OPINIÓN: Perspectivas económicas de México

Las nuevas reformas beneficiarán al país más en el mediano plazo. Sin embargo, su impacto económico dependerá de la magnitud de los cambios estructurales que produzcan.
Perspectivas  El escenario más probable delinea una economía sin mayores avances en el año.  (Foto: iStock)
Alfredo Coutiño

Nota del editor: Alfredo Coutiño es director para América Latina en Moody’s Analytics. Síguelo en su cuenta de Twitter @AlfredoCoutino. El texto fue redactado para la Reunión de Perspectivas Económicas Mundiales del Proyecto Macroeconométrico Global de las Naciones Unidas y la Universidad de Toronto, celebrado en Ginebra, Suiza, del 3 al 5 de octubre. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

1. Pasado Reciente

La economía mexicana continuó avanzando durante la primera mitad del año, aunque a tasas consistentes con la capacidad productiva, la cual permanece aún limitada por los bajos niveles de inversión. La inflación ha mostrado una persistente tendencia al alza, aunque su velocidad de aceleración se ha moderado. Después de la fuerte depreciación cambiaria, el peso ha recobrado cierto terreno.

A pesar de la fuerte turbulencia financiera de inicios del año, la economía continuó avanzando. El PIB creció a una tasa promedio anual de 2.3% en la primera mitad del año, tasa consistente con el crecimiento potencial de la economía y con el 2.4% reportado en el mismo periodo del año pasado. La capacidad productiva continúa limitada, ya que el coeficiente de inversión no ha logrado superar el 22% en que terminó en 2012, a pesar del cúmulo de reformas en marcha.

La inflación ha crecido rápidamente a lo largo del año y a tasas muy por encima del objetivo de 3%. Los rezagos en precios acumulados en muchos productos, aunado a la depreciación cambiaria acumulada, desataron una realineación generalizada de precios a lo largo del año. La complacencia monetaria de los años anteriores junto a cierta indisciplina fiscal han sido las raíces reales detrás del repunte inflacionario.

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Más allá de la depreciación cambiaria, de la liberalización del precio de los combustibles, y del ajuste en el salario mínimo, –todos los cuales son solo consecuencias y no causas- la inflación en México es mayormente un fenómeno monetario. La prolongada expansión monetaria, durante los primeros tres años de la presente administración, no solo representó una política acomodaticia de un creciente desequilibrio fiscal, sino también fue corresponsable de un mayor déficit al promover incentivos para un endeudamiento público barato. Como resultado de la expansión monetaria, la cantidad de dinero por unidad de producto se aceleró desde 2013, creando una situación de mayor circulante monetario frente a una limitada cantidad de bienes y servicios.

La política monetaria solamente reaccionó hasta que la volatilidad financiera de inicios de 2016 se volvió agresiva, y más recientemente a partir de 2017 ante las amenazas del nuevo gobierno estadounidense contra las relaciones comerciales. Así, la tasa de interés de referencia para la política monetaria aumentó desde su mínimo histórico de 3% hasta 7% actual, durante el periodo de finales de 2015 a mediados del 2017. La política fiscal también fue forzada a entrar en una más seria disciplina a partir de 2017, ante la aceleración de la deuda pública.

Las nuevas reformas en marcha beneficiarán al país más en el mediano plazo. Sin embargo, el impacto económico de dichas reformas dependerá de la magnitud de los cambios estructurales que produzcan. Es decir, la clave no es la cantidad de reformas sino la calidad de dichas reformas. Un riesgo aún latente está en la potencial implementación de políticas estadounidenses que atenten contra el comercio y la inversión entre los dos países, lo cual afectaría la capacidad productiva de México.

Otro riesgo ha sido el azote que ha sufrido el país con los dos terremotos de gran intensidad, y cuyos efectos sobre la economía aún están por verse. Dado el recuento preliminar de daños e interrupción parcial de las actividades, al parecer el efecto sobre el crecimiento podría ser de solo un par de décimas de punto porcentual en el PIB.

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2. Perspectivas Económicas

El escenario más probable delinea una economía sin mayores avances en el año. En el mediano plazo, algunos factores positivos ayudarán a aumentar ligeramente la capacidad productiva y el crecimiento, más que nada como resultado de una profundización de los cambios estructurales. Se asume la posibilidad de una renegociación comercial con Estados Unidos, aunque sin mayores mejorías.

La economía avanzará a una tasa alrededor de 2% en el 2017, acelerándose ligeremente hacia un 2.5% en el 2018, más por el efecto expansivo del ciclo político-electoral. En el 2019, el efecto negativo del ciclo político se hará presente nuevamente, generando la tradicional desaceleración en el primer año del nuevo gobierno, con la economía creciendo solo 1.5%. En el más largo plazo, la economía avanzará a tasas determinadas por el incremento en la capacidad productiva, entre 3% y 3.5%.

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La inflación terminará el año en una tasa de al menos el doble del objetivo de 3%, ante la continuación de realineación de precios en lo que resta del año. El próximo año la inflación se ajustará a la baja, pero se mantendrá por encima de 3% para convergir hacia su tasa estructural alrededor de 4%.

Las tasas de interés podrían no disminuir sino hasta el 2019. Incluso,la política monetaria podría restringirse aún más si la volatilidad regresa en el 2019 ante una más acelerada normalización monetaria por parte de la Fed, o bien en el caso de la llegada de un nuevo gobierno con un enfoque antimercado tras la elección en el 2018.

Nuevas reformas ayudarán a fortalecer la capacidad productiva del país, sobre todo si producen cambios estructurales de fondo. México debe moverse en la dirección de acelerar la acumulación de capital productivo, lo cual fortalecerá la productividad y promoverá el progreso tecnológico. Una nueva ronda de reforma fiscal es necesaria, ya que el país continúa teniendo una recaudación tributaria por abajo del promedio en América Latina.

El país debe preservar y utilizar de manera efectiva el mecanismo dual de absorción de choques, dado por la flexibilidad del tipo de cambio y la tasa de interés. En el largo plazo, el tipo de cambio debería neutralizar el diferencial de inflaciones entre México y Estados Unidos, de tal manera de corregir posibles rezagos ocasionados por desalineaciones temporales de la paridad cambiaria.

El incremento en la capacidad produtiva del país depende en gran medida de nuevas y constantes reformas. Un ambiente económico y político positivo en los Estados Unidos será de gran ayuda. Sin embargo, para lograr una trayectoria de crecimiento libre de desequilibrios, la economía debe funcionar alrededor de su estado estacionario o crecimiento estable.

La política económica solo debe ser usada para moderar las alzas y bajas del ciclo económico, de tal forma de mantener a la economía alrededor de su producto potencial. Políticas prolongadamente expansivas solo producen bienestar transitorio y a la larga tienden a generar más costos que beneficios.

3. Riesgos

Por el lado interno, no hay que descartar el riesgo asociado a la posible llegada de un gobierno con un enfoque antimercado en las elecciones del 2018. Sobre todo, dada la posibilidad de un candidato que tenga la capacidad de aglutinar el creciente voto de descontento. Un gobierno radical o con políticas populistas tendría el potencial de incrementar la vulnerabilidad del país frente a choques externos. Desequilibrios fiscal y externo persistentes, asociados a la pérdida de credibilidad en el manejo macroeconómico, harían a la economía mexicana más vulnerable a la especulación y la expondrían a una crisis financiera. Ante ello, la capacidad productiva resultaría dañada, con consecuencias importantes para el bienestar social.

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En el lado externo, existen tres riesgos a considerar. Primero, un posible debilitamiento de la economía estadounidense, resultado de políticas poco viables e inefectivas en la presente administración. Segundo, un escenario de desaceleración de la economía mundial, básicamente generado por el debilitamiento de China y con consecuencias para los precios del petróleo. Tercero, aún existe la posibilidad de un rompimiento del TLCAN, lo cual generaría incertidumbre y debilitaría a la economía mexicana en el corto y mediano plazo.

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