OPINIÓN: Quienes critican a Merkel la extrañarán cuando se haya ido

El sucesor de la canciller no estará en la misma posición. Merkel podía tomar decisiones impopulares en Alemania gracias a su fuerza enorme y porque todos la respetaban, opina Matthew Qvortrup.
La canciller  Muchos euroescépticos consideran que Merkel es una federalista que preferiría una integración mayor, pero esta descripción no es correcta.  (Foto: Reuters)
Matthew Qvortrup

Nota del editor: Matthew Qvortrup es autor del libro Angela Merkel: Europe's Most Influential Leader, de la editorial Duckworth. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — En sus propias palabras, fue un día de "reflexión profunda". En todo caso, Angela Merkel fue muy diplomática cuando se reunió con la prensa el lunes 20 de noviembre por la mañana, luego de que se rompieran las negociaciones para crear una coalición con los Demócratas Liberales y con los Verdes.

Y ciertamente habrá "reflexión". Pero no solo en la Kanzleramt, la cancillería en la capital de Alemania.

Aunque se exagera cuando se habla del fin de Angela Merkel, ahora ella está dirigiendo su enfoque hacia el interior y, de una manera o de otra, el final de la era de Merkel se aproxima. Ciertamente no es tan fuerte como era.

Es demasiado pronto para especular sobre qué pasará en Alemania, si habrá un gobierno de minoría o si se celebrarán otras elecciones.

Sin embargo, pase lo que pase, la crisis en Alemania tendrá repercusiones en el resto de Europa.

Algunos euroescépticos han manifestado abiertamente que les desagrada la canciller de Alemania. Su decisión de abrir las fronteras a alrededor de un millón de refugiados, aunada a su línea firme y antipopulista en todo, ya sea finanzas públicas o asuntos exteriores, ha provocado que Merkel sea particularmente desagradable para los políticos de extrema derecha de todo el continente… y más allá.

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Pero van a extrañarla cuando se vaya, tarde o temprano.

Merkel siempre ha sido pragmática; sin importar los difíciles que pueden ser personajes como Viktor Orban, de Hungría, o Alexis Tsipras, de Grecia, siempre estaba allí con la chequera alemana, dispuesta a rescatarlos.

Diplomática hasta la médula, Merkel siempre estuvo dispuesta a aceptar los berrinches de políticos cargados de testosterona, con egos grandes como catedrales, siempre y cuando fuera en beneficio de los intereses económicos de Europa.

Sin importar lo que pensaran de Merkel, los euroescépticos podían darse el lujo de usarla como chivo expiatorio, aunque al mismo tiempo estuviera dispuesta a rescatarlos.

El sucesor de Merkel, sea quien sea, no estará en la misma posición poderosa. Merkel podía tomar decisiones impopulares en Alemania gracias a su fuerza enorme y porque todos la respetaban. Quienquiera que venga después no podrá darse ese lujo.

La persona que suceda a Merkel probablemente será más dura, menos flexible y estará menos dispuesta a hacer concesiones a otros países.

Esta es la razón por la que esos partidarios de un brexit radical, que celebran en Reino Unido las penurias de Merkel, están tan equivocados. Las negociaciones de Reino Unido con la Unión Europea estaban casi estancadas antes de que colapsaran las negociaciones para crear una coalición en Alemania.

Algunos políticos británicos —como el antiguo líder de los conservadores, Iain Duncan Smith— han urgido a la primera ministra, Theresa May, a jugar rudo con los alemanes.

Esto es peligroso. Si Alemania queda más débil, será poco probable que Reino Unido logre un buen trato.

Hasta antes de las elecciones, Merkel era lo suficientemente fuerte como para imponerle un acuerdo impopular al Parlamento alemán. A final de cuentas, podía resolver el problema del brexit buscando en el fondo de las arcas alemanas. Si el Bundeskanzler es más débil —ya sea Merkel o su sucesor—, no podrá imponerle al Bundestag un acuerdo costoso.

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Los políticos alemanes —ya no hablemos de los electores— no están dispuestos a darles a los británicos un buen acuerdo. En todo caso, quieren lo contrario.

Muchos euroescépticos consideran que Merkel es una federalista que preferiría una integración mayor, pero esta descripción no es correcta. Merkel siempre ha sido pragmática en su apoyo a la Unión Europea. La integración europea nunca fue una cuestión de fe política para ella.

Todos sus posibles sucesores son eurófilos y favorecen a "una unión aún más cercana". El posible fin de Merkel incrementará las probabilidades de dar un salto hacia una Unión Europea más integrada, algo como lo que pregona el presidente de Francia, Emmanuel Macron.

Los euroescépticos a los que les encantaba odiar a Angela Merkel y todo lo que representa la extrañarán amargamente cuando se haya ido.

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