El amor verdadero y otros mitos revelan carencias personales sin resolver

Una relación madura y adulta se logra disfrutando los sentimientos y con un cerebro que sepa encajarlos en sus otras facetas
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| Otra fuente: CNNMéxico

Si pudiéramos borrar algunas canciones de nuestra cabeza, Diana Vegh propondría eliminar las que afirman que sólo hay un verdadero amor: nuestra media naranja, la persona sin la cual estaríamos perdidos. Como terapeuta en Nueva York, sostiene que no es un frase cursi y ya, sino que es dañina y alimenta el mito de la escasez.

“En el mito de la escasez, que afirma que sólo hay una persona para ti, competimos por el hombre rico y guapo”. Nuestra relación se basa en el miedo, nos obsesionamos y nos aferramos en lugar de crear un ambiente en el que dos personas puedan desenvolverse, dijo De Vegh en una entrevista publicada por el sitio Oprah.com.

De Vegh ha pasado 15 años como testigo del daño que estas ideas pueden hacer, durante sus sesiones de terapia a mujeres. Alguna vez, la hoy terapeuta fue una de ellas. De joven tuvo un amorío con el entonces presidente John F. Kennedy, considerado un príncipe de cuento de hadas. Sus experiencias, y las de otras mujeres, agudizaron su percepción del romance de fantasía.

“El amor es un hueso ideológico que le arrojan a las mujeres”, dijo. Las mujeres crecen con las promesas falsas de un romance mágico, en el que alguien especial nos bañará de atención, nos dará nuestra identidad y nos leerá la mente o intuirá nuestras necesidades.

La búsqueda de otros padres

“Leer la mente es útil entre una madre y un hijo, pero no es una relación sexual entre adultos”. Cuando quieres a alguien que predice tu pensamiento, estás buscando un padre idealizado, una combinación de mamá y papá. “Yo busqué por años a un hombre que fuera encantador y me hiciera sentir especial, como la niña de papá”, afirmó.

Esta búsqueda de atención va en alza. “Veo a mujeres que dicen que buscan una relación romántica, pero creo que están buscando a un papá. Todos queremos sentirnos especiales y queridos, llenos del amor de un padre proveedor. Al mismo tiempo queremos la fortaleza de un papá y la dulzura de una madre”, y cuando el romance termina, terminamos sintiéndonos como niños abandonados y perdidos.

“Nos enamoramos naturalmente de un hombre guapo y casado: nuestro padre”, dijo. “Él nos saca al mundo. Pero si somos seguras, crecemos y deseamos algo más interesante que un amor de padre a hijo: queremos una relación adulta”. Pero la precondición para esto, dice, es una buena relación con nosotras mismas. Cuando nos vemos como indefensas, cuando tu valor depende de la forma en la que alguien más te trata, el amor se corrompe, en opinión de Vegh.

“Dejar que un hombre determine quién eres es el apoyo negativo que convierte nuestro deseo en vulnerabilidad, cambia nuestro cuerpo del placer al engaño, y transforma la soledad en abandono. Si no te gusta tu compañía, eres una víctima de cualquiera”.

No existe tal cosa como una escasez de amor

De Vegh sugiere crearnos vidas abundantes, y habla de la teoría de la ensalada: “Así como una ensalada necesita lechuga, jitomates, pepino… nuestra vida necesita trabajo, amigos, arte y comunidad”. Cuando pregunta a los pacientes qué pueden obtener sólo de su pareja ellos responden: interés, atención, que las consideran especiales, que hacen cosas con ellas. “Pueden hacer cosas con muchísima gente, pero creen que esa persona es la única con quien pueden hacerlo”.

El amor “podemos encontrarlo en el trabajo, con nuestros amigos y familia, en una clase de baile. Podemos amar lo que el mundo nos ofrece, nuestra propia vitalidad. Y puede haber amor pasional entre un hombre y una mujer, si abres tu corazón y eres tú misma, tengas siete, 30 o 60 años. Y tu pareja te puede decir 'aquí estoy, te entiendo, puedo actuar como un malcriado, pero puedo ser un hombre hecho y derecho'".

Pero la relación debe ser una sociedad emocional entre dos personas que trabajen para volverse individuos más llenos y satisfechos. “En ocasiones, lo que llamamos química es una mezcla de familiaridad y ansiedad, y puede ser un pretexto para no tener que pensar”, dice.

“Los sentimientos son geniales, pero también tenemos un cerebro que decide qué hacer con esos sentimientos (…) No deberíamos esperar a que la química nos maraville. No debemos esperar a que alguien satisfaga nuestras necesidades; los adultos satisfacen sus propias necesidades”.

Al ver a tantas mujeres devastadas por el final de un amorío, y que “se sienten fracasadas, como si hubieran dejado pasar la oportunidad de su vida”, de Vegh insiste en que no debemos etiquetarnos como perdedoras en el amor, sino aprender, levantarnos y superarlo. “En la iglesia a la que iba siempre decían que la fe entra por una herida. Creo que esta sabiduría proviene de nuestras heridas y que nuestras heridas deben convertirse en nuestras bendiciones”, dice.

“Si resulta que tú y tu pareja tienen una visión distinta de la realidad, es bueno saberlo; puedes honrar esto, y encontrar a alguien que comparta tu visión. Si te estás perdiendo a ti misma en una relación y él tiene el poder, es importante tomar acciones de autorrespeto, irte y aprender de la experiencia”.

“Quizás tengas que lamentarte por esa pérdida, y habrá momentos en los que te sientas muerta e histérica, y quieras seguir siendo niña”, pero lo mejor que puede ocurrir después de una ruptura es que declares que no quieres tener un papá, como lo hubieras querido de niña, explicó.

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