OPINIÓN: ¿Cómo los pescadores matan a los delfines en Japón?

El nuevo método para cazar estos animales, que fue defendido por las autoridades asiáticas, está lejos de ser algo 'humanitario'
Japoneses cazan delfines para cautiverio y consumo
Autor: Carl Safina | Otra fuente: 1

Nota del editor: Este artículo contiene descripciones explícitas sobre matanza de animales. Carl Safina es becario de las fundaciones MacArthur, Pew y Guggenheim; es profesor en la Universidad de Stony Brook y presidente fundador del Instituto Blue Ocean. Entre sus libros destacan Song for the Blue Ocean, The View From Lazy Point y A Sea in Flames. Es conductor de la serie Saving the Ocean que es transmitida de forma gratuita en PBS.org.

(CNN) — Los ensayos académicos suelen ser aburridos, pero acabo de leer uno que me perturbó. A Veterinary and Behavioral Analysis of Dolphin Killing Methods Currently Used in the 'Drive Hunt' in Taiji, Japan (Un análisis veterinario y conductual sobre los métodos para matar delfines que se usan actualmente en la cacería en Taiji, Japón) fue publicado el año pasado en la revista Journal of Applied Animal Welfare Science.

Como lo veremos más adelante, el "nuevo" método para matar delfines (que supuestamente es mejor con respecto al método antiguo) crea tal terror y dolor que sería ilegal matar vacas de esta forma según las leyes japonesas. Puedes encontrar el ensayo sin costo en internet, pero no es apto para quien se impresiona fácilmente.

Unos cuantos antecedentes: cada año, la gente mata a unos 22,000 delfines y marsopas en las aguas de Japón. En un pueblo llamado Taiji, cada año atrapan y matan a varios cientos de delfines nariz de botella, delfines rayados, delfines de Risso, marsopas de Dall y ballenas piloto. (En las Islas Faroe, en el Ártico, también es llevada a cabo una matanza anual de ballenas piloto con el fin de comerlas, hecho que causa un efecto secundario en los consumidores por las altas dosis de mercurio).

La audaz cinta ganadora del Oscar, The Cove, hizo famoso a Taiji. La temporada de caza continua hasta marzo, de acuerdo con los activistas.

Caroline Kennedy, la nueva embajadora de Estados Unidos en Japón, está entre quienes critican la cacería. Tuiteó: "Estoy profundamente preocupada por la falta de humanidad en esta cacería de delfines".

Las autoridades japonesas defendieron la cacería al decir que es legal y una tradición.

Por alguna razón —probablemente relaciones públicas—, las autoridades anunciaron en 2010 un "nuevo método de matanza".

Hasta hace poco, los cazadores lanceaban y apuñalaban a los delfines luego de llevarlos hacia la costa.

Se supone que el nuevo método reduce el tiempo que tardan en morir. Pero eso es falso. En teoría consiste en destruir la médula espinal por medio de la inserción repetida de una varilla metálica. Incluso, según esta forma, no intenta dañar el cerebro, lo que al menos terminaría con la consciencia.

En la práctica, los cazadores chapotean en el agua ensangrentada y blanden sus cuchillos sobre los delfines apaleados, gimientes y totalmente conscientes de que quedaron atrapados en las aguas bajas, además de ser ejecutados en medio de sus amigos y familiares. Mientras tanto, los humanos tienen dificultades para alcanzar la espina dorsal.

Varios veterinarios y científicos conductuales que vieron un video grabado en secreto escribieron: "Este método de matanza no sería tolerado ni permitido en ningún proceso de matanza autorizado en el mundo desarrollado".

Eso incluye a Japón, irónicamente.

Las directrices japonesas relativas a la matanza de ganado exigen que la creatura pierda la consciencia y sea asesinada por medio de métodos "probados para minimizar, en lo posible, cualquier agonía para el animal".

En estas instrucciones definen "agonía" como dolor, sufrimiento, miedo, ansiedad o depresión. Sin embargo, estas no son aplicadas a la matanza de ballenas y delfines que están bajo la supervisión de la Agencia de Pesca de Japón y que trata a los delfines y a las ballenas como mera comida con espiráculos.

La descripción publicada promueve este "nuevo" método al decir que "tiene como resultado un menor tiempo de recolección y está pensada en mejorar la seguridad de los trabajadores". (Los habitantes de las Islas Faroe usan una forma similar).

Luego de que los buzos japoneses acorralan a los delfines en las aguas bajas, los atan en grupos por la cola, los anclan a botes pequeños y los arrastran hacia el sitio en donde los matarán. Mientras son jalados, los delfines luchan por sacar su cabeza para respirar y algunos se ahogan.

El asesino debería destruir la médula espinal del delfín al introducir una varilla de metal en la columna vertebral por detrás de su cabeza. Sin embargo, la médula está inserta en los huesos de la columna. Los veterinarios y científicos conductuales que vieron el video señalaron que un primer golpe no penetra la columna vertebral.

Relataron que "el animal se movió vigorosamente durante la inserción de la varilla". El hombre "redirigió la varilla y la insertó repetidamente dentro del animal". Para entonces, "la varilla hizo el primer contacto con las vértebras cervicales (del cuello). Es claro que en este punto se requiere una fuerza considerable para introducir más la varilla en los tejidos".

El cazador finalmente sacó la varilla e insertó un tapón de madera en la herida para evitar el sangrado. Esta es parte del nuevo método. ¿Por qué querrías evitar que sangre un animal al que tratas de matar? Porque —y citaré una descripción japonesa para que no crean que lo estoy inventando— esto "evita la contaminación del mar con sangre".

Las reglas para los mataderos de ganado exigen "un desangramiento rápido". Pero cuando se trata de matar a un delfín, los trabajadores hacen una enorme herida espinal y luego la tapan para evitar el sangrado que al menos aceleraría la pérdida de consciencia para el delfín, cuyo cerebro perceptivo sigue indemne.

A partir de este punto y para acortar una historia larga y horriblemente indignante por el bien de nuestra comodidad, el delfín del video y que ha sido beneficiado con el nuevo método mejorado de matanza pasa los siguientes tres minutos y medio sacudiéndose, agitando rápidamente su cabeza, abriendo y cerrando el hocico.

Los hombres que están a su alrededor lo ignoran; están ocupados haciendo lo mismo con otros delfines. Todo el proceso toma muchas horas, a veces días.

Con ciertas reservas, los veterinarios y expertos escribieron: "el trato que reciben los delfines en esta clase de cacería contradice profundamente los estándares de bienestar animal que son empleados en las sociedades modernas más avanzadas tecnológicamente. El maltrato sistemático de los delfines y las ballenas, que está permitido y regulado en un país tan desarrollado como Japón, contrasta notablemente con la legislación (para ganado) que existe en la Unión Europea, Estados Unidos e incluso Japón".

Señalaron que Japón implementó en 2006 una prohibición no oficial a las investigaciones invasivas con chimpancés.

Concluyeron al decir que "no hay razón lógica para aceptar un método de matanza que claramente no sea ejecutado de acuerdo con los principios fundamentales de utilización comercial, cuidado y trato de los animales que han adoptado en todo el mundo".

Los asesinos de delfines tienen sus razones.

Dicen que es un "control de plagas" y afirman —en su defensa— que los delfines comen demasiados peces; lo hacen para vender la carne, para vender los delfines jóvenes a los parques marinos y a los programas de nado con delfines en Japón y otros países. En una palabra, por la razón usual: dinero. No por tradición.

La mayoría de las personas en Japón no son beneficiadas y nadie pasará hambre sin la carne de delfines y ballenas. De hecho, la mayoría de la gente no la consume.

Sin embargo, oficialmente, Japón reacciona duramente a esta clase de ataques contra sus tradiciones y cultura. Ataques que se dan simplemente al tratar de filmar o describir lo que pasa en realidad y al pedirles amablemente que lo detengan.

En el caso de un país tan profundamente occidentalizado como Japón, con su beisbol, jazz, tabaco, subterráneos, negocios mundiales y empresas automotrices, es extraño que se opongan a las críticas a su "cultura".

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Sustentar públicamente una proporción aparentemente grande de la identidad cultural de su país en la matanza de delfines y ballenas mientras se occidentalizan en casi todas las demás formas me parece raro y principalmente cruel. Dejen que termine para siempre.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Carl Safina.

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