Enric Sala, el 'encantador de peces' que busca salvar los océanos

El explorador y científico español emprendió la misión de proteger a los océanos de todo el mundo de la sobrepesca y la contaminación
Enric Sala, explorador de National Geographic
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Autor: Matt Majendie
(Reuters) -

Cuando Enric Sala mete sus pies en el agua, lo hace con la idea de que tal vez sea el primer hombre del planeta que lo hace.

Conforme desciende hacia las profundidades del océano, vestido de buzo, se vuelve una especie de encantador de peces, un flautista de Hamelín submarino. En breve, la vida marina acude en tropel hacia el español peinado con cola de caballo.

"El ver peces que los humanos nunca han visto es una experiencia asombrosa", dice. "Se acercan bastante a nosotros. Eso es impensable en los sitios en los que la gente pesca. Normalmente estamos acostumbrados a que se alejen de nosotros.

Lo que hacemos es difícil de lograr en casi cualquier parte del mundo. Vemos peces grandes y tiburones en casi todas las inmersiones. Este viaje más reciente ha sido una experiencia realmente especial. Es tan virgen y esperábamos ver arrecifes saludables, pero no tanto".

Sala, explorador asociado de National Geographic, es una novedad —al menos lo es para la fauna marina— gracias a su pasión por las aguas inmaculadas; su misión es ayudar a proteger los últimos lugares vírgenes del océano. La iniciativa Pristine Seas pretende repeler a las flotas pesqueras que han empezado a invadir estas aguas remotas.

Solo 2% de las aguas del mundo están protegidas y Sala sabe que tiene una tarea titánica ante sí y que requiere de un enorme apoyo de los gobiernos del mundo.

Avanza a paso lento pero seguro para garantizar un mejor futuro para las aguas del mundo. De las ocho zonas que ha visitado hasta ahora con el programa, cuatro ya están protegidas y otras dos están por recibir protección.

Recientemente fue de expedición a Nueva Caledonia, un archipiélago que se separó de Australia hace unos 60 u 85 millones de años y que yace 1,210 kilómetros al este; ahora es una dependencia francesa gracias a Napoleón III, quien ordenó a su armada que tomara posesión formal de los 18,500 kilómetros cuadrados de territorio.

A un día de viaje desde la punta más septentrional de Nueva Caledonia, el barco de investigación del Instituto Waitt ha flotado lentamente sobre las aguas durante las últimas tres semanas. El equipo de 12 personas, compuesto por científicos, camarógrafos y tripulantes, tiene a Sala como líder.

"Decidí ser parte del cambio"

Sala era académico y recuerda: "Estudiaba los efectos de los humanos en el océano. Era muy deprimente. Pensé que el salvar el océano era una batalla perdida pero entonces decidí que quería ser parte de la solución, así que iniciamos el proyecto Pristine Seas".

"Ahora siento que hay esperanza. Ahora voy a estos lugares y veo cómo solían ser, veo cómo podría ser el futuro en otras partes con la regeneración".

La pasión de Sala por todas las cosas submarinas es adictiva; habla con un entusiasmo infantil sobre su expedición actual.

Era un niño cuando quedó cautivado por la magia del mar, inspirado por el famoso buzo y explorador, Jacques Cousteau.

"Desde que tengo memoria mi sueño era ser buzo en su bote, pero nací demasiado tarde para eso. Pero ahora tengo la oportunidad de hacer algo parecido. Nos mostró mucho y en los últimos años nos mostró lo que estaba mal en lo que hacíamos. Trato de ir un paso más allá y encontrar soluciones".

Entonces, ¿cómo habría percibido su ídolo la labor que Sala y su equipo llevan a cabo ahora?

"Creo que habría estado orgulloso de lo que hacemos", dice Sala, quien creció en la costa mediterránea de España. "Si no hubiera muerto, creo que habría hecho algo como esto. Pero era tan solo un hombre asombroso al que tantas personas de todo el mundo conocían".

La misión actual de Sala busca no solo proteger ciertas aguas, sino regenerar aquellas amenazadas por la sobrepesca. El objetivo es garantizar que los peces y la fauna submarina de las áreas protegidas aumenten, que al abundar se traslade a otras aguas y así, a largo plazo, tenga un efecto secundario positivo en los pescadores.

Sin embargo, tanto él como su equipo aprenden sobre los corales y arrecifes saludables para, entre otras cosas, saber cómo ayudar a regenerar las variedades dañadas en otras aguas del mundo.

Pasan sus días buceando, filmando, fotografiando e investigando.

De hecho, Sala se siente más cómodo en el océano.

"Una vez que estás en el agua, todos los problemas de la superficie desaparecen", insiste. "Estás en un mundo en el que te concentras totalmente, pero también estás en paz. Es un mundo en el que no sientes la poderosa gravedad del planeta, sientes como si volaras.

Cambia por completo tu visión del mundo. Creo que probablemente influye que se liberan endorfinas, especialmente en esos lugares inmaculados.

Poder experimentar de primera mano la naturaleza, la naturaleza pura, es como retroceder en el tiempo. En esos viajes es como entrar en una máquina del tiempo y regresar. Es bastante espiritual".

Los tiburones se han vuelto sinónimo de miedo en el mar, en parte gracias a la cinta Tiburón, de Steven Spielberg y al ominoso crescendo musical de John Williams que acompaña a cada víctima desprevenida en un ataque de tiburón. Sin embargo, la experiencia de Sala con los depredadores submarinos es completamente opuesta.

"Cada momento es maravilloso, es como pasar toda una inmersión siguiendo a los peces payaso", dice. "Todos los animales son especiales, pero los más especiales son los tiburones. Son tan bellos y elegantes en el agua. Son perfectos en su medio y su forma no ha cambiado realmente en 300 millones de años.

También son excelentes para la salud de los arrecifes; la idea de que son peligrosos es errónea. Tienen mala reputación, pero en los cinco años que llevo haciendo esto —bucear con tiburones— no he tenido un solo problema. Nunca me he visto amenazado por los tiburones".

Su meta a largo plazo —y la de National Geographic— es proteger 20 mares en total. Entonces, ¿exactamente cómo proteges grandes extensiones de agua?

"Se ha facilitado mucho conforme los gobiernos con los que trabajamos aprueban leyes que limitan las zonas de pesca", explica. "Obviamente algunas de estas zonas se encuentran en regiones remotas, así que la mejor forma de hacerlo es vía satélite. Por ejemplo, en Nueva Caledonia, descubrimos que la Armada francesa interceptó un barco pesquero chino ilegal. Tener la presencia de la armada es también un gran disuasivo".

Su próxima misión será en Mozambique, en abril. Poco a poco, mar por mar, limpia las aguas del planeta y está decidido a seguir.

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