OPINIÓN: El lado oscuro del legado de Hugh Hefner

Parte del legado del fundador de Playboy también tiene que ver con la explotación de las mujeres y la promoción de la noción de que ellas existen para dar placer a los hombres, opina Peggy Drexler.
La belleza de América Latina se ha hecho presente en las portadas de Playboy
Peggy Drexler

Nota del editor: Peggy Drexler es autora del libro Our Fathers, Ourselves: Daughters, Fathers, and the Changing American Family and Raising Boys Without Men. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — Al recordar a Hugh Hefner, quien murió a los 91 años, muchos hablan de sus contribuciones a la cultura estadounidense. Hay que agregar que, aunque esas contribuciones son muchas, también tienen su lado sombrío.

El fundador de la marca Playboy fue un pionero de los medios e icono de la izquierda, uno de los primeros y más activos defensores de la libre expresión, de los derechos civiles y de la liberación sexual.

No hay duda: como activista, Hef abrió las puertas al diálogo abierto sobre sexo y sexualidad y dio permiso a la gente para reconocer que también son seres sexuales y que disfrutan el sexo, o al menos que quieren disfrutarlo. En los clubes de Playboy que abrió en la década de 1960, contrató comediantes negros en una época en la que muchos clubes segregaban en la práctica. Por otro lado, como editor, rebasó los límites con artículos innovadores (sí, esos famosos "artículos" por los que los hombres supuestamente buscaban la revista): artículos de investigación de escritores como Hunter S. Thompson y entrevistas con personalidades como Martin Luther King.

También fue claro ejemplo del sueño americano: inició la revista con 600 dólares propios y 1,000 que le prestó su madre.

Sin embargo, también vale la pena señalar, en aras de la clase de diálogo cultural abierto que promovió toda su vida, que la sociedad igualitaria de Hefner estaba concebida y creada, en gran medida, por hombres y para hombres.

Las condiciones de su rebelión dependían, innegablemente, de dejar a las mujeres en un rol secundario. Después, de todo, era la sexualidad de las mujeres la que se exhibía en las portadas y en las páginas centrales de su revista, sin mencionar que la llevó del brazo hasta el día de su muerte.

La noción que Hef tenía de cómo expresar la sexualidad se tradujo, en gran medida, en la libertad de expresar el deseo de los hombres por las mujeres y la fantasía de que esas mujeres siempre estarían listas y ansiosas por complacer. No era una simple cuestión de negocios: el mismo Hefner presumía que había dormido con más de mil mujeres. En el libro de memorias de Holly Madison, Down the Rabbit Hole, publicadas en 2015, la explaymate y novia de Hef cuenta que la mansión de Playboy era un sitio en el que Hef fomentaba la competencia (y los problemas con la imagen corporal) entre las muchas novias que vivían con él. Su legado está lleno de pruebas de la explotación de las mujeres con el fin de obtener beneficios profesionales. Al crear Playboy y al mantener su marca por más de seis décadas, Hef promovió un mundo en el que las mujeres sirven para deleitar y entretener a los hombres, en el que su cuerpo es un objeto y en el que las modificaciones para complacer los sentidos masculinos suele predominar sobre la comodidad (porque ¿quién quiere en realidad tener copa triple D?).

Las mujeres eran conejitas… las afortunadas, en todo caso. Los artículos inteligentes, de periodistas bien conocidos, que se publicaban en su revista (incluso había mujeres, como Margaret Atwood), estaban pensados para enriquecer el intelecto de los hombres que leían la revista.

Aun cuando la revista decidió adoptar un estilo "sin desnudez", hace unos años, con el fin de ser más atractiva para los lectores de entre 20 y treinta y tantos años (quienes supuestamente querían comprarla por los artículos), siguió siendo reino de hombres. Y desde luego, aunque Playboy vivió un rato sin desnudos en 2015, y aunque durante un tiempo publicaron fotos de actrices y modelos en ropa interior, no sirvió para cambiar el principio fundacional de la empresa: la mujer como objeto. No sorprende que los desnudos totales regresaran, inevitablemente, a principios de este año.

Ese es otro de los legados de Hefner: estimular el apetito por el sexo inmediato, que internet ahora ofrece a montones.

Todo esto no quiere decir que no hay que celebrar la vida de Hefner… de alguna manera. Fue un hombre de muchas facetas y ciertamente dejó huella en la sociedad estadounidense.

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Pero deberíamos reconocer que su legado no es inmaculado. Es, cuando menos, complicado. ¿Hefner era feminista? Probablemente eso pensaba. Pero como en el caso de muchos hombres de cierta edad, su definición de feminismo necesitaba definitivamente un ajuste profundo.

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