Los huertos en las azoteas 'cosechan' calidad de vida para los refugiados

El proyecto de invernaderos son un espacio verde y un impulso para la economía de los palestinos en la Ribera Occidental
La 'reina' de la basura en Guatemala
Catriona Davies
Autor: Catriona Davies
(Reuters) -

Hajar Hamdan vive con su madre, hermana y los dos hijos de su hermana en el follaje de concreto que rodea el campo de refugiados de Deheishe, cerca de Belén, en la Ribera Occidental del Jordán.

Sin embargo, Hamdam cosecha suficientes vegetales en su azotea como para alimentar a su familia y compartir con sus vecinos.

La familia de Hamdam solo es una de 15 en Deheishe que tiene un invernadero en su techo como parte del proyecto que ahora se extiende a otros campos de refugiados palestinos.

El presupuesto es limitado sin otros miembros de la familia que puedan aportar al hogar, entonces Hamdam está agradecida por el dinero que ahorra en vegetales.

“Ahorramos bastante dinero y es genial para practicar y desarrollar habilidades de granjero”, dijo Hamdam. “Me hace feliz trabajar dentro de nuestro invernadero."

“Cosechamos tomates, pepinos, habas, berenjenas y calabazas. Mis vecinos muchas veces vienen a preguntar si tenemos algo que nos sobre, lo que nos hace muy populares."

“Y saben mucho mejor porque no tienen químicos”.

El proyecto de las huertas en la azotea fue lanzado en abril por Karama, una organización no lucrativa en Deheishe que trabaja con mujeres y niños.

Deheishe, establecido en 1949 con una superficie 0.3 kilómetros cuadrados, es hogar de 13,000 personas, de las cuales un tercio son desempleados, de acuerdo con el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para refugiados palestinos.

Luay Abdul Ghafar, el administrador del proyecto de invernadero dijo: “No tenemos espacios verdes y la situación económica no es muy buena. La mayoría de las personas provienen de familias con granjas pero que perdieron la oportunidad de seguir en contacto con la tierra. 

“La idea del proyecto es ayudar a la gente en su vida económica y al mismo tiempo renovar ese contacto con la tierra”.

Dijo que la primera temporada fue un éxito, la mayoría de las familias participaron en la cosecha de vegetales suficientes para su alimentación y dar los sobrantes a sus vecinos.

Ghafar dijo que los productos importados a la Ribera Occidental pasan por Israel y son vendidos a precios israelitas, lo que significa que la fruta y los vegetales son caros para la mayoría de los palestinos que tienen ingresos mucho más bajos.

Él calculó que la mayoría ahorran una cuarta parte de su presupuesto mensual al cosechar su propia fruta y verdura.

Los primeros invernaderos fueron pagados a través de una donación por parte de una mujer palestina americana. Otro más fue pagado por las Naciones Unidas, construido cerca del campo de refugiados Aida.

Ahora Karama negocia con organizaciones no gubernamentales la posibilidad de construir invernaderos más grandes en otras regiones.

“Pronto tendremos 65 invernaderos,. nos gustaría alcanzar a la mayor cantidad de familias posibles”, dijo Ghafar.

Al menos el 18% de los residentes de la Ribera Occidental viven por debajo de la línea de la pobreza, de acuerdo con CIA World Factbook.

Dijo que el proyecto es administrado por mujeres con el fin de apoyarlas a que alcancen un mejor nivel de vida para los suyos.

Las familias participantes fueron elegidas de acuerdo a sus necesidades, tomando en cuenta que la energía solar fuera suficiente en sus techos, tener disposición y que les guste la agricultura, dijo Ghafar.

“Pensamos crear una asociación colectiva para que la gente pueda vender los vegetales que les sobren a un precio barato y que otros se beneficien también", añadió.

Ghafar dijo que algunas personas eran escépticas en un principio porque algunos ya habían tratado de cosechar vegetales directamente en su azoteas, pero la tierra había destruido sus hogares.

“Nuestro reto fue convencerlos de que los invernaderos y la tierra no estaría directamente sobre sus techos”, dijo él.

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Hamdan dijo que ella era una de esas incrédulas, pero no tuvo más dudas una vez que notó la diferencia en su vida.

“Al principio no pensé que funcionaría”, dijo ella. “Pero una vez que lo hice me di cuenta que era una buena idea y animaría a los demás a tener un invernadero”.

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