Ciudad más austral del mundo creció 30%

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Los turistas extranjeros se aventuran fuera de los cruceros de lujo para probar suculentas piezas de centolla. Cerca, niños andrajosos observan desde unos asentamientos ilegales.

Atraídos por los glaciares azules y los pingüinos, además de los baratos precios en dólares, los visitantes atracan en Ushuaia, promocionada como la ciudad más austral del planeta.

Pero el boom del turismo y la construcción ha provocado una caótica oleada de trabajadores migratorios que incrementaron la población en un 30% en los últimos seis años, hasta llegar a casi 60,000 habitantes.

Espacio limitado, mucha burocracia y una pobre planificación forzaron a algunos de los nuevos habitantes a ocupar tierras estatales en cabañas improvisadas, en las que pasan los crudos inviernos tiritando por el frío.

Parte de esas construcciones invadieron los bosques de la ciudad y encendieron luces rojas para el medio ambiente.

"El turismo ha dado muchas fuentes de trabajo, pero también nos ha traído problemas como la vivienda. Son problemas del progreso", dijo Rubén Domínguez, un conductor de autos de alquiler de 38 años oriundo del centro del país.

Ushuaia está rodeada por una bahía prístina y por las cumbres nevadas de los Andes del sur de la Patagonia, a unos 3,000 kilómetros de Buenos Aires.

A lo lejos está el Canal de Beagle, famoso por las exploraciones sudamericanas de Charles Darwin.

El crecimiento de la ciudad está limitado geográficamente. Arboles de lenga, también conocidos como roble de Tierra del Fuego, provincia de la que Ushuaia es la capital, actúan como un moderador climático en la base de las montañas y múltiples turberas rodean la ciudad.

La lentitud del gobierno para otorgar los títulos de las tierras colabora para que florezcan barriadas enmarañadas, que se desarrollan sin ninguna planificación oficial.

El imán que atrae a los trabajadores es ahora el turismo.

Las cadenas Sheraton y Hilton  planean construir hoteles en Ushuaia y hay proyectos para un centro de compras y un complejo deportivo, mientras se edifican casas para las cerca de 3.500 familias que están en la lista de espera oficial.

Alrededor de 350 cruceros anuales unen las costas de Ushuaia con la Antártida, muy por encima de los 15 viajes que se contaban diez años atrás.

Y el turismo representa un cuarto de los ingresos brutos de la ciudad, de acuerdo con datos de la cámara del turismo local.

Los salarios son altos en términos relativos, y muchos residentes han alentado a vecinos en sus comunidades nativas para que se les unan.

"Cada mes de marzo, cuando la gente vuelve de vacaciones, tenemos un ingreso importante de nuevos habitantes en la provincia que tenemos que darle contención. Realmente es muy trabajoso, no se termina de estabilizar", dijo Hugo Cóccaro, gobernador de Tierra del Fuego.

Crecimiento patas arriba

Los dolores del crecimiento que padece Ushuaia podrían dañar al medio ambiente, que es lo que atrae a los turistas, la mayoría de ellos europeos.

Grandes asentamientos brotan por la ciudad. En una comunidad conocida como "Escondido", las personas viven en cabañas aisladas del frío con plásticos, sobre áreas boscosas que fueron clareadas por ellos.

"El bosque, en una comunidad como la nuestra, que está en la ladera de una montaña, cumple una función muy importante de contener las lluvias, de contener aludes", dijo Héctor Stefani, secretario de la municipalidad de Ushuaia.

"Pero (a la vez), Ushuaia es una ciudad que se hizo a través de oleadas migratorias; entonces tiene que ser sí o sí inclusiva con esa gente", agregó.

Un problema es que las tierras disponibles son escasas. Pero otro que no es menor es que los propietarios de casas que antes alquilaron cuartos para trabajadores, ahora sólo atienden turistas, por lo que faltan camas y el precio es alto.

Históricamente, el gobierno ha tendido líneas de energía, agua y cloacas hacia áreas que ya habían sido colonizadas.

En un asentamiento conocido como La Bolsita, cerca de 60 familias, incluyendo 140 niños, demandan los servicios básicos y los títulos de propiedad de las tierras que ocuparon.

"(Los funcionarios) no quieren que Ushuaia crezca y se les va de las manos porque Ushuaia sigue creciendo", dijo Fabricio Osuna, de 34 años, presidente de "La Bolsita".

Este crecimiento caótico es tan feo como potencialmente dañino, dijo Stefani, antes de agregar que el gobierno debe decidir cuáles son las áreas que vale la pena proteger.

"La magia del turismo, si no es sustenable, si no es planificado, puede llegar a convertirse en una política que nos puede llevar a la decadencia de la preservación de nuestro recurso natural", señaló Miguel Ramírez, presidente de la Cámara de Turismo de Ushuaia.

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