OPINIÓN: Pensiones e inequidad, los retos sociales

Las desventajas que aquejan a los jubilados de hoy pueden transformarse para que las generaciones actuales tengan acceso a pensiones justas y adecuadas, opina Carlos Arocha.
Pensionados  En algunos países con tasas mínimas de fertilidad y amplia expectativa de vida se está llegando a escenarios en los cocientes de dependencia—el número de jubilados dividido entre el número de individuos de edad laboral—han crecido de manera alarmante.  (Foto: iStock)
Carlos Arocha

Nota del editor: Carlos Arocha es actuario consultor y director general de Arocha & Associates con sede en Zúrich, Suiza, puedes escribirle a su correo info@arochaandassociates.ch. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) – A pesar de los avances en materia de creación y fortalecimiento de los esquemas públicos y privados de pensiones, los sectores públicos y privados—la sociedad en conjunto—afrontan una problemática muy aguda con respecto al ahorro para la jubilación y la provisión de ingresos que permitan al pensionista un retiro adecuado.

El problema se exacerba por la confluencia de varios factores: la tendencia a vidas más longevas, la erosión en el poder adquisitivo en economías industrializadas y emergentes por igual, y el ensanchamiento de la brecha de distribución del ingreso.

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En algunos países con tasas mínimas de fertilidad y amplia expectativa de vida se está llegando a escenarios en los cocientes de dependencia—el número de jubilados dividido entre el número de individuos de edad laboral—han crecido de manera alarmante. En Japón, por ejemplo, hay hoy día aproximadamente dos trabajadores por cada jubilado, pero para 2050 se espera contar con 1.2 trabajadores por jubilado. En México, la cifra actual es 10 trabajadores por jubilado, y será para el 2050 de 3.5 por trabajadores por jubilado.

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Comparado con el país oriental, pareciera que México está en mejor situación; sin embargo, cuando se analizan cifras de pobreza relativa, nuestro país ocupa por desgracia el último lugar en la lista de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en la categoría de inequidad en la distribución del ingreso en la población, acentuándose el efecto en la población jubilada.

Además de la desigualdad en la distribución está también presente el problema del grado de pobreza: un elevado número de pensionados vive en condiciones infrahumanas y tiene necesariamente que depender de sus familiares para subsistir.

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En el informe “Preventing Ageing Unequally” (previniendo un envejecimiento inequitativo) publicado el 18 de octubre por la OCDE, se destacan los siguientes aspectos:

  • El envejecimiento general de la población verá una aceleración a la vez que la disparidad en el acceso a servicios médicos y hospitalarios se agrava;
  • Existe una marcada tendencia hacia la distribución inequitativa del ingreso, punto que se acentúa en las economías emergentes;
  • Los problemas de salud reducen el horizonte de trabajo: una salud precaria puede significar una reducción importante de los ingresos durante la vida laboral;
  • Las personas de escasos recursos económicos suelen tener vidas laborales más breves que la de las personas afluentes, y requieren mayores atenciones y servicios sanitarios en las edades post-jubilación. Frecuentemente estos servicios no son accesibles por motivos de costo.
  • En los países de la OCDE, las mujeres reciben pensiones que son—en promedio—27% menores a las de los hombres. Esto obedece, entre otros factores, al hecho de que los hombres suelen ser mejor pagados durante la vida laboral.

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El informe presenta algunas mitigantes para el problema de la inequidad. Entre ellas se discuten:

  • Deben plantearse las políticas económicas y de desarrollo necesarias para la prevención de la desigualdad en el ingreso, antes de que ésta se potencie y llegue a los extremos de inequidad que se observan en las edades de jubilación;
  • Deben promoverse medidas sectoriales—gobierno e industria—para la provisión y el financiamiento de pensiones adecuadas;
  • Deben establecerse oportunidades de empleo más justas y de mayor calidad para los menos jóvenes de la población económicamente activa;
  • Deben removerse las barreras sociales para la contratación de las personas mayores de 50;
  • Los planes de pensiones deben reemplazar adecuadamente el ingreso generado durante la vida laboral—y debe ser el reemplazo la herramienta fundamental en el diseño de programas públicos y privados de jubilación.

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Entre las ventajas competitivas de nuestro país está la de contar con una población relativamente joven y dinámica. Las desventajas que aquejan a los jubilados de hoy pueden transformarse para que las generaciones actuales tengan acceso a pensiones justas y adecuadas. Pero hay que actuar ya, y no cuando la crisis se repita.

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