Inyectarnos un gen en el cerebro podría 'blindarnos' contra el estrés

Por:
Pampa García Morales

El profesor de la Universidad de Stanford Robert Sapolsky desarrolla un antídoto para evitar los daños que causa la tensión emocional

Una investigación polémica

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estres
estres  estres  (Foto: )

Un profesor de la Universidad de Stanford cree haber descubierto un antídoto contra los daños causados por el estrés.

Se trata del científico estadounidense Robert Sapolsky, quien ya lo ha probado en ratas... y dice que funciona.

Sapolsky es un científico mediático y popular. Su libro ¿Por qué las cebras no tienen úlcera? es un best seller desde su publicación en 1994.

Su último artículo data de septiembre de 2009 y nadie reparó en él hasta el verano del 2010, luego de que Jonah Lehrer, escritor especializado en ciencia, publicó el reportaje "Bajo presión: la búsqueda de una vacuna del estrés", en el número de agosto de la revista estadounidense Wired.

El artículo explica las investigaciones del científico para desarrollar un fármaco que nos haga inmunes a los efectos devastadores que la tensión emocional provoca en nuestra salud.

Pero su hallazgo resultó polémico.

Otros medios y luego las redes sociales retomaron el tema y comenzaron a discutir la búsqueda de brain eating vaccine (vacuna comecerebreos).

Se inició así una psicosis que temía que el hallazgo serviría para que los gobiernos anularan las emociones de los ciudadanos y crearan ejércitos de zombis.

La terapia génica

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raton de laboratorio
raton  raton de laboratorio  (Foto: Getty Images)

Sapolsky confiesa su malestar por lo que juzga como una malinterpretación de su trabajo.

“El escritor de Wired interpretó una metáfora de manera demasiado literal”, asegura.

El hallazgo del científico no guarda relación con ninguna herramienta de control social, sino con la investigación experimental de un problema que azota la salud de millones de personas en todo el mundo: el estrés.

La batalla que emprendió en 2003 ha dado sus primeros resultados en ratones de laboratorio.

El truco consiste en inyectar genes que, desde dentro del cerebro, nos protejan contra los estragos de la tensión emocional; así ha creado la llamada “vacuna contra el estrés”, aunque a él le incomoda este término.

“Ni hay vacuna, ni existe intención de desarrollarla”, explica Sapolsky.

“Lo que hacemos es terapia génica, porque introducimos en el cuerpo (en este caso, el cerebro) un nuevo gen creado mediante ingeniería. Con las vacunas, se inocula una versión segura de un virus para que nuestro sistema inmunitario desarrolle anticuerpos. Ahí está la diferencia”, detalla el investigador.

Un ataque contra la hormona del estrés

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El ?sexto sentido? de las mujeres es más fuerte ya que ellas utilizan los dos hemisferios del cerebro para procesar la información.
cerebro  El ?sexto sentido? de las mujeres es más fuerte ya que ellas utilizan los dos hemisferios del cerebro para procesar la información.  (Foto: )

La fórmula de Sapolsky ataca directamente a las hormonas segregadas por culpa del estrés: los glucocorticoides.

El efecto de estas sustancias sobre el sistema nervioso central pone el cuerpo en alerta y provoca un rápido aumento de glucosa en la sangre, que constituye un suplemento de energía necesario para reaccionar ante el peligro; por ejemplo, para que nos echemos a correr cuando nos persiguen.

“Si te va a cazar un león, no gastas recursos en tu intestino delgado o en tus ovarios; ya ovularás en otro momento. Necesitas toda tu energía para largarte de ahí”, comenta.

Después de que la amenaza desaparece, las hormonas deben volver a sus niveles normales, y eso es lo que suele suceder.

Pero en casos de tensión emocional crónica, se acumulan en el torrente sanguíneo y desbaratan el equilibrio de su víctima, porque inhiben funciones biológicas que son secundarias para la supervivencia inmediata, entre ellas la respuesta inmunitaria.

El cuerpo, con el tiempo, deja flancos abiertos en tres frentes cruciales: el sistema inmunitario, el nervioso y el endocrino. Y no sólo eso, el cerebro también sufre.

Estrés 'inmunizado'

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laboratorio  laboratorio  (Foto: Getty Images)

Ya que el estrés se aprovecha de las neuronas, Robert Sapolsky se ha propuesto "blindarlas".

Para conseguirlo, el investigador se ha servido del virus del herpes simple, el vehículo favorito de los ingenieros genéticos.

Primero extrajo los genes peligrosos del virus y los sustituyó por otros capaces de neutralizar los estragos de los glucocorticoides. Inyectó en roedores los virus modificados, y listo: las neuronas infectadas por ellos quedaron inmunizadas al estrés.

Cuando sometió a sus ratas a un golpe brusco o a un sonido desagradable, rápidamente sus cerebros se prepararon para la acción ordenando la producción de glucocorticoides.

Hasta ahí todo funcionó como siempre, pero más adelante el virus mandó un ejército de sustancias neuroprotectoras, como factores de crecimiento y antioxidantes, que frenaron la destrucción de las células cerebrales.

Afortunadamente, no siempre los efectos son tan devastadores como para necesitar de tratamientos tan radicales.

No todo estrés es malo

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correr-corredor  corredor  (Foto: Cortesía SXC)

“El estrés puede ser la sal de la vida o el beso de la muerte”, reza la frase del psicólogo sueco Lennart Levi, un maestro en este campo.

Hay que distinguir entre el estrés positivo y el negativo. El primero nos ayuda a activarnos, por ejemplo, al hacer deporte o emprender un reto profesional.

El negativo o crónico es una condición de alerta continua, y consiste en una reacción física del cuerpo hacia una demanda o a una intrusión amenazante, de acuerdo con la doctora María Elena Sánchez Azuara, del departamento de Psicología Social de la Universidad Autónoma Metropolitana.

El problema no se queda en el malestar psíquico; cuando el estrés se hace crónico, trasciende las fronteras de la mente y se convierte en el catalizador de una colección de enfermedades.

Por eso, psicólogos y neurocientíficos abordan el problema desde distintos ángulos para descifrar sus claves.

Una opción a futuro

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ira  conductor iracundo  (Foto: Getty Images)

Si algún día la investigación de Robert Sapolsky llegara a aplicarse en humanos, podríamos evitar los daños causados por el estrés, pero faltan muchos años para comenzar con los ensayos clínicos en personas y esto tomará su tiempo.

La realidad es que millones de personas viven una cotidianidad generadora de frustraciones y tratan de manejar su estrés como pueden con psicoterapia y fármacos.

En México, los psicólogos coinciden en que entre los factores generadores de estrés está la inseguridad, la violencia intrafamiliar, los problemas laborales y económicos y las relaciones interpersonales.

"El impacto de las situaciones estresantes sobre el individuo depende de su propia historia y de los recursos subjetivos con los que cuenta para enfrentar dichas situaciones, por lo que no se puede hablar de antídotos.

“Lo importante es favorecer los recursos de afrontamiento para poder enfrentar las situaciones generadoras de estrés. Se pueden realizar sesiones grupales para identificarlas, compartirlas y realizar actividades que permitan recuperar la espontaneidad”, señala Sánchez Azuara.

Sacúdete la tensión

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meditación
meditación  meditación  (Foto: SXC)

Destierra la ansiedad de tu vida cotidiana con los consejos de los expertos:

  1. Usa redes sociales. La gente con pocos amigos tiende a vivir menos años.
  2. No te desveles. Si no duermes tu sistema nervioso permanece "encendido".
  3. Rodéate de flores. El ambiente afecta al estado emocional. Procura la armonía.
  4. No te irrites. Sé pacífico y evita la ira.
  5. Medita cada día. Meditar un poco todos los días reduce los niveles de ansiedad.
  6. Vive el hoy. Anticipar el futuro nos puede hacernos caer en la angustia.
  7. Una copita al día. El alcohol actúa como un ansiolítico siempre que no supere el 0.1% de nivel en tu sangre.
  8. Poco ejercicio. El ejercicio libera tensiones, pero sólo funciona si se hace por placer.
  9. No automedicarse. Las pastillas sólo calman la angustia momentánea, sin atacarla de raíz.