OPINIÓN: Perder la elección costará más al PRI que enfrentar rupturas internas

La razón detrás de un cambio de estatutos en el partido para postular a un no militante es que las consecuencias de perder la elección de 2018 supera los costos de enfrentar las fricciones internas.
Un posible candidato sin militancia priista y aparentemente sin partido es el Secretario de Hacienda.
Meade  Un posible candidato sin militancia priista y aparentemente sin partido es el Secretario de Hacienda.  (Foto: Reuters)
Alfredo Coutiño

Nota del editor: Alfredo Coutiño es director para América Latina en Moody’s Analytics. Síguelo en su cuenta de Twitter @AlfredoCoutino. Las ideas expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — Ante la pérdida de credibilidad y escasez de candidatos sólidos, se ha especulado que el PRI podría cambiar sus estatutos para acomodar la candidatura de un no militante que pueda asegurarle votos rumbo a las elecciones presidenciales del 2018. A pesar de que la probabilidad siempre es positiva, existen razones históricas e ideológicas de fondo para pensar que las bases del partido no lo aceptarán. Sin embargo, de darse el cambio, la razón no sería el temor a perder la elección sino sus consecuencias.

La fuerte competencia electoral que se avecina obligará al PRI a buscar a su mejor candidato, con la intención de retener la presidencia de la República. Dado el descrédito que ha sufrido el partido durante la presente administración, un posible candidato sin militancia priista y aparentemente sin partido es el Secretario de Hacienda. Para que el secretario pueda convertirse en candidato del PRI, el partido tendría que cambiar sus estatutos para acomodarlo. Este sería un tema a discutir y resolver durante la próxima Asamblea Nacional del PRI a llevarse a cabo en la segunda semana de agosto.

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El PRI ha sido el principal partido en el poder, con una larga tradición y con principios e ideología bien definidos, originalmente sustentados en la filosofía de la Revolución Mexicana. El PRI estuvo en el poder desde sus orígenes como PNR en 1929 hasta el 2000 cuando se dió la primera alternancia de partidos. Una larga militancia y trabajo de partido han sido las características esenciales de sus candidatos a la presidencia. Los cuales se han identificado plenamente con los ideales revolucionarios del partido.

Así, pretender cambiar sus estatutos para arropar a un no militante significa no solamente echar por la borda la tradición revolucionaria sino peor aún, representa perder su identidad como partido. De llegar a imponerse el cambio, el PRI corre el riesgo de convertirse en un “partido de nadie” puesto que cualquier ciudadano podría aspirar a la candidatura del PRI a la presidencia de la República sin importar su ideología y menos aún su compromiso con los ideales del partido.

La principal oposición vendría fundamentalmente de las verdaderas bases del partido y de los mismos políticos que han hecho carrera dentro de las filas del PRI. A la mayoría de los verdaderos priistas no les gustaría que un no militante llegara a convertirse en el candidato del partido solo por gozar del privilegio de la recomendación y no por venir de la cultura del esfuerzo y compromiso. Fracturas y nuevas escisiones al interior del partido podrían ser las consecuencias de llegar a darse el cambio de estatutos.

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Es cierto que la probabilidad del cambio existe y dicha posibilidad no puede descartarse totalmente. Sin embargo, la única razón detrás del cambio de estatutos sería que las consecuencias de perder la elección presidencial supera los costos de enfrentar las fricciones internas. Es decir, el PRI podría aceptar cambiar sus estatutos ante la amenaza de que un gobierno de izquierda pudiera iniciar una persecusión generalizada de políticos y funcionarios públicos de la presente administración bajo cargos de corrupción y tráfico de influencias.

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Así, si al final el PRI decide cambiar sus estatutos para arropar a un candidato sin militancia ––que potencialmente asegura mayor preferencia electoral–– podría ser una indicación de que el partido tiene cola que le pisen en caso de llegar a darse un triunfo de la izquierda en la elección presidencial del 2018.

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