Ensenada, una tierra de placer que se acompaña con un buen vino

La oferta de sabor en este puerto de Baja California incluye una gran variedad de vinos, quesos y productos orgánicos
ensenada gastronomia destinos baja california
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Por:
Pilar Marroquín
Autor: Pilar Marroquín | Otra fuente: TRAVEL+LEISURE
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Desde Tijuana, una hora de carretera es suficiente para adentrarse en el Valle de Guadalupe. A pocos kilómetros de la costa de Ensenada, sobre la carretera hacia Tecate, las montañas proliferan y los valles colmados de viñedos se extienden a lo lejos.

Pero, en realidad, lo que más llama la atención de la escena son las piedras. Muy similares a las de la isla de Djerba. Parecieran haber sido posadas estratégicamente, a la distancia y con los colores precisos.

La cereza sobre el pastel es el microclima mediterráneo, único en México y muy similar al del sur de Francia, agradable en cualquier momento del año.

Amor por lo natural

Por su clima y su localización geográfica, en Valle de Guadalupe puedes saborear frescos mariscos, una gran variedad de vinos, deliciosos quesos y diversos productos orgánicos como aceites de oliva y mermeladas.

Con respecto a los vinos, puedes visitar muchísimos viñedos, como los de Cetto, Domecq o Santo Tomás, en donde te explicarán cada proceso que experimenta la uva, desde que se planta hasta que se sirve en la copa, y además participar en catas de vinos.

Para comer, hay varias opciones en el mismo Valle de Guadalupe, pero la Casa de Doña Lupe es uno de los más destacados. Es uno de los lugares más exitosos de todo el Valle. El lema de la dueña del local, “amor por lo natural”, lo resume todo; un negocio de familia, sano y delicioso en un ambiente agradable.

Aparte de los viñedos y de los huertos con especias, frutas y vegetales que ocupan la mayor parte de la propiedad, la protagonista principal del lugar es la tienda de productos orgánicos, porque ahí se encuentran los manjares ya terminados.

Se puede hallar desde mermeladas de chipotle, de vino o de rosas, hasta panes artesanales de queso crema y fresas, ya que la oferta varía dependiendo de la temporada.

También existe la opción de comer alguna de las especialidades de la casa, que son los quesos, pastas y pizzas artesanales; destaca la pizza de la casa con pollo adobado y vegetales.

Otro sitio que puedes visitar es el restaurante campestre Los naranjos de los viñedos Santa Teresa, que incluye áreas para hacer picnics. La especialidad del lugar es la codorniz Guadalupe en salsa de vino tinto, aunque los camarones al ajillo también son muy recomendables.

Sobre la misma carretera se encuentra el que, probablemente, es el mejor restaurante de la región; el Laja. Su oferta gastronómica incluye mezclas complejas e inesperadas con ingredientes de la región, suculentas carnes y una extensa carta de vinos.

Un poco más lejos, frente al puerto de Ensenada, se encuentra otro restaurante de alta cocina: el Manzanilla. El local está decorado con lámparas de cristal, obras de arte contemporáneo y una antigua barra de madera traída de San Diego.

La carta incluye mariscos y  almejas al vapor con vino blanco, muy simples, con algunas hierbas y saladas justo en su punto, ideales para degustar con un chardonnay para el aperitivo.

El arroz cremoso de mar, que es en realidad una especie de risotto, tiene ese inocultable y suculento sabor a costa. Los orecchiettes con quesos Ramonetti también estaban deliciosos.

También destaca el lomo de cerdo con manzanas a la vainilla y polenta, cocinado en su punto, rosadito y jugoso, con una combinación espectacular de sabores.

Un día en el puerto

Dedicarle un día a Ensenada es imprescindible. Este lugar, que solía ser un pueblo de pescadores, evolucionó para bien o para mal durante la década de 1980 hacia el “turismo de un dólar”, el de todos los estadounidenses que preferían venir a esta ciudad que a otros lugares.

Se bajaban de los cruceros, compraban medicamentos sin receta, artesanías y alcohol barato, y adiós. Gracias a las iniciativas vinícolas de los últimos años, el turismo volvió a cambiar, por lo cual la ciudad se adaptó a una audiencia más selectiva.

Para desayunar está el restaurante L/G, con música agradable y una decoración elegante semibarroca; ofrecen platillos muy generosos.

El desayuno mediterráneo, que incluye huevos con queso feta, tomate y aceitunas, es muy bueno acompañado de una chuleta ahumada. Los huevos a la diabla son otra posible elección.

Si de arte se trata, está la galería Petanca. El espacio de unos 40 metros cuadrados tiene las paredes cubiertas de arte local, una práctica barra de madera y, en el centro, una verdadera cancha de petanca, heredada del juego de tradición francesa.

Por la tarde puede hacerse una visita a la casa de té Camelia. Su concepto es ofrecer la imagen más europea del té. Sobre cada mesa se encuentra una explicación del arte de tomarlo, cómo hacerlo, los tiempos de infusión, sus propiedades curativas, y, sobre todo, un letrero enfatizando que, para poder vivir el ritual del té como debe ser, se necesita paciencia.

También ofrecen tisanas frutales y frappés, paninis y una variedad de postres. La decoración del lugar incluye tonos verdes y estampados floreados, y cuenta con una pared-galería destinada a exposiciones de artistas locales.

Antes de partir hay que visitar las Antiguas Bodegas de Santo Tomás situadas a algunas cuadras de la calle principal. Ahí venden vinos, quesos artesanales, aceitunas, patés, mermeladas, pan y hasta mariscos empacados al vacío.

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