El peso de tener un nombre 'feo' y cómo superarlo

El nombre es una marca de nacimiento, y no siempre nos gusta. ¿Qué hacer ante la poca delicadeza que tuvieron los padres?
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| Otra fuente: CNNMéxico

Por cariño, razones históricas, moda o ignorancia, a veces los padres ponen a sus hijos un nombre que los expone a las burlas. Pero quien sufra por ser Anivdelarev, México, Benitojuarez o Miguelidalgo, debe encontrarle el lado bueno a su originalidad, según los psicólogos.

En 2009 inició una campaña del Registro Civil mexicano para evitar que los padres asignaran un nombre "peyorativo, discriminatorio, infamante, denigrante, carente de significado, o que constituya un signo, símbolo o siglas" o que expusieran a los niños a ser objeto de burlas. Desde entonces, los jueces pueden sugerir a los padres escoger otro nombre. 

Tener un nombre feo implica que éste no tenga armonía por sí solo, su fonética o en combinación con los apellidos; que se preste al doble sentido; si es fácil descomponer su escritura para formar palabras hirientes; que esté mal escrito (como un nombre anglosajón, castellanizado o con faltas de ortografía); que sea el nombre de algún personaje famoso, o simplemente, que no nos guste, de acuerdo al Código Civil y a especialistas. 

A diferencia de los apodos, que surgen al exagerar algún defecto, habilidad, o circunstancia y crear un chiste en torno a ello, el nombre es intrínseco de las personas, se lleva toda la vida y no se escoge.

Si bien los motes tampoco se eligen —son impuestos— "en muchos casos son aceptados, ya que eso te hace ser parte (de un grupo)", dice Patricia González Borbolla, directora de la carrera de Psicología Organizacional del Tecnológico de Monterrey.

"El nombre marca desde un inicio la identidad de una persona, desde que los padres conciben al hijo y piensan en ciertas características que lo marcan, a veces, desde antes de nacer", afirma Jesús Gudiño, psicólogo del Instituto Nacional de Psiquiatría.

A lo largo del crecimiento, los niños construyen su identidad a partir de un nombre, que lo individualiza dentro de su núcleo familiar y después en los entornos donde se desarrolla. Cuando llegan a la escuela, pueden ser víctimas de bullying por parte de sus compañeros, quienes se encargan de remarcar las características de su nombre, explica Gudiño. 

En las primeras etapas del desarrollo, cuando la personalidad se está conformando, detalla González, tener un nombre ridículo o feo puede provocar que el niño se sienta diferente y agredido.

Para la académica, los niños son más vulnerables a ser objeto de burlas en la escuela porque en edades tempranas sus compañeros tienden a ser más sinceros y menos cuidadosos respecto a los sentimientos de los otros.

Cómo portarlo con orgullo

Antes de iniciar el proceso civil para el cambio, algunas personas deciden hacerse llamar de otra forma. Sin embargo, González considera que esta es una decisión poco plausible: "Lo importante es la aceptación de uno mismo, con todo lo que eso implica".

No obstante, reconoce Gudiño, es una vía de escape y una forma de satisfacer una necesidad.

Ante un nombre feo, las personas deben "desarrollar una autoestima sana y, en todo caso, aprender también a reírse de sí mismos, no mostrar enojo ante las burlas ya que, entre más enojo o molestia se presente, los demás insistirán en burlarse", dice la psicóloga del Tec.

"El nombre es una manera de ser identificado. Pero, 'mi esencia' no es el nombre o mi físico, sino quién soy, qué siento, qué sueño, de qué soy capaz y, sobre todo, hay que aceptarnos con nuestras fortalezas y debilidades, claro que con la posibilidad de mejorar aquellos aspectos de mi forma de ser que no me agradan y puedo mejorar", sugiere González.

Otra recomendación para sobrellevar el peso de tener un nombre feo es conocer su historia. A veces, explica Gudiño, los nombres pertenecen a alguien o algo que los padres aprecian mucho, como un familiar. Una personas con un nombre extraño puede sentirse orgullosa de portar el nombre del abuelo, por ejemplo: "Te hace sentir diferente, en buen sentido".

La elección de un nombre con historia sucedió en Ibrahimya, en Egipto, donde una familia nombró a su hija Facebook, debido a que la red social influenció en la organización de la revolución que llevaría a la caída del gobierno del dictador Hosni Mubarak.

Aunque hay quienes llevan un nombre sin que sus padres conozcan su origen, algunos tienen una raíz que justifica su elección. Cuando esto no suceda, ¿por qué no tomarlo con gracia y aprender a reírnos de nosotros mismos para crearle un propio sentido?

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