Activistas alzan la voz contra el comercio 'inhumano' de perros en Asia

Un albergue, que tenía como fin solo recibir perros para vacunar y esterilizar, se ha convertido en el mejor hogar para estos animales
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Anna Coren
Autor: Anna Coren
NAKHON PHANOM, Tailandia (Reuters) -

Llegamos por la mañana al Centro de Cuarentena Animal en Nakhon Phanom, en el noreste de Tailandia, a unos cuantos kilómetros de las montañas que delimitan la frontera con Laos. El calor del verano arrecia y apenas son las nueve de la mañana.

Sin embargo, no es la humedad la que me afecta mientras desciendo del vehículo todo terreno, sino el abrumador olor a orina y heces de perro.

Este es un albergue improvisado que debía albergar a máximo 400 perros. Actualmente tiene a más de 1,700 animales dentro de grandes corrales de concreto. El personal trabaja las 24 horas.

Esta región es el epicentro del cruel e inhumano contrabando de perros. Se calcula que durante el proceso de comercialización son transportados cerca de 200,000 perros desde Tailandia hacia Laos, a través del río Mekong y luego hacia Vietnam, en donde su carne es considerada un manjar.

Algunas personas creen que tiene propiedades curativas y afrodisiacas: al parecer, los perros negros son los mejores para curar la disfunción eréctil. Sin embargo, no hay pruebas científicas que respalden esas afirmaciones.

Las autoridades tailandesas interceptaron hace más de un mes varios camiones que trataban de cruzar la frontera hacia Laos con los perros que se encuentran en este refugio. Los conductores fueron arrestados, pero no se condenó a nadie. Los conductores transportaban a miles de perros hacinados en pequeñas jaulas de acero —al menos doce perros por jaula— y los dejaron sin agua ni alimento durante el viaje de una semana.

Algunos perros murieron sofocados en el camino. Otros sufrieron fracturas de huesos y de cráneo durante el viaje. Todos enfermaron. Esos perros estaban destinados a venderse en restaurantes en Vietnam, en donde uno puede venderse en 60 dólares aproximadamente. Es un negocio lucrativo para los contrabandistas si se considera que un perro cuesta solo unos dólares en Tailandia.

John Dalley, fundador de la Fundación Soi Dog en Phuket, se mudó a Tailandia hace diez años con la misión de ayudar a la abrumadora población de perros callejeros del país. La organización de beneficencia, que vive de los donativos de los amantes de los animales de todas partes del mundo, implementó un programa de inmunización y la semana pasada esterilizaron al perro número 50,000. Ahora planean extender el programa a nivel nacional.

Dalley dice que la travesía hubiera sido peor para los perros de no haber interceptado al camión en el que los transportaban. "Cuando menos hubieran sido golpeados —tal vez hasta dejarlos inconscientes— y degollados frente al resto de los perros; todos entienden lo que pasa", dijo. "Es una muerte horrible y eso es lo que tratamos de impedir. Ya no importa que sea ilegal, sino la simple inhumanidad de este tráfico que persiste en el siglo XXI".

Aunque estos perros no terminaron en un plato en Vietnam, enfermaron y contagiaron al resto de los perros del albergue a causa del hacinamiento.

"Este lugar solo debería recibir a los perros, vacunarlos y enviarlos a otros albergues. Sin embargo, están llenos, si no es que saturados, y son animales que necesitan desesperadamente de un hogar amoroso", dijo.

La gente adopta a los pocos perros bonitos, esponjosos o con pedigrí, pero la mayoría —perros callejeros sarnosos— nunca abandonarán los pisos de concreto y las cercas de alambre del refugio.

Chusak Pongpanit, jefe de la Estación de Cuarentena Animal, también reconoce los retos que tiene ante sí. "Necesitamos mucho dinero porque tenemos que cuidar de estos perros durante largo tiempo hasta que encuentren un hogar… si es que lo encuentran".

A unos metros de los corrales que separan a los perros enfermos de los sanos, se encuentra un edificio que alberga a los que están gravemente enfermos. Su piel cuelga de sus esqueléticos cuerpos y están cubiertos de llagas. Otros tienen mucosidad fluyendo de su nariz, lo que con frecuencia es síntoma de neumonía, moquillo o parvovirus canino.

El mes pasado murieron 780 perros a causa de las enfermedades. Mientras observamos a los veterinarios que tratan de minimizar el sufrimiento y el dolor, un perro emite su último aliento y muere sobre un carrito de acero inoxidable.

Marisa Goudie es una de las veterinarias de Reino Unido que volaron a Tailandia y se ofrecieron como voluntarias para ayudar al personal local a controlar el brote.

La Fundación Soi Dog, que sustenta al albergue con alimentos, fármacos y vacunas, emitió un llamado de auxilio el mes pasado, al que respondieron el Servicio Veterinario Mundial, Animals Asia y la Sociedad Humanitaria Internacional, organizaciones de Estados Unidos, Gran Bretaña y las Filipinas.

"Estar aquí es desalentador. Estos perros quieren todavía confiar en los humanos luego de todo lo que les ha pasado", dijo Goudie mientras retiraba su estetoscopio de la huesuda caja torácica del perro muerto.

El equipo de veterinarios voluntarios occidentales se enfrenta al reto de las creencias budistas de los tailandeses, quienes no permiten que se sacrifique a los perros. "Tenemos las manos atadas por el tema de la religión y estamos en conflicto con eso, pero debemos respetarlos", explicó Goudie.

Hayley Walters es una enfermera veterinaria de Edimburgo, Escocia, quien llegó al albergue hace apenas unos días. El no poder sacrificar a un perro para que deje de sufrir va en contra de todas sus convicciones.

"Es desolador porque en el mundo occidental los ayudaríamos a morir. Pero aquí solo podemos aplicar paliativos… darles la mayor comodidad posible. Les damos analgésicos, a los que están muy flacos les conseguimos un pedazo de cartón para que duerman sobre él y les damos palabras de aliento. Pero eso es lo más triste: no podemos ayudarles a morir".

En cuanto a los que están relativamente sanos, ella es optimista y piensa que el rescate implica una nueva oportunidad.

"Lo que necesitan es un buen trato, buena alimentación y un hogar amoroso a dónde ir. Este no debe ser el lugar en el que termine un perro rescatado. Un refugio no debe ser su destino final. Es un gran problema. Si pudiéramos acabar con la raíz del problema, que es la venta de carne de perro, acabaríamos con todo esto".

Por ahora, el negocio multimillonario de la carne de perro sigue prosperando en algunas partes de Asia, una dura realidad para el animal al que cariñosamente se conoce como 'el mejor amigo del hombre'.

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