OPINIÓN: Las impactantes similitudes entre el KKK y los yihadistas islamistas

Los nacionalistas blancos no representan al "Estados Unidos real", así como los yihadistas no representan al islam auténtico, opina Jim Sciutto.
Similitudes  Las corporaciones de seguridad estadounidenses inteligentemente agrupan a ambos grupos, yihadistas islamistas y nacionalistas blancos, en la misma categoría de "extremismo violento".  (Foto: AFP)
Jim Sciutto

Nota del editor: Jim Sciutto es el principal corresponsal de CNN en Seguridad Nacional en Washington, DC. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Los nacionalistas blancos y los miembros del Ku Klux Klan de Estados Unidos marcharon en Charlottesville, Virginia, tienen mucho en común con un grupo con el que nunca se aliarían… y con el que no marcharían lado al lado, blandiendo antorchas de jardín.

Los mueve la búsqueda de identidad, la devoción enfermiza a una causa y una reacción iracunda a la percepción de ser víctimas; algo parecido a lo que pasa con otro grupo de extremistas violentos: los yihadistas islamistas.

Pasé dos años haciendo perfiles de los yihadistas en siete países de Medio Oriente y en Occidente para mi libro, publicado en 2008: Against Us: The New Face of America's Enemies in the Muslim World. Lo que en ese entonces me sorprendió es que la mayoría de los yihadistas que conocí se sentían menos movidos por la religión que por una visión perturbada de la política de su mundo. Lo que hoy me impacta es lo familiar que es su visión del mundo tras los acontecimientos de Charlottesville.

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En ese entonces, escribí: "Esta sensación de estar bajo ataque ha ayudado a consolidar una nueva identidad musulmana —una nueva causa— independiente. El sentir antiestadounidense es una forma de nacionalismo en Medio Oriente que trasciende fronteras e incluso religiones… la consideran una resistencia ante el imperialismo estadounidense".

La narrativa que comparten los miembros de la extrema derecha de Estados Unidos y los yihadistas de Medio Oriente es algo así: "Ellos" están destruyendo nuestro mundo y nuestra cultura; ellos son forasteros, no pertenecen aquí y son inferiores a nosotros, nos están quitando nuestro bienestar y nuestro estilo de vida y al hacerlo nos humillan; lo que es peor, los protegen las élites que no nos representan y que de hecho sienten desdén por nosotros; nosotros somos los únicos defensores del auténtico (inserte aquí "Estados Unidos" o "islam").

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Esos temas en común se reflejan en la similitud de los "mantras" del grupo. Mientras los manifestantes del KKK corearon "Ustedes no nos reemplazarán" y "Sangre y tierra", los nasheed (canciones de protesta) más populares de ISIS y otros grupos terroristas están llenos de referencias a la tierra robada, a la sangre y la pureza, y a la venganza por la humillación. "Vamos a combatirlos —dice un canto yihadista— y a recuperar nuestro derecho usurpado".

En un sentido más amplio, hay paralelos económicos entre los grupos que los hacen más vulnerables a dicho extremismo: rechazo o falta de oportunidades económicas, desempleo y descontento, y desconfianza en sus líderes y en las instituciones públicas. Esos problemas parecen exclusivos del tercer mundo, hasta que se desarrollaron tendencias similares en Estados Unidos.

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Para los yihadistas, la religión (o bien su versión bastarda de religión) da un tono útil a esta forma de ver el mundo. Para el KKK y otros extremistas blancos, el "nacionalismo" (aunque en realidad es una nueva versión de racismo y nativismo) tiene la misma función. Ambos son peligrosos. En un boletín de inteligencia que emitieron el FBI y el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos, que dio a conocer el sitio web Foreign Policy y que CNN confirmó, se determinó que los extremistas supremacistas blancos habían sido responsables de 49 homicidios y 29 ataques entre el año 2000 y 2016, más que otro movimiento extremista interno.

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La forma de pensar de los extremistas es enormemente autocomplaciente. Se sienten héroes y víctimas de las historias que inventan. Tuercen los hechos y la historia para su beneficio. Al mismo tiempo, se absuelven de cualquier responsabilidad por sus problemas y sus frustraciones ante el mundo moderno.

Cuando me reuní cara a cara con los yihadistas, me sorprendió lo poco intimidantes que eran. Su violencia surge de una profunda inseguridad; de hecho, es la antítesis de la valentía. El pasado fin de semana, sentí lo mismo al ver a los manifestantes en Charlottesville. Tanto su causa como sus tácticas violentas son una manifestación de debilidad. Aunque no lo reconozcan, sus líderes los explotan para su propio beneficio. Los hijos de los líderes terroristas rara vez se vuelven bombarderos suicidas. Dudo que los hijos de los líderes del KKK terminen en el frente de sus muchos actos de violencia.

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Estas similitudes nos dan una lección que es parte de la razón por la que las corporaciones de seguridad estadounidenses inteligentemente agrupan a ambos grupos, yihadistas islamistas y nacionalistas blancos, en la misma categoría de "extremismo violento". Para derrotar a esta ideología es necesario menospreciarla o, a menos, no elevarla más allá de sus bases huecas.

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Los nacionalistas blancos no representan al "Estados Unidos real", así como los yihadistas no representan al islam auténtico. Son los más desesperados y los peor encaminados de cada comunidad. Tristemente, tanto en Charlottesville como en San Bernardino, California, y en otras partes, hemos visto que la desesperación puede ser letal.

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