Científicos detectan que los genes ‘memorizan’ el miedo

El miedo es un sentimiento natural y universal que se puede controlar. De entre todos, el temor a morir es el más ancestral
ojos de miedo
SXC- mello  ojos de miedo
Yolanda Ruiz
Autor: Yolanda Ruiz | Otra fuente: Quo
(QUO) -

Aunque es una emoción fuerte, sentir miedo es algo natural, positivo e inherente al ser humano.

Su función primigenia es alertarnos del peligro y las amenazas para asegurar la supervivencia, evolucionar y poder enfrentar distintos retos vitales.

La memoria de las situaciones de riesgo actúa como un antídoto de prevención en contextos similares.

Incluso se manifiesta físicamente: se acelera el pulso, se dilatan las pupilas y se suda frío. Esta artillería fisiológica prepara al individuo para la huida o la lucha, pero cuando el miedo no se puede controlar, asoma entonces el miedo patológico o enfermizo.

La mayoría de los estudiosos establece dos tipos de miedo: los endógenos o innatos, y los exógenos o adquiridos.

Los primeros se heredan por especie, están inscritos en nuestros genes y se relacionan con el miedo a la oscuridad, a los fenómenos naturales, a la supervivencia y a la muerte, que es el miedo más congénito y ancestral.

Los segundos provienen del mundo exterior, como hablar en público o viajar en avión.

También incluyen las fobias más irracionales, como la agorafobia, la claustrofobia o la zoofobia. Estos miedos son temporales y pueden cambiar según la etapa de desarrollo de la persona.

Precisamente, los miedos exógenos más intensos son las fobias. Sarah Cross, psicoanalista miembro de la Sociedad Psicoanalítica de México, las define como el mecanismo de poner un miedo específico interno en un objeto que de inicio es neutro, y por tanto hacemos un desplazamiento.

Las más graves son la acrofobia o miedo a las alturas, la claustrofobia o pavor a los lugares cerrados, y la agorafobia, horror a los espacios abiertos.

La central del miedo

Pero, ¿qué sucede en el cerebro cuando no podemos controlar el miedo? Dos investigadores galardonados con el Premio Max Planck 2007 de Investigación tienen parte de la respuesta.

Hans-Christian Pape, director del Instituto de Fisiología de Universidad Wilhelm de Münster (Alemania) y el irlandés Raymond Dolan, profesor de neuropsiquiatría del University College de Londres, analizan la diferencia entre el miedo congénito y el adquirido.

Los investigadores pudieron observar que el miedo se genera en la amígdala cerebral, que cuando se activa produce la sensación miedosa. Las conclusiones son que el procesamiento del miedo es muy similar en todos los mamíferos.

El gen del terror

Algunos van más allá e intentan detectar el gen del miedo. Un ejemplo es la labor de la Universidad de Bonn (Alemania), que ha descubierto por qué algunas personas que viven una experiencia traumática guardan sólo un mal recuerdo y otras sufren de estrés postraumático.

La respuesta está en un gen llamado COMT, que regula un neurotransmisor vinculado con la ansiedad. Los investigadores han descubierto que existen dos versiones diferentes: Met 158 y Val 158. Quienes poseen dos copias de la versión Met 158 sufren mayores dosis de ansiedad al ver imágenes desagradables. Por el contrario, quienes poseen dos copias de la otra versión, Val 158, son capaces de controlar sus emociones.

Todos tenemos miedo

En definitiva, el miedo nos acompaña siempre, como dice Sarah Cross Lee, de la Sociedad Psicoanalítica de México. "Logramos manejarlo y entenderlo, pero nos acompaña siempre", concluye.

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