Del 'bullying' al delito hay una fina línea

Por: José Luis Pardo Veiras

Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el 40% de los estudiantes sufre de maltrato por sus pares, incluyendo golpizas y violaciones

El sufrimiento de las víctimas

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Sin Pie de Foto
bullying  Sin Pie de Foto  (Foto: José Luis Castillo)

Cuando Ricardo era un niño que estudiaba la primaria, sus méritos educativos le valían alabanzas por parte de sus padres y de los profesores, pero no de sus compañeros.

El niño, quien siempre había sido retraído, callado y solitario, se fue aislando cada vez más. La escuela se volvió una carga, porque además de ser el nerd tenía un apellido que causaba risa entre los demás niños de nueve años.

Al llegar a la adolescencia nunca experimentó un cambio de voz; siguió con su voz de “silbato", por lo que decidió dejar de hablar.

A mediados del último año de preparatoria, Ricardo tuvo su peor día. En uno de los descansos entre clase y clase, cerca de 20 compañeros lo rodearon y lo golpearon. Él regresó a clase como si nada hubiera pasado, pero cuando uno de los jóvenes decidió darle un golpe en la cabeza, él explotó y comenzó a gritar que lo dejaran en paz.

Al terminar el día, el resto de los alumnos dejó el salón de clases mientras que Ricardo salió del mismo en camilla, para después pasar la noche sedado en un sanatorio mental. Sus compañeros nunca supieron lo que pasó con él.

Lo que le sucedió a Ricardo es sólo un ejemplo de los casos de bullying (acoso escolar o maltrato entre pares) que existen en México. De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el 40% de los alumnos de primarias y secundarias públicas y privadas padecen en algún grado este tipo de maltrato.

La Procuraduría General de la República, en un reporte de mayo de 2011 indica que uno de cada seis jóvenes que sufren de este tipo de acoso en México corre el riesgo de suicidarse.

El acoso, un problema poco estudiado

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bullying  bullying  (Foto: )

La doctora Maritza García, coordinadora del Laboratorio de Neurociencias en la Universidad Intercontinental, coordinó el primer estudio amplio en México sobre el tema, en conjunto con la Secretaría de Educación del DF.

El trabajo, para el que encuestaron a 3,500 alumnos de primaria y secundaria, aproximadamente, dibuja un panorama en el que la violencia está normalizada.

La especialista considera que los niños se enfrentan a la violencia desde que comienzan a socializar entre los cuatro o cinco años de edad y el acoso es un problema que no respeta condiciones sociales, edades o sexo. El estudio sobre el maltrato entre menores aún no es suficientemente profundo en México y se carece de datos fiables sobre el problema.

La Secretaría de Salud dio en 2006 las únicas estadísticas oficiales sobre el problema en la Ciudad de México, afirmando que seis de cada 10 jóvenes habían sido víctimas de agresión verbal, uno de cada dos de agresiones físicas, 33% habían sufrido tratos humillantes y 24% acoso sexual.

Según el informe contra la violencia infantil de la ONU de 2007, 65% de los estudiantes de primaria y secundaria sufre bullying en México.

La onda expansiva llegó a México tras un caso en España, cuando Jokin, un adolescente de 14 años, se arrojó al vacío cerca de su casa en 2004.

La doctora considera que el problema no sólo ocurre en las escuelas, sino también se ocasiona en casa.

Por otro lado, los educadores admiten que no están capacitado para resolver episodios de violencia.

“Un día uno de los jóvenes le dio una cachetada a un educador. Nos faltan herramientas. Los educadores vemos la violencia pero no sabemos actuar frente a ella, me incluyo, no sé. Y es algo frustrante”, explica Alonso Zenón, psicoterapeuta del Proyecto Roberto Alonso Espinosa, organización que trabaja con niños de poblaciones urbanas marginales.

Unidad especial contra el 'bullying'

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bullying  bullying  (Foto: José Luis Castillo)

El caso de Óscar, de 13 años, fue uno de los primeros en hacerse públicos en México.

Sus abuelos relataron al periódico mexicano Excélsior cómo el joven sufría de incontinencia urinaria por un problema físico, que se volvió motivo de burla por parte de sus compañeros en la secundaria.

Un profesor se percató de esto y le permitió ausentarse 15 días para poder tomar terapia. Un día antes de volver, decidió envenenarse con líquido para limpiar cañerías. Hoy pasa sus días en una habitación del hospital, donde está conectado a una sonda, ya que no podrá probar alimentos durante al menos un año.

Esto llevó a sus abuelos a declarar en las oficinas de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), donde se lleva a cabo una investigación para deslindar responsabilidades.

El caso de Óscar será el primero en ser revisado por la Unidad especial contra el bullying, creada a raíz del convenio que firmaron el 15 de febrero del 2011 la PGJDF y la Secretaría de Educación del Distrito Federal.

En el documento se concilió la creación de un cuerpo de prevención, formado por un agente del Ministerio Público, dos oficiales secretarios, seis efectivos de la Policía de Investigación, un abogado victimal, un trabajador social, médico, psicólogos de ambos sexos, y especialistas en la prevención de problemas psicosociales y de salud en jóvenes.

"Estamos trabajando a través de talleres para evitar esta violencia. Hay eventos que son constitutivos de violencia per se y eso no lo vamos a resolver en un taller", explica Mario Delgado, secretario de Educación Pública del DF en entrevista con la revista Chilango en su edición de mayo de 2011.

"Lo que queremos es que cuando ocurran estos delitos no lleguen a una fiscalía normal, donde el daño que se le pueda hacer al niño es todavía más grave", comenta.

¿Hasta dónde llega el 'cyberbulling'?

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bullying  bullying  (Foto: José Luis Castillo)

En 2006, Peter K. Smith acuñó el término cyberbullying o acoso cibernético para el uso de tecnologías utilizadas como herramientas para el acoso.

“No tiene lugar en un espacio físico y un tiempo determinados, sino que se amplía al uso de redes sociales y tecnologías de difusión masiva como celulares e internet", escribieron en la revista especializada AZ, Vanessa Maya Alvarado y Daniel Tapia Quintana.

"Aunado a esto, existe un factor de anonimato que puede considerarse como incentivo para ejercer un mayor nivel de acoso y violencia”, agregan.

Los mensajes vía celular amenazantes, los videos de peleas o las grabaciones humillantes componen el corpus de este nuevo tipo de acoso. La proliferación ha llegado al punto que se han creado espacios en la red de hostigamiento entre estudiantes.

En una universidad privada del Distrito Federal, seis adolescentes, cuatro chicas y dos chicos, empezaron a amenazar a una compañera diciéndole que le iban a propinar una “golpiza”.

Ella no lo creyó hasta que fue llevada a una sala de la institución y cuatro chicas comenzaron a golpearla mientras otro compañero cuidaba que no llegara ninguna autoridad y otro joven grababa lo que pasaba. Al terminar, los jóvenes enviaron el video a la madre de la víctima.

La jovencita pasó tres días en el hospital y la universidad no asumió ninguna responsabilidad, los agresores quedaron impunes.

 Recientemente, el video de una joven siendo violada por sus compañeros de escuela también fue enviado a otros compañeros de la misma institución.