10 alimentos que reducen el riesgo de padecer cáncer

Por: Érika Uribe

Médicos y científicos hablan sobre los beneficios de algunos productos como las nueces, el té verde o las bayas

Los alimentos para reducir el riesgo

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dieta alimentos
dieta alimentos  dieta alimentos  (Foto: Cortesía SXC)

Los compuestos de diez alimentos —frutas, carnes o verduras— han demostrado su capacidad para reducir los riesgos de padecer ciertos tipos de cáncer como el mamario, prostático o estomacal, según diversas instituciones médicas y científicas.

Su consumo permite al cuerpo aprovechar la capacidad protectora de una dieta equilibrada, sin embargo, no son suficientes para dejar de seguir el tratamiento médico que un experto sugiera.

A continuación una guía sobre los alimentos que ayudan en la batalla contra el cáncer.

Aguacate

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aguacate
aguacate  aguacate  (Foto: Cortesía SXC)

Esta fruta es un poderoso antioxidante que posiblemente puede mitigar los factores de riesgo de cáncer de próstata, según el médico David Heber, director del Centro de Nutrición Humana de la Universidad de California (UCLA).

El médico, quien tras estudiar a un grupo de hombres con cáncer de próstata de una comunidad rural china, descubrió que la luteína del aguacate disminuye hasta en un 25% el crecimiento de células malignas en ese tipo de cáncer, y si se combina con el licopeno de los tomates, el efecto aumenta a 32%.

La luteína se encuentra en vegetales verdes como el apio, la espinaca y el perejil, pero la mayor concentración de este antioxidante se encuentra en el aguacate.

Ajo

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ajo
ajo  ajo  (Foto: Cortesía SXC)

Aunque el ajo ha sido utilizado como antiséptico y bactericida, diversos estudios sugieren que reduce el riesgo de desarrollar cáncer de estómago, colon, esófago, páncreas y mama.

Tiene un alto contenido de azufre, arginina, oligosacáridos, flavonoides y selenio que, en conjunto, reducen la proliferación de las células malignas y mejoran la reparación del ADN.

El Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos, no recomienda los suplementos de ajo, pero reconoce su potencial para prevenir el cáncer.

Se desconoce la dosis exacta de ajo que se debe ingerir para cada tipo de cáncer y persona, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja a los adultos tomar una dosis diaria de 2 a 5 gr de ajo fresco (una porción es similar al tamaño de un clavo de olor).

Brócoli

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brocoli
brocoli  (Foto: )

Su fama como alimento contra el cáncer se debe a un componente químico llamado sulforafano, que se presume puede reducir de manera selectiva las células cancerosas. A decir de científicos de la Universidad de Oregon, esa sustancia parece inhibir la actividad de ciertas enzimas involucradas en el desarrollo del cáncer.

Para comprobarlo, la médico Emily Ho, líder de la investigación publicada en la revista Molecular Nutrition and Food Research Journal, suministró una dieta rica en sulforafano a ratones con tumores de próstata. Descubrió que el compuesto impedía el desarrollo de nuevas células cancerosas, sin dañar las células sanas.

Fresas, frambuesas y bayas

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alimentos-arandanos  (Foto: )

El profesor Gary Stoner, de la Ohio State University, en Columbus, probó el efecto de frambuesas, arándanos, fresas, bayas de noni y bayas açai, en la evolución del cáncer de esófago en ratas. 

Los animales fueron inoculados con una sustancia cancerígena y segmentados en dos grupos: uno llevó una dieta convencional y el otro recibió un 5% de bayas deshidratadas.

Casi todas las ratas que recibieron una dieta normal desarrollaron tumores, que afectaron solamente a dos tercios de los roedores alimentados con bayas. Además, las ratas que comieron bayas tuvieron menos concentraciones de interleucina-5 y 8, proteínas implicadas en el cáncer de esófago.

Los investigadores lo atribuyen al elevado contenido de carotenoides y vitamina C de las bayas, así como al de fibras como la celulosa, la lignina y la pectina, que han demostrado propiedades contra el cáncer.

Jitomate

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alimentos-jitomate  (Foto: )

El color rojo del jitomate se debe al licopeno, una sustancia con gran potencial antioxidante que además puede reducir el riesgo de desarrollar cáncer de próstata, ovario, estómago y páncreas. Ese compuesto regula el ciclo celular impidiendo la proliferación de células malignas.

Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Harvard, indica que el consumo de licopeno reduce en 45% las posibilidades de desarrollar cáncer de próstata. La investigación se realizó en una población base de 48,000 hombres, que consumieron al menos diez raciones semanales de jitomate.

Para cáncer de mama no hay resultados contundentes, ni para carcinoma de ovario. En este caso, hay investigaciones que muestran que una dieta rica en carotenoides, incluyendo licopeno, parece ayudar a prevenirlo, especialmente, en las mujeres jóvenes.

Nueces

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nueces
nueces  nueces  (Foto: Óscar Hofmann)

Este fruto aporta al organismo un complejo coctel de nutrientes que, según investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Marshall, en los Estados Unidos, reduce el riesgo de cáncer de mama. Tiene ácidos grasos omega 3, fitosteroles y antioxidantes que, al menos en experimentos con ratones, detuvieron el desarrollo de ese cáncer.

Los resultados fueron sorprendentes: los que comieron nueces, tardaron el doble de tiempo en desarrollar tumores en comparación con el grupo de control. Como sucede con otros alimentos, hace falta investigación en humanos.

Pescado azul

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receta-pescado
receta-pescado  receta-pescado  (Foto: )

En este grupo se incluye el atún, arenque, salmón, sardina, anguila, pez espada, trucha marina y cazón, especies que se caracterizan por su contenido de ácidos grasos omega 3, además de calcio, hierro, vitaminas A, B1, D y E y zinc. Dichos ácidos grasos ayudan a controlar la presión arterial, disminuyen el colesterol en la sangre y tienen un efecto que disminuye los riesgos de padecer cáncer de colon, próstata y mama.

Investigadores del Fred Hutchinson Cancer Center, de Seattle, estudiaron por seis años a 35,000 mujeres posmenopáusicas, sin antecedentes de cáncer de mama y vieron que quienes utilizaban suplementos de aceite de pescado, tenían un riesgo 32% menor de desarrollar la forma más común de este cáncer.

Té verde

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SXC- te verde  taza y tetera con té verde  (Foto: SXC)

Su alto contenido de polifenoles protegen las células del daño de los radicales libres a través de los antioxidantes.

Dichas sustancias también podrían inhibir la proliferación de células cancerígenas en piel, pulmón, cavidad oral, esófago, estómago, intestino delgado, colon, hígado, páncreas y mama, según estudios realizados —principalmente a animales— por el Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos.

Tofu

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alimentos-soya  (Foto: )

Primero se dijo que los derivados de la soya —como el tofu— ayudaban a reducir el riesgo de cáncer de mama. Luego, surgieron voces en contra.

Investigadores del Vanderbilt-Ingram Cancer Center, en Nashville, Tennessee, concluyeron que sí reduce la reincidencia y el riesgo de muerte tras analizar a 5,000 mujeres chinas que comieron hasta 11 gramos de soya por día.

Estas mujeres presentaron una reducción de 29% en el riesgo de muerte y de 32% en la reincidencia de cáncer.

Sus propiedades anticancerígenas se deben a las isoflavonas, una especie de fitoestrógeno que reduce la disponibilidad de estrógeno, lo que puede resultar útil para tratar cánceres hormonodependientes, como el de mama.

Vino tinto

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Los expertos de Life&Style seleccionaron los mejores vinos mexicanos, entre tintos, rosados y blancos.
Los expertos de Life&Style seleccionaron los mejores vinos m  (Foto: )

Esta bebida tiene propiedades anticancerígenas y antioxidantes derivadas de su alto contenido de polifenoles, de acuerdo con el Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos.

Dichas sustancias son fitoquímicos naturales que provienen de la piel y las semillas de la uva, siendo el resveratrol el principal antagonista del cáncer.

Según el Instituto, ese compuesto podría inhibir el crecimiento de células cancerosas y disminuir la incidencia de tumores en animales. También se ha visto que puede reducir la activación de una proteína que interviene en el desarrollo de células cancerosas y en su proliferación en el organismo.