Los hombres cuentan sus historias de abuso sexual infantil

Uno de cada seis varones sufre abuso sexual antes de cumplir 16 años en Estados Unidos, y casi 40% de los perpetradores son mujeres
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Autor: Roxanne Jones | Otra fuente: 1

Nota del editor: Roxanne Jones es la editora fundadora de ESPN The Magazine y es exvicepresidenta de ESPN.

(CNN) — Chad, un padre de 46 años, todavía teme contarle a su madre acerca de la mujer casi 25 años mayor que él que solía entrar a su habitación durante la noche y meterse a su cama. No quiere que se sienta culpable.

Era la mejor amiga de su mamá.

“Ella entraba desnuda a mi cama. Me quitaba la ropa y me obligaba a tocarla. Después, me tocaba. Nos masturbábamos (…) hacíamos cosas”, dice Chad, haciendo una pausa para recordar lo que sucedió hace tanto tiempo. “Duró mucho tiempo. Dijo que era nuestro secreto. Que me amaba. Así es como aprendí sobre el sexo”.

Tenía 10 años cuando empezó el abuso.

“Después de ella, embaracé a mi novia unos años después. No lo sé (…) tal vez por eso ahora soy un desastre. Tengo problemas con las relaciones”.

Hasta que el caso de abuso infantil en Penn State llegó a ser un tema nacional, Chad (todos los nombres se cambiaron por petición de nuestros entrevistados) nunca contó su historia. Ni siquiera estaba seguro de que fue sujeto de un abuso. Sin duda se sentiría muy diferente si fuera su hija de 10 años quien hubiera estado en la cama con un hombre de 35 años.

Uno de cada seis varones sufre de abuso sexual antes de cumplir 16 años en Estados Unidos, según estudios. Y sí, la mayoría de los pedófilos son hombres, pero casi el 40% de los abusos son perpetrados por mujeres. La historia de Chad no es rara. Lo raro es que se hable sobre eso. Y es saludable.

Por muchas razones, dicen los expertos, los hombres enfrentan sentimientos de vergüenza y culpa distintos a los que sienten las mujeres cuando reportan el abuso sexual infantil.

Los hombres no quieren ser vistos como débiles por permitir el abuso. Se preocupan de que se cuestione su sexualidad, si el agresor fue otro hombre. Y en casos como el de Chad, en donde el pedófilo era una mujer, los hombres pueden incluso sentir la presión social de presumir una experiencia sexual precoz no deseada. De cualquier manera, los efectos mentales en el largo plazo pueden ser devastadores.

Los chicos que son sexualmente explotados pueden tener más adelante problemas de ira, odio consigo mismos y de bebida. Comúnmente se comportan de forma temeraria y tienen problemas de intimidad, entre otros problemas serios en el largo plazo, dice Kali Munro, una psicoterapeuta con más de 25 años de experiencia.

Jerry Sandusky, de 67 años, exasistente del entrenador de futbol americano de Penn State, enfrenta cuarenta cargos criminales por el presunto abuso sexual y violación de ocho jóvenes en un periodo de 15 años. Pero a medida que se desarrolla la perturbadora historia, inicia algo muy positivo.

Los hombres adultos hablan de manera más abierta sobre el abuso que sufrieron cuando eran chicos. Los hombres comienzan a sanar.

Cuando este tipo de casos sale a la luz, amigos y familias comparten sus dolorosos secretos en las mesas de la cocina —y a menudo acompañados con una copa de vino blanco— sin temor al ridículo o a la vergüenza que los hombres enfrentan en torno a este tema.

Los expertos dicen que los hombres informan menos sobre estos incidentes en la infancia a los que se les llama “abuso”, pero cuando les preguntan acerca de “experiencias sexuales no deseadas”, las cifras pueden ser aumentar hasta seis veces. No sorprende en un mundo en donde se supone que los hombres no sean víctimas, incluso los niños pequeños.

Gary, un gran aficionado al futbol americano y felizmente casado padre de tres, dice que la historia de Penn State duele. Para él, fue su sacerdote.

Creció bajo la religión Católica y fue monaguillo. Tenía 9 años, dice, cuando su sacerdote comenzó a ser amable con él; le daba tareas especiales en la iglesia y lo hacía sentir especial.

“Me quedaba más tarde y ayudaba a limpiar la iglesia”, dice, casi llorando mientras recuerda. Pero después, comenzó a tocarlo, empezaron las luchas, y bromas de mal gusto, palabras que usan consistentemente las presuntas víctimas de Sandusky.

“Una noche estábamos luchando y el sacerdote me atrapó debajo de él. Agarró mis genitales y comenzó a frotarme ahí. No supe qué hacer”, dice Gary. “Pero de alguna manera, logré escapar. Creo que tal vez le pegué y corrí a casa llorando”.

Cuando Gary llegó a casa y le contó a su madre lo que hizo el sacerdote, ella no le creyó. El padre era apreciado en su comunidad. Gary se metió en problemas "por decir mentiras".

No es raro que los padres entren en una etapa de negación, y sientan culpa o rabia con su hijo cuando escuchan por primera vez sobre el abuso, dicen los expertos. Uno de los momentos más desconcertantes en la historia de Penn State es que al parecer muchos adultos conocían las acusaciones de abuso, desde 1998, pero guardaron silencio, con la finalidad de salvar la reputación del programa de futbol americano de la universidad. Algunos opinan que fue una conducta repugnante y toda esa gente debería ir a prisión.

Tal vez estos sean tiempos diferentes a la época en que crecieron Chad y Gary. Y por lo menos un chico que conozco piensa que así es.

Jason cumple 12 años el sábado. Su familia planea una gran fiesta, dice, en recompensa por sacar excelentes calificaciones en la escuela este año. Requirió mucho trabajo y terapias lograr que Jason llegara a ese estado de felicidad.

Jason tenía 7 años cuando su padre le enseñó pornografía dura. “No sabía qué era, pero sabía que estaba mal. Mi papá me dijo que no le dijera a mi mamá”, dice. Su padre dijo que lo golpearía si se lo decía a alguien. Tenía miedo.

Cuando Jason comenzó a tener problemas en la escuela y empezó a estar de mal humor en la casa, su madre se preocupó. Ella no sabía lo que estaba pasando. “Se tardó años en decirme lo que sucedía con su padre”, dice.

Cuando le pregunté a Jason cómo encontró el valor para hablar, dice fácilmente: “Mi mamá siempre me dijo que no mintiera. Tenía miedo de que mi papá se enojara, pero tenía más miedo de guardar un secreto”.

Después de que Jason habló acerca de sus sesiones de pornografía, su padre abandonó a la familia y nunca regresó. “Lo extraño”, dice Jason en voz baja. Pero sabe que tomó la decisión correcta y tiene un mensaje para los chicos que se sienten violados de alguna manera: “Si algo malo te pasa y la persona te dice que no lo cuentes, definitivamente debes decirlo de inmediato. Dile a uno de tus padres o a la policía. Díselo a alguien”.

Le deseo a Jason un muy feliz cumpleaños.

Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente las de Roxanne Jones.

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