Un jardín urbano 'cultiva' la esperanza de acabar con la pobreza en Haití

Una comunidad al norte de Puerto Príncipe transformó un vertedero de basura en un área verde para sembrar y cosechar
Autor: Philippe Cousteau y Matthew Knight | Otra fuente: 1

(CNN) — Los habitantes de Cite Soleil, en Haití, viven entre canales de desagüe llenos de basura y todos los días libran una sombría batalla por sobrevivir.

El barrio se encuentra en los suburbios al norte de la capital, Puerto Príncipe, y es una de las zonas más pobres del país en la que faltan servicios de limpia y rige la violencia.

En cada casa viven en promedio nueve personas y cerca de la mitad de la población gana menos de 50 centavos de dólar al día. No sorprende que la esperanza de vida no supere los 50 años, según la organización no gubernamental (ONG) de servicios de salud, Haiti Clinic.

Sin embargo, un hombre espera desafiar esta estadística y sembrar las semillas de un futuro más sano para los 250,000 habitantes del distrito al transformar un vertedero en un dinámico jardín urbano.

"La gente que crece en Cite Soleil cree que no puede ocurrir nada bueno", dice Daniel Tillias, habitante de la zona.

"Sin embargo, algunos miembros de la comunidad y yo queríamos tener algo para volverlo verde y no hay nada mejor que un jardín".

Los resultados son extraordinarios. El jardín Tap Tap abarca casi media hectárea y es el mayor jardín urbano del país.

El área esta llena de plantas y de personas que las siembran y las cuidan; además, es muy popular entre los habitantes.

"Ahí cultivamos cerca de 20 vegetales diferentes", explica Tillias.

El jardín fue fundado en 2011 y cuenta con una abundante variedad de vegetales y hierbas: berenjenas, pimientos, acelgas, rábanos, papas, perejil, albahaca. La abundancia de vegetales verdes saludables rivaliza con cualquier granja comunitaria del mundo.

"La gente cree que no es posible tener un área verde en Haití: el suelo ya no tiene nutrientes y no tenemos agua. Pero puedes ver que hemos logrado algo realmente sorprendente", dice Tillias.

La producción sirve para la cocina comunitaria local, donde ofrecen comida vasta en nutrientes a la comunidad. Los sobrantes se venden en el mercado.

No solo llaman la atención las plantas, sino las macetas y contenedores reciclados.

Los neumáticos viejos, zapatos y balones de futbol son llenados con tierra para sembrar en ellos. También ha sido posible utilizar inodoros y maletas viejas. "Usamos todo lo que encontramos. La idea principal es que los niños estén conscientes de una situación que tal vez para los demás no es gran cosa, pero son objetos que podrían ir a parar al canal. Y nosotros decimos: '¡No! Ahí podemos sembrar perejil'", dice Tillias.

"Quiero que puedan comer y ganar dinero gracias a lo que produce el jardín, que sientan paz haciéndolo. Si logro que pasen esas tres cosas, sentiré que he cumplido mi sueño”.

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