OPINIÓN: Mientras la ley está ausente, los 'diablitos' están en todos lados

Aunque el robo de electricidad se da en todas capas sociales, las pérdidas más significativas las causan los grandes consumidores.
Luz  La mayoría de los “ladrones” de luz son usuarios comunes y corrientes, aunque de tamaños diferentes, desde nuestros vecinos e incluso familiares, a empresas renombradas.  (Foto: Cuartoscuro)
Miriam Grunstein

Nota del editor: Miriam Grunstein es académica asociada al Centro México de Rice University, coordinadora del programa de Capacitación al Gobierno Federal en materia de Hidrocarburos que imparte la Universidad de Texas en Austin y socia fundadora de Brilliant Energy Consulting. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(Expansión) — El infierno de la ilegalidad no solo está en el subsuelo, sino también por lo alto, en los cables eléctricos. El robo de electricidad ha sido tan ignorado como trascendente, costándole, en promedio, no solo a CFE, sino a muchas empresas en el mundo, hasta el 30% de la energía que comercializan.

Muy dañino como lo es, este robo no ha sido tan escandaloso, mediático y explosivo como el hurto de combustibles por la diferencia en sus perpetradores y sus motivos. El robo de combustibles es llevado a cabo por “intermediarios” cuyo fin es el lucro. Son vendedores, no usuarios. Más aún, se trata de intermediarios con una vocación criminal. Después de las drogas, y antes de la trata de personas, el robo de combustibles es la actividad que más “deja” al crimen organizado. Para algunos cárteles, da lo mismo sustraer menores para su prostitución que sifonar gasolina para su venta. Por sus vínculos con el crimen organizado el robo de combustibles es percibido por la gente “de bien” como una actividad de “malosos.”

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No es así con las conexiones ilícitas de electricidad y de la alteración de medidores puesto que la mayoría de los “ladrones” son usuarios comunes y corrientes, aunque de tamaños diferentes. Podrían ser nuestros vecinos e incluso familiares, o empresas renombradas. Un caso notorio es el del municipio de Saltillo el cual en 2016 fue multado severamente por CFE por usar un “diablito” por dos años para iluminar el Parque Abraham Curbelo.

Si se vale que “el fin justifique los medios” tal vez se podría exculpar, al menos moralmente, a este municipio. La iluminación de un parque parece una causa noble, si es un centro comunitario que estrecha el tejido social. Es pintoresco imaginarse a los paseantes y a los novios en las bancas bajo un árbol iluminados por los faroles rodeado de frondoso follaje, aunque la luz sea robada.

Al igual que Saltillo, todos podríamos invocar causas justas. La opacidad del sistema tarifario es el mayor incentivo, pues no parece guardar relación alguna con el consumo. Hace algunos años, llegó una anciana a la Comisión Reguladora de Energía con un recibo de luz por 10,000 pesos al bimestre por tener un par de focos colgados del techo de lámina de su paupérrima vivienda. Y hace poco llegó un recibo de luz por 300 pesos a una casa ubicada en la colonia Polanco. Ambos casos son igualmente injustos: el que consume mucho y paga poco como el que no tiene nada y debe mucho.

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La lógica del consumidor de CFE es la misma al que consume gasolina robada. Tanto Pemex como CFE son “empresas” públicas que deberían ver por el bienestar de sus usuarios. Si faltan a ese fin supremo, entonces deben ser reprendidas. ¿Y qué mejor manera de castigarlas que robando gasolina y electricidad? Si CFE es injusto, la retribución es merecida. Podemos colgar “diablos” y alterar medidores con la consciencia limpia.

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En esta picaresca los ladrones no son los únicos personajes llamativos. También es la empresa eléctrica que, al menos en algunos casos, se deja robar. En 2012, los medios de comunicación reportaron que CFE había denunciado a la empresa PepsiCo o Embotelladora Mexicana por robar electricidad por un periodo de 4 años. Sin embargo, más sorprendente que el robo fue la condonación de CFE la cual, tras pactar la reparación del daño con la empresa, se desistió de la denuncia hecha ante la Procuraduría General de la República. Ni hablar de los incentivos negativos que crea este precedente de blandura de CFE ante los agresores de la misma y del erario público.

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En este orden de ideas, el Instituto de Investigaciones Eléctricas ha señalado que, aunque el robo se da en todas capas sociales, las pérdidas más significativas las causan los grandes consumidores, quienes pueden usar los típicos diablitos o bien emplear técnicas muy avanzadas para intervenir los medidores de electricidad.

¿Cómo justifican estos grandes consumidores el robo de electricidad? ¿Porque la tarifa es alta para el sector industrial? Por más que esto sea cierto, ello no justifica el daño social que causan al consumir lo que no han pagado. Cada vatio que no paga una empresa es uno que podría no llegar al servicio público, a la casa de la anciana cuyo recibo fue de 10,000 pesos.

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Por otra parte, si CFE condona estas conductas, tal vez por el peso específico de las empresas, podría hacer un gran daño al despegue del mercado eléctrico que apenas comienza. ¿Para qué pagar, incluso menos, si al robar, no hay castigo?

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Cuando de luz se trata, parece que ni la ley, ni Dios, están presentes y los Diablitos están en casa de todos.

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