La pesca excesiva y el descuido tienen a los océanos al borde del colapso

A pesar de que los océanos son el medio menos estudiado de la Tierra, la humanidad ha dejado sentir sus efectos sobre sus ecosistemas
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Autor: Tom Levitt | Otra fuente: 1

(CNN) — Según se extiende la presencia del hombre, los ambientes silvestres que quedan en nuestro planeta se repliegan. Sin embargo, si te sumerges unos cuantos metros bajo la superficie del océano, entrarás en un mundo en el que los humanos rara vez se aventuran.

De muchas formas, este es el mundo olvidado de la Tierra. Es una idea ridícula si consideramos que los océanos conforman el 90% del volumen viviente del planeta y albergan a más de un millón de especies, desde el animal más grande del planeta —la ballena azul— hasta uno de los más extraños, como el pez gota.

Su inaccesibilidad no ha evitado que los humanos afecten a los océanos y a sus habitantes; la sobrepesca, el cambio climático y la contaminación desestabilizan los ambientes marinos en todo el mundo.

Muchos científicos marinos creen que la sobrepesca es la mayor de estas amenazas. El Censo de Vida Marina, un estudio de la vida oceánica que se llevó a cabo a lo largo de una década y que se completó en 2010, estimó que el 90% de los peces grandes han desaparecido de los océanos del mundo, víctimas de la sobrepesca, principalmente.

Cada año, durante las décadas de 1930 y 1940, fueron capturados en el Mar del Norte decenas de miles de atunes aleta azul. Actualmente, han desaparecido de los mares de Europa del Norte. El lenguado ha tenido un destino similar y prácticamente desapareció del Atlántico Norte en el siglo XIX.

En algunos casos, el colapso se ha esparcido a sectores pesqueros completos. Las redes de arrastre que quedan en el mar de Irlanda, por ejemplo, no obtienen nada más que camarones y vieiras, de acuerdo con el biólogo marino, Callum Roberts, de la Universidad de York en Reino Unido.

"¿Acaso el ambiente marino que queremos o necesitamos es solo un montón de proteínas? No, necesitamos un mar con una variedad de especies, que sea más resistente a las condiciones que traerá consigo el cambio climático", dijo Roberts.

La situación es aún peor en el sureste asiático. En Indonesia, la gente está pescando peces jóvenes y extrayendo proteínas que pueden moler para abastecer a las granjas costeras de camarones. 

La pesca de arrastre lleva hacia el desastre

Una técnica de pesca en particular, la pesca de arrastre de fondo, es responsable de algunos de los peores daños innecesarios. Consiste en arrojar al mar una gran red con pesas, en algunos casos de hasta 60 metros de ancho, y arrastrarla con un remolcador.

Los ambientalistas lo comparan con un tractor, ya que las redes que se arrastran hasta por 20 kilómetros, atrapan tortugas, corales y todo lo que encuentren a su paso. Las capturas accidentales, los peces no deseados y otra fauna marina se arroja de nuevo al mar y puede representar hasta el 90% de la pesca total de la red.

Se calcula que durante el periodo que va de 1990 a 2008, murieron hasta un millón de tortugas marinas a causa de esta técnica, según un reporte que se publicó en 2010 en la revista Conservaton Letters; muchas especies están en la lista de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Con el apoyo de los científicos marinos, en varias ocasiones, los activistas han tratado  de persuadir a los países de acordar una prohibición internacional bajo los argumentos de que la naturaleza indiscriminada de la pesca de arrastre de fondo está provocando daños irreversibles a los arrecifes coralinos y a las especies de lento crecimiento que pueden tardar décadas en alcanzar la madurez, por lo que su población tarda más en recuperarse.

"Es como si alguien arara un prado de flores silvestres solo porque puede", dice Roberts. Otras personas lo comparan con la deforestación de los bosques lluviosos tropicales.

Los terribles efectos de la pesca de arrastre de fondo se ilustran mejor con la difícil situación de los peces pelágicos, como el pez reloj anaranjado, cuya población ha disminuido en más de un 90%, de acuerdo con los científicos marinos.

Los relojes anaranjados se encuentran cerca de los montes marinos ricos en minerales, que con frecuencia forman corales y sirven como centros de alimentación y desove para una gran variedad de especies marinas.

"A donde quiera que vayas e intentes pescar con una red de arrastre, destruirás todo el coral que viva allí; hay muchos ejemplos del daño que estas redes ocasionan", señala Ron O'Dor, científico sénior del Censo de Vida Marina.

"Si yo gobernara el mundo, las prohibiría porque son una forma muy destructiva de pescar. Los pescadores tienen otros métodos, como las líneas largas, que ocasionan menos daños. La perturbadora verdad es que los humanos tienen impacto no reconocido en todas partes del océano y hay muchas cosas que desaparecerán antes de que tengamos la oportunidad de conocerlas", dice O'Dor, quien también imparte clases de Biología Marina en la Universidad Dalhousie, en Halifax, Canadá.

La prueba de ácido para las especies marinas

Mientras la industria pesquera se ve diezmada, así como los ecosistemas marinos, como los corales, los océanos siguen cumpliendo funciones vitales y absorben hasta una tercera parte de las emisiones de dióxido de carbono que producen los humanos, además de que producen el 50% del oxígeno que respiramos.

Sin embargo, la absorción de las crecientes cantidades de dióxido de carbono (CO2) tiene un precio, ya que ha aumentado la acidez del agua.

"Para mí, las dos peores cosas que están ocurriendo en los océanos son el calentamiento global y la acidificación de los océanos", señala O'Dor. "Tendrán efectos terribles en los arrecifes coralinos. Los corales no pueden crecer y se disolverán a causa de la acidificación, principalmente".

Desde el inicio de la Revolución Industrial, en el siglo XVIII, el océano se ha acidificado en un 30% más y se predice que para finales de este siglo será un 150% más ácido, según un reporte de la UNESCO que se publicó el año pasado.

"En las costas de Noruega hay un arrecife coralino que se descubrió en 2007 y probablemente para el 2020 ya haya muerto", indica O'Dor. "El problema es que la acidificación es peor cerca de los polos porque la baja temperatura del agua provoca que se disuelva más ácido. Partiendo del polo y hacia el sur, esos arrecifes sufrirán ampliamente".

Los cálculos actuales indican que el 30% de los arrecifes coralinos estarán en peligro para el 2050, señala O'Dor, a causa de los efectos de la acidificación de los océanos y el calentamiento global.

La elevada acidez también afecta la capacidad de crecimiento, reproducción y respiración de los organismos marinos. El Censo de la Vida Marina reportó que el fitoplancton, las plantas microscópicas que producen la mayor parte del oxígeno en los océanos, ha decrecido a un ritmo del 1% al año desde 1900.

La población menguante de especies y plantas más pequeñas pero menos conocidas tiene un importante impacto en la cadena alimenticia marina. Por ejemplo, las aves marinas que solían anidar en Spitsbergen (una isla noruega cerca del Ártico) están desapareciendo porque las anteriormente abundantes fuentes de alimentos han cambiado.

Orden y leyes para proteger al océano

"Existe una gran falta de consciencia pública y política al respecto", señala Alex Rogers, profesor de Biología para la Conservación de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

"Estos problemas son demasiado grandes como para entenderlos en términos económicos. Podemos poner un precio a las pérdidas en el sector pesquero, pero ¿cómo podemos dar un valor económico a la producción de oxígeno o a la absorción de dióxido de carbono?", dice.

El problema es que la mayor parte del océano del mundo está fuera del control de las leyes internacionales. Cualquier intento por aplicar reglas trae consigo el problema de su observancia, dice Rogers, quien también es director científico del Programa Internacional para las Condiciones del Océano (IPSO).

Los ambientalistas marinos calculan que al menos el 35% de los océanos tienen que contemplar áreas marinas protegidas en las que se prohíba o limite la pesca y la explotación de minerales valiosos que se encuentran en el suelo marino.

Callum Roberts, quien ayudó a formar la primera red de áreas marinas protegidas en alta mar en 2010, dice que por sí solas no son suficientes.

"Podría resumirse de esta forma: tenemos que pescar menos y con técnicas menos destructivas, desperdiciar menos, contaminar menos y proteger más", afirmó Roberts.

"Este cambio de rumbo nos llevará a restaurar la abundancia, variedad y vitalidad de la vida marina, lo que dará a los océanos la flexibilidad necesaria para sortear las dificultades que se avecinan. Si no actuamos, nuestro futuro será sombrío".

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