desarrollo de nuevos satisfactores económicos y sociales, transitando desde la invención, hacia su materialización vía la producción (tecnología), hasta su comercialización (innovación). Esta interrelación entre los saberes tácitos e implícitos de la sociedad y los procesos de la investigación científica dan lugar al denominado conocimiento explícito. (Ikujiro y Takenchi, 1999).

Actualmente la generación de nuevo conocimiento científico es determinante para incrementar los niveles de bienestar de la población a través de la resolución de problemas sociales y de mercado.

Un ejemplo de ello es Alemania, el cual siendo un país escaso en recursos naturales, y estar constantemente impactado por las cíclicas crisis económicas del continente, sus gobernantes decidieron inyectar un nuevo modelo de crecimiento distinto a las opciones ya conocidas, centrado en una política de investigación e innovación enfocada a la generación de nuevos empleos y mejorar la calidad de vida para sus habitantes.

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Esta iniciativa se emprendió desde el Estado, con el objetivo de incidir en la solución de los problemas que atañen a ese país y al mundo (la salud, medio ambiente, energía, movilidad y seguridad), se realizaron importantes inversiones de largo plazo en la educación, la ciencia e investigación. Lo que comenzó en el año 2002 está dando ahora sus frutos, el sector empresarial está a la vanguardia en investigación y desarrollo, generan nuevas tecnologías aún en tiempos de crisis. Este modelo innovador se concentró en tres aspectos: el social, económico y ambiental.

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Las empresas aprendieran a beneficiarse rápidamente de la innovación hasta convertirse en altamente especializadas.

Conforme al Banco Mundial, Alemania en el 2015 invirtió 2.9% del PIB en I + D, alrededor de 95,000 millones de dólares. México en 2016 destinó únicamente el 0.32%, es decir 3,000 millones de dólares. En el orden internacional este indicador, de acuerdo con la OCDE, se ubica en un promedio 2.40 del PIB.

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En 2017, México se enfrenta a un entorno externo complejo, a consecuencia del estancamiento del comercio mundial y de la falta de competitividad del sector industrial local, el cual presenta un bajo nivel de agregación de valor en sus procesos de trasformación.

Para el 2017 la previsión de crecimiento para el país se estima en 1.7% de PIB, según el Banco de México.

Este bajo nivel de agregación de valor se acentuó en la década de los 90, a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Desde entonces, México ha vivido una economía basada en la explotación de recursos naturales, en donde el factor más importante para una actividad competitiva ha sido el bajo costo de una mano de obra intensiva.

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Sin embargo, hoy es oportuno retomar la incorporación del conocimiento científico y tecnológico en los proceso de trasformación industrial. Para esto es indispensable diseñar estrategias de desarrollo endógeno local y potenciar el uso y desarrollo de conocimientos, así como el constante empleo de innovaciones útiles a los problemas sociales y de mercado, que permitan mejores tasas de productividad y competitividad.

A inicios del 2016, México contaba con 25,072 investigadores pertenecientes al Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

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La generación de tecnología propia se relacionada fuertemente con la capacidad que tenga su sistema de CTI, para impulsar el desarrollo y llevar los productos de la investigación al mercado, haciéndolos comercialmente viables.

El reto es impulsar que la investigación que se hace en México corresponda con las necesidades productivas de las empresas, pero sobre todo con la solución de los principales problemas sociales.

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