Las películas de Hollywood inspiran a pacientes a combatir enfermedades

Diversas películas de Hollywood enseñan a las personas a combatir sus enfermedades y les muestran cómo exigir la atención médica más eficaz
oscar tardamueo
kings speech bonham carter queen sit over king colin firth  oscar tardamueo  (Foto: )
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Por: Elizabeth Cohen
Autor: Elizabeth Cohen | Otra fuente: CNN
(CNN) -

En la historia ganadora al Oscar como mejor película, El discurso del rey, hay una escena clave donde Elizabeth, la futura reina, frustrada por los fracasos de los médicos que intentan tratar el tartamudeo de su esposo, se aventura a las calles de Londres y entra al consultorio del controversial terapeuta de discurso, Lionel Logue.

Muy desacostumbrada al mundo exterior, la entonces futura reina Elizabeth ni siquiera sabe cómo utilizar adecuadamente el elevador del edificio.

Mientras Elizabeth, personificada por la actriz Bonham Carter, sale del elevador, las cámaras capturan lo que podría ser uno de los mayores logros del empoderamiento de un paciente: una esposa reta con valentía los cánones médicos y las reglas de la corte para darle a su esposo el mejor cuidado médico.

Es un punto que llamó la atención de Dave deBronkart, co-presidente de la Sociedad para la Medicina Participativa, cuando vio la película.

“La futura reina tuvo el buen sentido común de confiar en sus instintos y no limitarse a los tratamientos en los que ella no confiaba, y que la experiencia le mostraba que no estaban funcionando”, dijo deBronkart.

(Nota del editor: la esposa del rey Jorge VI, protagonizada por Bonham Carter, era en realidad la Reina Isabel. Ella fue coronada junto con su esposo el 12 de mayo de 1937 en Westminster Abbey, y aunque no podía sucederlo, su título era Reina Isabel. Cuando su esposo murió y su hija se volvió la actual reina de Inglaterra, Isabel II, su título cambió a Reina Madre. Murió el 30 de marzo de 2002, a los 101 años de edad).

“Elizabeth era sin duda una paciente con poder”, dice deBronkart

“Va a un vecindario al que nadie esperaría que fuera para dar a su familia el cuidado que necesitaba. Ella confió en sus instintos. Estoy muy orgulloso de ella”, dijo. “Ella no tenía capacitación médica pero marcó la diferencia en la salud de su esposo. Y algo genial es que lo hizo sin internet”.

El discurso del rey es una de muchas películas con un tema de un paciente con poder. En la película de 1997, Mejor imposible, el personaje de Helen Hunt califica a su institución de cuidado a la salud como "una mierda” que no ha hecho nada por ayudar a su hijo asmático.

Ella lleva un diario de los síntomas de su hijo, citas médicas y tratamientos aplicados, el cual es muy útil cuando conoce a un médico que lo puede ayudar.

En la película Un milagro para Lorenzo, de 1992, los médicos dicen a Augusto y Michaela Odone que no hay esperanzas para su hijo Lorenzo, quien tiene una extraña enfermedad. Los Odone no lo aceptan y crean su propio tratamiento, que salva a su hijo.

Estos mensajes de empoderamiento del paciente han tenido impacto en el público. “He recibido miles de cartas de gente que se sintió inspirada por la película”, dice Augusto Odone. “Cada uno tiene su propia enfermedad, pero la idea común fue que la película los inspiró a estar activos, ser proactivos y a saber más sobre su propia enfermedad”.

El escritor de El discurso del rey, David Seidler, espera que su película tenga el mismo efecto en el público.

Al igual que el rey Jorge VI, Seidler era tartamudo, y al igual que el rey, la mayoría de los tratamientos no le funcionaban.

Hace seis años, el escritor de 73 años de edad se enteró de que tenía cáncer en la vejiga, y optó por un tratamiento alternativo con suplementos inmuno-impulsores y cirugía para retirar el cáncer, en vez de someterse a quimioterapia y extirparse toda la vejiga. Ha estado libre de cáncer durante más de cinco años.

CNN habló con Seidler sobre las canicas en la boca, sobre encontrar al médico adecuado y por qué Isabel estaba un paso adelante de su época.

CNN: En la película, la Reina Isabel fue en verdad una paciente con poder.

Seidler: Era una maravillosa defensora de su esposo, y como paciente, necesitas ser un defensor, o tener a alguien que te defienda.

CNN: La defensa del paciente es un concepto relativamente nuevo. Isabel estaba muy adelantada a su época.

Seidler: Sí. Las cosas eran muy arcaicas en los 20. El médico era Dios y tú escuchabas a tu médico sin cuestionarlo.

CNN: ¿Qué fue lo que la convenció de buscar ayuda con Lionel Logue?

Seidler: Ella pensó que la tartamudez de Bertie iba a impedir que fuera rey y que se quedarían solos. Pero de pronto se dio cuenta de que no se iban a salir con la suya, que él debería ser llamado para hablar, y seguramente le rompió el corazón ver su lucha.

Hay una grabación de algunos de sus discursos, en los que tartamudea, y cuando Colin Firth (protagonista de El discurso del rey) los escuchó, lloró, y también el director, Tom Hooper. Isabel tenía una voluntad de acero. Estaba determinada a lograr que su esposo no fuera humillado por su tartamudeo.

CNN: Los tratamientos para el tartamudeo que recibe Jorge al principio de la película, ¿también los recibiste?

Seidler: Hice muchas cosas en Inglaterra después de la guerra, pero no sirvieron. Recuerdo que me decían que me relajara, y decirle a un niño tartamudo que está afligido porque no puede hablar que se relaje no es algo constructivo.

Al igual que Jorge, me coloqué canicas en la boca no en la década de 1920, sino a finales de los años 40, cuando era niño. Al igual que Jorge, estaba motivado, casi por orden de mi médico, a comenzar a fumar desde muy joven. Yo fumaba desde los 12 años, y a los 14 ya era un fumador. Me dijeron que lo hiciera porque eso relajaría mi garganta y me daría mucha confianza social.

Al igual que Jorge, pagué el precio. Jorge murió a los 65 años de una condición en el pulmón. Cinco o seis años después, a mí me diagnosticaron cáncer de vejiga, que está relacionado directamente con el tabaco.

Lo único que hicieron que sí fue de ayuda, y se usa hoy y usé en la película, es leer con audífonos y con música para que no puedas escucharte, y así no tartamudeas. Es un truco conocido, pero la primera prueba es que la tartamudez no es inherente, no es una parte permanente de ti, y tu cuerpo es capaz de hablar de forma fluida si no te escuchas a ti mismo.

En las últimas etapas, cuando iba a mis terapias de discurso en la preparatoria en Estados Unidos, los terapeutas estaban mejor capacitados, y había una mujer muy agradable que me ayudó mucho. Este concepto de amistad fue lo que hizo a Logue brillante. Cuando lees sobre él, sabes que fue carismático y lleno de confianza, no sólo en él sino en ti (en sus pacientes).

Él decía cosas como “yo no puedo arreglar tu tartamudeo, pero tú sí, y sé que vas a hacer el trabajo y serás exitoso”. Cuando Bertie dio su discurso final, Logue le dijo: “dímelo como a un amigo”, y esa es la clave. Esa fue la clave de la técnica del hombre.

CNN: ¿Las técnicas que usó Logue en Jorge fueron reales, o se basaron en las técnicas usadas en ti como niño?

Seidler: Es una combinación. Muchas de las técnicas que aparecen en la pantalla fueron usadas por Logue (el terapeuta del rey), como su uso de torceduras en la lengua. A él le encantaban y las usaba mucho. Hacer que Bertie se pasara frente a una ventana e hiciera sonidos de vocales por mucho tiempo… Logue sin duda lo hizo.

Tener a alguien, normalmente a Isabel, sentada sobre él para fortalecer el diafragma, esa fue una técnica física que él usó. No tengo pruebas absolutas de que Logue usara el truco de los audífonos y la música, pero eso es algo que se usaba en ese entonces y era muy efectivo.

Además viene la parte más interesante: la cura del habla. Pude probar que él la usó. Tengo un tío anciano y excéntrico en Inglaterra, quien también se llama David, y también tartamudea. Yo estuve en su departamento durante el periodo de preproducción y se familiarizó con el proyecto. Un día antes de la producción me dijo: “¿el tipo de la película es australiano?”. “Sí, tío, ya lo sabes, lo leíste en el guión”. Me preguntó si su nombre es Logue, y le respondí que sí. Me contó que fue con él por años, pues su padre quería que fuera con el terapeuta de discurso del rey. Le reclamé por qué no me lo había contado antes, y le pregunté qué había pasado en su consultorio. Él me respondió que no me lo dijo porque “todo era basura. Él era un gánster australiano y todo lo que quería hacer era contarme de sus padres australianos y de su infancia, y quería que yo le contara de mi infancia”. 

CNN: ¿Fuiste un paciente empoderado cuando tuviste cáncer?

Seidler: Sí. Siento que fue terriblemente importante tener a un ser humano en el que pudiera confiar, un ser humano que escuchara mi punto de vista.

Cuando se retira la vejiga, en cierto punto hay incontinencia y se pierden las funciones sexuales. Para mí, esa calidad de vida por la cantidad no era aceptable. Lo que me gustaba de mi médico, y por lo que tanto le agradecí, fue por haberme escuchado.

Él escuchó mis preocupaciones y mi filosofía de vida. Eso es maravilloso, y realmente lo aprecio. Lo considero un amigo. Su nombre es Dino DeConcini, y es mi amigo.

CNN: ¿Qué quieres que la gente aprenda de esta película para ser un paciente empoderado inteligente?

Seidler: Que no eres una víctima de la profesión médica o de tu enfermedad. Que no estás atrapado en ella. Sentir fortaleza, sentir que tienes el control de tu propio destino. Lo que no me gusta de algunos aspectos de la medicina moderna es la forma en la que son tratados algunos pacientes, porque te vuelves parte de un sistema. Pierdes tu identidad, tu personalidad.

Te vuelves un número de Seguridad Social, y te atienden a través de un programa. Creo que es muy importante saber que tienes una relación abierta, de confianza y honesta con tu médico, y creo, hoy y a mi edad, que es algo muy difícil, porque te ve dos minutos y luego espera recibir al siguiente.

Yo amaba a los médicos de cabecera que iban a tu casa, que ya quedaron en el pasado. Ellos te tocaban el estómago y te hacían pruebas después de hablar contigo 20 minutos para darse una idea de cómo te sentías. Es una cosa terriblemente maravillosa que te hacía sentir mejor de inmediato.

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