Estudios que son buenas noticias para ratones, pero no tanto para humanos

Los estudios científicos que buscan terapias para enfermedades con frecuencia suenan prometedores, pero sólo se han experimentado en ratones
raton laboratorio
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Elizabeth Landau
Autor: Elizabeth Landau
(Reuters) -

¡Una vacuna potencial contra el cáncer! ¡Un posible tratamiento para la ansiedad! Los estudios científicos que buscan terapias potenciales para enfermedades físicas y mentales con frecuencia suenan emocionantes… por lo menos hasta que uno lee con mayor atención y se da cuenta que están hechos con ratones.

La utilidad en humanos de los estudios con roedores varía ampliamente, y algunas enfermedades son modeladas con más precisión en estos animales que en otros, dicen los expertos.

La incertidumbre sobre la aplicación en humanos es usualmente una importante advertencia en los estudios con roedores, incluso en las revistas más respetadas.

Uno de estos estudios, muy comentado de Nature Neurosciencie, sugiere que una hormona cerebral es un “control remoto” para el colesterol.

Los hallazgos apoyan investigaciones previas en las que el sistema nervioso central controla los procesos que el cuerpo usa para energía, pero debe investigarse más a fondo antes de ser trasladado a los humanos, aseguran los autores.

Otro es un estudio publicado en Nature Medicine señala que hay vacuna efectiva en la prevención del cáncer de mama en seis ratones genéticamente diseñados para desarrollar la enfermedad.

Generalmente, estudios pequeños como el del cáncer muestran estar acordes con el adagio "buenas noticias si uno es un ratón", dice Lois Parker, farmaceuta senior del Hospital General de Massachusetts. Es muy pronto para esbozar interpretaciones significativas a partir de la información disponible.

“Si es sólo en roedores y sólo en un pequeño número de roedores, personalmente encuentro difícil entusiasmarme por eso”, lamenta Parker. “Eso puede ser desafortunado, porque tal vez algunas de esas investigaciones valen la pena el entusiasmo. Pero hay un gran espacio de tiempo entre el laboratorio y la práctica clínica”, argumenta.

Los ratones y ratas son comúnmente usados porque pueden ser criados con facilidad, y son convenientes por su pequeño tamaño, dice el doctor Raymond Dingledine, presidente del departamento de farmacología de la Universidad de Emory. Los científicos también tienen un conocimiento extenso de su psicología, así que pueden ser comparados con lo que se sabe de las personas.

Pero en la mayoría de estudios con ratones y ratas, los animales son altamente endogámicos, y por lo tanto representan una franja mucho más estrecha de la genética que la que se observa en las personas, dice Dingledine. Los humanos tienen mucho más variabilidad en su composición bioquímica que los ratones engendrados por endogamia, afirma.

La Administración de Alimentos y Drogas de Estados Unidos exige comúnmente que las drogas sean probadas en modelos animales antes de hacer las pruebas con humanos. De 250 compuestos examinados para seguridad en laboratorios o con modelos animales, sólo uno es aprobado, de acuerdo por la asociación Investigadores y Productores Farmacéuticos de Estados Unidos. Eso es a partir  de 5,000 a 10,000 compuestos considerados para pruebas en el primer lugar. El proceso entero de desarrollo toma de 10 a 15 años para los que consiguen la aprobación.

He aquí las buenas noticias: hay condiciones específicas que los roedores modelan bien. La efectividad en los humanos de anticonvulsivos ha sido predicha en ratones y ratas modelos, dice Dingledine. La epilepsia resulta ser fácilmente modelada en esos animales.

Pero cuando se trata del sistema inmune, los roedores y humanos son tan diferentes que los estudios que buscan tratamientos para ciertas enfermedades en ratones o ratas no han sido aplicados con éxito en personas, dice.

De acuerdo al Departamento de Agricultura de Estados Unidos, cada vez más, la investigación se está enfocando en primates no humanos para investigación preclínica o terapias de inmunidad para una variedad de condiciones. Este tipo de estudios busca entender las respuestas del cuerpo a virus, bacterias y otros invasores.

En términos de cáncer, es difícil trasladar modelos animales a aplicaciones humanas porque un tumor humano tarda varios años en desarrollarse, y los estudios en roedores con frecuencia sólo inyectan tumores humanos en la rata o el ratón, dice el Dr. Gabriel Lopez-Beresteien, profesor de medicina y biología cancerígena del Centro Médico del Cáncer Anderson de la Universidad de Texas.

En general, los modelos animales dan algunas pistas sobre cómo usar drogas para el cáncer en humanos, dice. “Pero de ninguna manera podemos emocionarnos con eso; debemos ser precavidos sobre cómo interpretar la información” y en aplicar estudios de cáncer de roedores en humanos, añade.

Los investigadores de drogas para el cáncer generalmente prefieren probar tratamientos potenciales en dos especies animales, como ratas y perros o ratones y monos, y examinar cómo la droga se comporta en los fluidos del cuerpo, antes de proceder en humanos, dice Lopez-Bernestein.

“Hay muchas mutaciones genéticas que pueden resultar en cáncer, y uno puede desarrollar un compuesto o una droga que funcione de maravilla contra una mutación genética, pero si ese paciente humano no tiene esa mutación, será ineficaz”, asegura Dingledine.

La toxicidad es también un asunto para la investigación del cáncer, ya que potenciales efectos secundarios perjudiciales en humanos no aparecen siempre en roedores, afirma Dingledine.

Podemos pensar que nuestro cerebro es un órgano únicamente humano en su complejidad y capacidad de pensamiento complejo, pero gran parte de lo que somos puede ser aprendida a partir de roedores modelos, dicen investigadores.

Los humanos y roedores comparten circuitos cerebrales que son evolutivamente ancestrales, dice Dr. Gregory Quirk, del departamento de psiquiatría de la Escuela Médica de la Universidad de Puerto Rico. Las amígdalas involucradas en la respuesta “vuelo o pelea”, y la corteza prefrontal, asociada a la toma de decisiones, son estructuras cerebrales humanas que pueden ser investigadas en ratas y ratones.

La investigación de Quirk encontró que al inyectar una proteína llamada el factor neurotófico derivado del cerebro en la corteza prefrontal de una rata, disminuye una respuesta de miedo, lo que puede ser útil para el tratamiento de trastornos de ansiedad como el trastorno por estrés postraumático. Pueden pasar muchos años antes que eso pueda ser trasladado a humanos, pero Quirk tiene esperanza de que los investigadores puedan identificar drogas existentes que puedan ser usadas de esa manera.

Otros grupos de investigación también están haciendo progreso en el tratamiento de ansiedad basados en estudios con ratones y ratas. Un antibiótico llamado D-Cicloserina fue primero observado en roedores para disminuir el miedo y fue pasado a pruebas clínicas humanas con relativa rapidez, dice.

“Puede ser frustrante para el público oír sobre el enésimo estudio con roedores”, dice. “Pero creo que el miedo y la ansiedad es una de las áreas en donde el objetivo está cerca”.

La investigación con roedores también ayuda a los científicos formar una hipótesis inicial basados en los patrones observados en la actividad cerebral en roedores antes de examinar humanos. Por supuesto, los encefalogramas pueden revelar actividad en estructuras asociadas con pensamiento complejo que las ratas no tienen, agrega.

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