OPINIÓN: Demócratas, no pierdan de vista el objetivo

Como partido, los demócratas deberían redoblar sus esfuerzos para ayudar a las clases económicas bajas y medias aunque no se aprecien lo suficiente.
Hillary Clinton escribió un libro de ensayos en el cual reflexiona sobre su vida, la dolorosa campaña de 2016 y el futuro.
Recuento  Hillary Clinton escribió un libro de ensayos en el cual reflexiona sobre su vida, la dolorosa campaña de 2016 y el futuro.  (Foto: EFE)
Issac Bailey

Nota del editor: Issac Bailey ha sido periodista en Carolina del Sur, Estados Unidos, desde hace dos décadas. En los últimos años ha sido el reportero principal del periódico The Sun News de Myrtle Beach. Ostentó la beca Nieman de la Universidad de Harvard en 2104. Síguelo en Twitter como @ijbailey. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Los demócratas cometerían un error si ignoraran el análisis que Hillary Clinton hizo hace poco sobre el ciclo electoral de 2016. "Si las elecciones hubieran sido el 27 de octubre, yo sería su presidenta", dijo Clinton a Christiane Amanpour, conductora de CNN, en un evento de Women for Women International que se llevó a cabo el martes 2 de mayo.

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Tiene razón. Al restar importancia al impacto de los acontecimientos, cosa sin precedentes en la política moderna, el Partido Demócrata tomó a finales del año pasado un rumbo desventurado del que tal vez no se recupere, aunque esté peleando por redefinirse para la siguiente generación.

La lucha por redefinir al partido empezó en serio cuando el socialismo estilo Bernie Sanders empezó a competir a la par del enfoque moderado de Clinton. Cobró impulso gracias al desconcierto y a la angustia que provocó la derrota de Clinton ante Donald Trump en noviembre. Se puso al rojo vivo cuando una bandada de funcionarios del partido se lanzó a la competencia para ser el próximo líder del Comité Nacional Demócrata.

Ahora, tras los primeros 100 días de gobierno de un presidente y un Congreso de oposición, el partido ha llegado a la etapa decisiva, ya que sus miembros pelean inútilmente por cosas como el significado de que Wall Street le pague 400,000 dólares a Barack Obama por dar un discurso y por los nuevos datos que indican que los electores apáticos están convencidos de que a Donald Trump le importan más los pobres y la clase media que a los demócratas.

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En una encuesta de Priorities USA, un supercomité de acción política liberal, se determinó sorprendentemente que los electores que votaron por Obama y que luego votaron por Trump que creen que las políticas de los demócratas favorecen a los ricos son el doble de los que creen que las políticas de Trump favorecen a los ricos.

En el mundo real, las cosas no podrían ser más diferentes de lo que perciben quienes votaron por Obama y luego por Trump y adoptar un enfoque de "política pura" como el que blandía Sanders y su facción del partido no servirá de mucho para cambiarlo.

Estas percepciones no toman en cuenta que el Partido Demócrata agotó gran parte de su capital político y sacrificó el control del Congreso para alcanzar hitos para la clase media y para los estadounidenses pobres.

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Pusieron los servicios de salud al alcance de más de 20 millones de estadounidenses, con lo que literalmente salvaron vidas y ofrecieron un alivio contra el enorme peso económico de las emergencias médicas.

Implementaron la reforma a Wall Street más integral de la última generación con una ley que incluía la creación de una dependencia de protección al consumidor que ha protegido a los pobres y a la clase media en formas incontables.

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Lucharon para incrementar el salario mínimo y presionaron para que se elevara a 15 dólares por hora en todo el país. Esos esfuerzos rindieron frutos. Junto con el rescate de la industria automotriz y del mayor estímulo fiscal en la historia de Estados Unidos, ayudaron al país a salir de la gran recesión y generaron el mayor incremento salarial anual en la historia del país, que en gran medida benefició a la clase media y a los pobres.

Y no solo se trata del pasado: los demócratas siguen luchando a pesar de ser minoría. Fueron los primeros en oponerse a la propuesta de presupuesto de Trump, que contenía grandes recortes a los programas que ayudan a los estadounidenses más necesitados y que aprueba grandes condonaciones fiscales para los ricos.

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Por otro lado, se ha hablado mucho de que las políticas de Trump favorecen a los ricos como él y que en sus primeros 100 días de gobierno han incluido varios conflictos de interés y dudas sobre el uso de dinero del erario para cuestiones personales suyas y de sus asesores más allegados.

Es más, hay datos que indican que a muchas de esas personas que votaron por Obama y luego por Trump les preocupaba más asegurarse que quienes no son como ellos no reciban "demasiado" que perder las cosas por las que los demócratas habían peleado.

Persiste la duda: ¿qué deberían hacer los demócratas al respecto? Como partido, deberían redoblar esfuerzos para ayudar a las clases bajas y medias, aunque no se aprecie lo suficiente, y deberían hacerlo sin imponer pruebas de pureza a Wall Street.

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Es normal que un partido se someta a un doloroso proceso de introspección pública después de una derrota devastadora y no tiene sentido no hacer cambios. Los demócratas deberían reflexionar sin abandonar su identidad ni sus logros.

Los demócratas harían mal en reaccionar exageradamente a unas elecciones totalmente fuera de lo común. Como la misma excandidata nos recordó, el director del FBI se involucró en el ciclo electoral a menos de dos semanas del día de las elecciones y dio un anuncio que ayudó a uno de los candidatos y afectó a la otra.

Rusia también socavó el proceso democrático con sus oportunas filtraciones con la intención de afectar a la misma candidata. A pesar de todo, Clinton ganó el voto popular por tres millones de votos y habría sido presidenta si 80,000 personas de tres estados hubieran votado diferente; el total resultó ser un error de redondeo porque en todo el país se emitieron más de 135 millones de votos.

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El Partido Demócrata está muy lejos de ser perfecto y de muchas formas permitió que el poder corruptor del dinero lo influenciara. Ya es hora de que analicen sus valores, sus principios y el mensaje que envían a los pobres y a la clase media, no solo porque perdieron en noviembre, sino porque millones de estadounidenses creen que no les importan y así han pensado desde hace varios años.

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Eso no significa que el partido deba tener reservas para destacar sus diferencias con el Partido Republicano en cuestiones que afecten más a los estadounidenses más necesitados.

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