OPINIÓN: ¿Cómo puede Trump mantener su promesa con la comunidad LGBTQ?

El presidente estadounidense debería trabajar con el Congreso para implementar protecciones para todos los ciudadanos de su país.
Religión  Algunos grupos religiosos consideraron que el decreto firmado la semana pasada por Trump se quedó corta en la protección de las empresas que expresen su punto de vista religioso.  (Foto: EFE)
Margaret Hoover

Nota del editor: Margaret Hoover es colaboradora de CNN y presidenta del American Unity Fund, una organización no lucrativa dedicada a promover el apoyo conservador a los estadounidenses LGBTQ. Tyler Deaton es jefe de asesores del American Unity Fund. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de sus autores.

(CNN) — Hubo un momento en el que muchas personas creían, con razón, que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría ser una nueva clase de republicano en cuestiones relacionadas con la comunidad LGBTQ.

Cuando era candidato, fue el primer nominado del Partido Republicano que prometió proteger a los estadounidenses LGBT y presentó a un hombre abiertamente gay en uno de los eventos más importantes de la convención. Ondeó una bandera del orgullo gay durante un evento de campaña en Colorado y le dio la bienvenida a Caitlyn Jenner (literalmente la recibió con los brazos abiertos) en la celebración de su toma de posesión.

Hace menos de una semana, tanto la prensa como la opinión pública conmemoraron los primeros 100 días de la presidencia de Trump y, entre otras cosas, confrontaron sus acciones como presidente con las promesas que hizo durante la campaña. Una de sus promesas —"proteger a nuestros ciudadanos LGBTQ"— suena particularmente hueca en vista de cómo ha actuado hasta ahora.

Trump apoyó al movimiento antes. Como documentaron los periodistas del Washington Post, Michael Kranish y Marc Fisher, en su libro Trump Revealed: The Definitive Biography of the 45th President, la inclinación de Trump a favor de los derechos de los gays data de cuando era miembro del Partido Reformista, a finales de la década de 1990. Trump respaldó la reforma a la Ley de Derechos Civiles con la que se incluirían protecciones a la orientación sexual y se apoyaría la derogación de la política "no preguntes, no cuentes" de las fuerzas armadas.

Desafortunadamente, los primeros 100 días de la presidencia de Trump dejaron tambaleando a los estadounidenses LGBTQ y a los republicanos prolibertad. La Casa Blanca rescindió la disposición del Título XI, relativa al trato igualitario de los estudiantes transgénero en las escuelas luego de una batalla entre dependencias que acaparó el interés de la prensa estadounidense.

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El Departamento de Salud y Servicios Humanos dejó de recabar información sobre la comunidad LGBTQ en sus encuestas. Entre las personas a las que Trump incluyó en su gabinete y en la administración hay individuos famosos por haber dicho cosas despectivas sobre estadounidenses gays y transgénero. Por ejemplo: su candidato reciente para la Secretaría del Ejército, el senador de Tennessee, Mark Green, afirmó que ser transgénero es una enfermedad; el fiscal general, Jeff Sessions, ha votado en contra de los intereses de los estadounidenses LGBTQ en las legislaturas.

La libertad de cultos es fundamental para el estilo de vida estadounidense y está consagrada en la Primera Enmienda. Pero la libertad de cultos no le da a la gente el derecho de imponer a otros sus creencias, de lastimar a otros ni de discriminarlos, como ocurrió con la versión anterior del decreto de libertad religiosa firmada la semana pasada por Trump y que se filtró, en la que se proponía que los empleados del gobierno podrían discriminar a los contribuyentes gays y transgénero como lo hizo Kim Davis, empleada de un tribunal de Kentucky, cuando se negó a atender a una pareja gay y desató un encarnizado debate nacional. Los contratistas a los que se les paga con dinero del erario podrían despedir a sus empleados de la comunidad LGBTQ y las dependencias, que funcionan con el dinero de los contribuyentes, podrían impedir que las personas de la comunidad LGBTQ tengan acceso a servicios ostensiblemente públicos.

No solo es probable que los tribunales determinen que un decreto como este es anticonstitucional, sino que también sería tremendamente impopular. Los estadounidenses, incluidas las mayorías republicanas, se oponen tajantemente a la discriminación. En una encuesta que llevó a cabo el Project Right Side en julio de 2016, se determinó que más del 60% de los republicanos están a favor de las protecciones para los empleados gubernamentales y los contratistas LGBTQ contempladas en el decreto que actualmente está en vigor y que se implementó durante la presidencia de Obama.

El retroceso de Trump en las cuestiones LGBTQ no coincide con el mar de cambios en las actitudes del Partido Republicano respecto a la comunidad gay y transgénero. Algunos legisladores republicanos han emitido votos decisivos a favor de la libertad para contraer matrimonio, para implementar medidas en contra de la discriminación y para vencer —y a menudo, vetar— leyes discriminatorias nocivas. Algunos incluso han arriesgado su carrera política con tal de hacer lo correcto. En años recientes, se ha vencido a cientos de propuestas de ley discriminadoras o anti-LGBTQ, principalmente en estados controlados por los republicanos.

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El mejor camino para Trump es aceptar tanto a la gente religiosa como a los estadounidenses LGBTQ, reconocer que ambas comunidades merecen apoyo y protección… y darse cuenta de que se empalman e intersectan. En vez de emitir un decreto, Trump debería combinar esfuerzos con el Congreso estadounidense. Las reformas a las leyes estadounidenses de derechos civiles pueden servir para proteger de la discriminación por orientación sexual o identidad de género, al tiempo que garantizan la libertad de cultos de las personas y las organizaciones. Solo la acción legislativa abrirá el debate y dará la solución duradera y justa que merecen estas cuestiones culturales.

No es tarde para que Trump dé marcha atrás y se vuelva el líder prolibertad que muchos esperaban. Si quiere ser un amigo auténtico de la comunidad LGBTQ y de la libertad en general, no firmará un decreto que permita que se discrimine a los estadounidenses gays y transgénero. Debería cooperar con el Congreso para promulgar leyes y reformas que brinden protección integral a los estadounidenses, sin importar su religión, su orientación sexual o su identidad de género.

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