Miguel Hidalgo: las 3 caras del Padre de la Patria

Por:
Sandra Molina Arceo

El iniciador de la Independencia tuvo valor suficiente para encabezar el movimiento, pero no todo era bondad en este sacerdote: solapó la violencia y se perdió en su propio ímpetu.

Sabio y seductor de almas

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Miguel Hidalgo
Miguel Hidalgo  Miguel Hidalgo  (Foto: Agencias)

Miguel Hidalgo y Costilla (1752-1811) contaba con una inteligencia superior a sus contemporáneos.

Hablaba francés, italiano, tarasco, otomí y náhuatl.

Estudioso de letras, artes, ciencia, economía, política y teología.

Era apodado “El Zorro” por su inteligencia para argumentar y resolver disputas.

Como párroco, fue solidario y caritativo con los indígenas, estableció talleres para desarrollar en ellos diversos oficios y llegó a pagar sus deudas.

Erudito, carismático y encantador, se ganaba el cariño y la admiración de quienes lo rodeaban.

Movido por sus ideales de libertad, abandonó el púlpito para invitar al pueblo a luchar por la Independencia.

Gracias al valor y el arrojo con el que encabezó la lucha los mexicanos lo ubican 200 años después como “el padre de la Patria”.

Para él, todo valía: saqueos, excesos... y asesinatos

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Miguel Hidalgo
Miguel Hidalgo  Miguel Hidalgo  (Foto: Agencias)

La manera improvisada en que dio inicio el movimiento de Independencia provocó que Miguel Hidalgo aceptara en sus filas a todo aquel que quisiera hacerlo... incluyendo criminales.

Toleró el saqueo, la rapiña y el asesinato argumentando que el rigor volvería odiosa la causa para los rebeldes y que la posibilidad de saqueo y de venganza era para ellos un aliciente.

Hidalgo, sigilosamente y sin formarles proceso alguno, ordenó el asesinato de más de 300 prisioneros españoles, quienes eran degollados por José Marroquín, ex convicto liberado y mozo a su servicio.

Poseído por el frenesí

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Sin Pie de Foto
Hidalgo  Sin Pie de Foto  (Foto: Especial)

El carisma y la obstinación del cura Hidalgo causaron graves disgustos entre los principales jefes insurgentes.

Mientras se autoproclamaba “Alteza Serenísima” en Guadalajara, le negó ayuda a Ignacio Allende para recuperar Guanajuato, quien reclamó su egoísmo y lo acusó de traidor.

Sus desavenencias llegaron a tal grado que Allende tuvo claras intenciones de envenenarlo.

La soberbia desatada por el vértigo de las alturas le costó el disgusto de los demás jefes insurgentes y, tras el fracaso en la batalla de Puente Calderón, fue despojado del mando.

Hidalgo murió el 30 de julio de 1811, 10 meses después de iniciar el movimiento de Independencia, fusilado y decapitado por las fuerzas realistas, que defendían a la monarquía española.

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