OPINIÓN: Demócratas, sigan el ejemplo de Bernie Sanders

El peligro que los demócratas corren es perder de vista el problema básico al que se enfrentan: la necesidad de formular un mensaje que dé impulso a sus bases y que amplíe sus alcances.
Sobre Trump y las elecciones  "Trump no ganó las elecciones… el Partido Demócrata las perdió", señaló Bernie Sanders el sábado 10 de junio en Chicago.  (Foto: AFP)
Julian Zelizer

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton, además de miembro numerario de New America. Escribió los libros Jimmy Carter y The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. También es conductor del podcast Politics & Polls. Síguelo en su cuenta de Twitter @julianzelizer. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — El senador estadounidense Bernie Sanders sigue creyendo que los demócratas no entienden. En un discurso que dio el sábado 10 de junio en Chicago, Sanders dijo algunas cosas dolorosas y llamó a sus partidarios a quitar de la presidencia a Donald Trump, a quien considera una amenaza para Estados Unidos. Ante un auditorio lleno, también dijo que ir contra Trump no basta.

"La prensa y otros suelen preguntarme cómo es que Donald Trump, el candidato a la presidencia más impopular de la historia moderna de nuestro país, ganó las elecciones", dijo Sanders. "Mi respuesta es que Trump no ganó las elecciones… el Partido Demócrata las perdió".

La advertencia que el senador lanza a los demócratas es extraordinariamente importante en este momento. Aunque los republicanos controlan la Casa Blanca y el Congreso, los demócratas están, sorprendentemente, en una posición muy buena. Se enfrentan a un presidente republicano cuyo mandato se ha consumido con un escándalo que sigue empeorando. Sus índices de aprobación son del treinta y tantos por ciento y siguen cayendo.

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A los republicanos del Congreso les cuesta lograr la aprobación de cualquier legislación importante y las propuestas de ley que han logrado pasar en una cámara, tales como la de atención médica, han restado popularidad tanto al partido como al presidente. Las elecciones intermedias casi siempre dan malos resultados para el partido gobernante y las encuestas indican que las elecciones intermedias de 2018 podrían seguir el patrón.

Sin embargo, el peligro que los demócratas corren es perder de vista el problema básico al que se enfrentan: la necesidad de formular un mensaje que dé impulso a sus bases y que amplíe sus alcances. Los demócratas se arriesgan, al igual que el resto del país, a quedar tan absortos en el caos de Washington que no pongan nada de atención a ordenar su casa y a prepararse para la siguiente tanda de elecciones.

Como se pregunta Frank Bruni en el diario estadounidense The New York Times, en un análisis del pueblo de Halcottsville, en el 19º distrito de Nueva York, "¿los demócratas propondrán al candidato correcto para una región mayormente proletaria, cuyos graneros necesitan pintura, cuyos centros ansían actividad y cuyas fábricas son pocas y están apartadas unas de otras?".

Hasta ahora, la presidencia de Donald Trump ha dado a los demócratas una gran oportunidad. Las decisiones que ha tomado respecto a políticas públicas (la desregulación de los mercados energéticos y financieros, los cambios radicales a las políticas de atención médica que dejarían a millones de estadounidenses con una menor cobertura de gastos médicos, la reducción de impuestos al sector productivo que beneficiaría más a los estadounidenses más ricos y la absoluta falta de una política laboral seria) han dejado en evidencia las debilidades y las limitaciones del "populismo conservador".

La retórica feroz de Donald Trump contradice la historia de la política republicana de las décadas pasadas, que no ha servido de mucho para beneficiar a los estadounidenses de las clases media y proletaria. Aunque Trump prometió que sería diferente, no lo es. Pero los demócratas no pueden nada más decir que Trump no sirve. En su tuit más reciente, Trump escribió: "Los demócratas no tienen mensaje, ni en economía, ni en impuestos, ni en trabajos ni en el defectuoso Obamacare".

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Es probable que en respuesta a esta clase de ataques, que los republicanos lanzarán en su contra en los próximos años, los demócratas tengan que dar argumentos convincentes de que su partido sí tiene algo que decir acerca de la inseguridad económica persistente que afecta a las comunidades de clase media en un momento en el que los índices de desempleo son bajos.  Algunos demócratas, como Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, han tratado de aprovechar el atractivo de Sanders a través de iniciativas políticas como la educación superior gratuita.

Pero las iniciativas estatales no bastan. Los demócratas de todo el país tienen que hacer más para trazar y promover un proyecto nacional robusto que dé un nuevo marco a las campañas para las elecciones intermedias de 2018 y para la campaña presidencial de 2020. Tienen que demostrar que son un partido que no está atado a los grandes intereses, como Sanders ha afirmado, y que tiene una visión que se traducirá en auténticos beneficios económicos para todos los estadounidenses.

Será vital que los demócratas den estos pasos sin restar importancia a los temas importantes que el partido ha defendido desde la década de 1960. Ya son demasiados los críticos que consideran que las cuestiones de "identidad", tales como el feminismo o los derechos civiles, son la razón de que perdieran los demócratas como Hillary Clinton. Eso también sería un grave error.

En vez de restar importancia a cuestiones como la reforma al sistema de justicia penal o la paga equitativa, los demócratas tienen que esforzarse más para explicarles a los electores por qué estas no son cuestiones "de base" y por qué su proyecto es mejor para resolver los problemas de los electores que viven en estados republicanos y demócratas. 

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También tienen que presentar un argumento convincente de que hasta que no se enfrenten los problemas como el machismo en el trabajo o el racismo en la administración de justicia, el país no podrá implementar las políticas que servirán para que todos los estadounidenses de clase media y del proletariado se sientan más seguros respecto a su futuro.

Los demócratas tampoco pueden dejar al margen la política exterior ni la seguridad nacional. Los problemas que existieron durante la presidencia de Obama (el crecimiento de ISIS, la expansión de la agresión cibernética y militar rusa y la inestabilidad en Siria) le han costado al partido una porción considerable del apoyo de los votantes que temen por la estabilidad del orden mundial. El que sea fácil criticar a Trump por sus maniobras incipientes y torpes en el mundo no excusa a los demócratas de proponer una doctrina propia.

Donald Trump tiene el talento de consumir todo el oxígeno. Para cuando su era de escándalos, controversias y grandilocuencia haya llegado a su fin, muchos políticos de ambos partidos ni siquiera podrán recordar qué querían hacer cuando empezaron a trabajar. Las redacciones de los diarios y los noticieros están tan obsesionadas con Trump que se vuelve extraordinariamente difícil darle difusión a cualquier otra cosa. 

La mayoría de los estadounidenses probablemente no está consciente, por ejemplo, de que a lo largo de las próximas semanas se someterá a juicio a varios policías que mataron a afroestadounidenses y cuyos actos quedaron grabados. Estos actos sacudieron la consciencia del país en 2016, pero hoy casi no reciben un segundo de atención.

Los demócratas no pueden caer en esta trampa. Si lo hacen, no podrán aprovechar esta situación y sortear los desafíos políticos e ideológicos que surgirán una vez que el presidente Trump se haya ido.

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Históricamente, los partidos políticos prosperan una vez que han pasado por un proceso de autoanálisis y que han aprendido a abordar mejor las cuestiones que ignoraron y que les pasaron la factura. En la década de 1930, en respuesta a la recesión económica, Franklin Roosevelt y los demócratas del Congreso propusieron un proyecto robusto para usar al gobierno que revolucionó la función del Estado en la vida estadounidense.

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Ahora, los demócratas están en una encrucijada política similar. Si aprenden de lo ocurrido en 2016 y desarrollan un conjunto de proyectos más emocionantes en vez de depender en un mensaje anti-Trump para sortear 2018, tendrán un gran impacto en el futuro del partido, así como en el destino de Trump en los meses por venir.

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