Cómo reconocer las señales que advierten sobre leucemia en niños

En México se registran 4,000 casos de cáncer cada año y el 50% de ellos está relacionado con algún tipo de problema en la médula ósea
leucemia cancer de sangre hospital niño
leucemia cancer de sangre hospital niño  leucemia cancer de sangre hospital niño  (Foto: )
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Aline Juárez
Autor: Aline Juárez | Otra fuente: CNNMéxico
(CNNMéxico) -

Víctor tenía dos años cuando le detectaron un tumor maligno en el ojo derecho y, a decir de su madre, el pronóstico no podía ser más descorazonador: “Si el cáncer no lo mata, el tratamiento lo hará”, le dijeron los especialistas.

“Saber que tu pequeño tiene retinoblastoma —término que indica la presencia de este mal en la retina— es duro, pero lo es más no hacer nada; por eso decidimos someterlo a tratamiento. Mi hijo perdió el ojo, pero se ganó la oportunidad de vivir; han pasado 18 años de eso, hace poco Víctor cumplió 20”. 

El cáncer es la segunda causa de muerte en niños de 5 a 14 años, según el Sistema Nacional de Información en Salud.

En el país se registran más de 4,000 casos al año y, globalmente, esta cifra asciende a 175,000, según cifras del proyecto GLOBOCAN 2008, de la Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) perteneciente a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los tipos que con mayor frecuencia atacan a niños y adolescentes son: leucemias, tumores del sistema nervioso central, linfomas (cáncer en los ganglios), tumor de riñón y retinoblastoma (más frecuente entre los nacidos en familias de escasos recursos debido a las precariedades en las que viven), expuso Armando Martínez Ávalos, miembro del Comité Académico de Oncología de la UNAM y académico de la Facultad de Medicina. (50 % son los distintos tipos de leucemia y el otro 50% se divide entre los otros tipos de cáncer).

Una enfermedad de múltiples rostros

En México, la incidencia anual en pacientes de cero a 15 años es de 122 cánceres nuevos por cada millón de habitantes, mientras que en países como Estados Unidos y regiones como Europa occidental, es de 150 casos por cada millón.

El lapso en que los menores son más proclives a este tipo de padecimientos es entre los cuatro y ocho años, y el fenómeno se observa en todos los estados del país. En más del 95% de los casos no es posible determinar un agente relacionado; sin embargo, existen factores que condicionan esta enfermedad, indica Roberto Rivera Luna, subdirector del Departamento de Hemato-Oncología del Instituto Nacional de Pediatría (INP) de la Secretaría de Salud.

Los pequeños expuestos a insecticidas órgano-fosforados o pesticidas son más vulnerables. Tal es el caso de niños campesinos que viven cerca de sembradíos en Sinaloa, Michoacán y Jalisco, o que habitan en comunidades cercanas a los pozos petroleros en Tabasco, Quintana Roo y Tamaulipas, pues la experiencia demuestra que tienen más posibilidades de desarrollar algún tipo de cáncer que quien habita en Xalapa o el DF, dijo.

De los 2,403 niños con cáncer que el Sistema Nacional de Protección Social en Salud de la SS atendió en 2010, el 50% padecía leucemia, la variante más extendida de este mal, indicó el también coordinador técnico del Consejo Nacional para el Tratamiento del Cáncer de la Infancia y la Adolescencia del Seguro Popular.

Cómo reconocer la leucemia

La leucemia es un padecimiento que suele atacar a niños entre los cuatro y ocho años. Se calcula que uno de cada 2,880 menores en México la desarrolla y, hasta el momento, no se sabe de un factor que condicione o produzca la enfermedad.

“Se trata de un padecimiento de la médula ósea, tejido ubicado dentro de los huesos. Lo que pasa es que ésta súbitamente comienza a generar células primitivas, mejor conocidas como blastos, que salen al torrente circulatorio. Es como si tuviéramos un vaso con agua hasta el borde y comenzáramos a verter aún más líquido en su interior”, explicó Rivera Luna.

Los síntomas son: palidez, anemia, cansancio y moretones en brazos, piernas y tronco. Éstos pueden ser medianos o grandes y se acompañan de lesiones pequeñas, llamadas petequias.  “Al llegar a ese punto, el cuerpo de pequeño cae en un deterioro general”.

Los padres deben poner atención cuando cualquier sintomatología dure más de 10 días, sea una temperatura, diarrea o infección. De presentarse este escenario es preciso llevar al niño al médico para que reciba tratamiento, y si a los cinco días no cede la enfermedad, es indispensable regresar para un análisis exhaustivo, expuso Martínez Ávalos, quien añadió que siempre sirve tener una segunda opinión.

“Antes se responsabilizaba a los padres, es decir, se pensaba que estos no ponían atención a lo que pasaba con sus hijos; sin embargo, en el INP se han realizado estudios que muestran que los pacientes que llegan ahí ya habían visitado, por lo menos, a dos profesionales antes. El papá sí acude al especialista, muchas veces los que fallan son los médicos generales, pues desconocen la sintomatología del cáncer en general”.

Al respecto, Roberto Rivera señaló que uno de los problemas en México es que no hay suficientes pediatras oncólogos; en todo el país sólo existen 135 personas con esta certificación.

Tratamientos

El oncólogo pediatra del INP y especialista de la UNAM, Armando Martínez, menciona que para para combatir el cáncer los especialistas disponen, principalmente, de tres armas: cirugía, radioterapia y quimioterapia.

“Los distintos tipos de este mal, con excepción de la leucemia, pueden ser atacados mediante estos tres recursos, los cuales han evolucionado tanto, que hoy pueden usarse sacándoles el máximo beneficio y evitando daños en lo posible. La cirugía ya no es mutilante, la radioterapia ya no se aplica en campos o zonas extensas del cuerpo y la quimio dura menos tiempo y sus dosis son más reducidas”.

“Esto nos  asegura que el perjuicio que pudiera provocar el tratamiento es mucho menor que el que causaría el cáncer a largo plazo”, aseveró el especialista.

Del tipo de cáncer depende el tratamiento a seguir, y para Víctor y su madre, dar seguimiento a las indicaciones médicas les implicó no sólo viajes constantes de Tierra Blanca, Veracruz, a la capital del país, sino aprender en carne propia que este padecimiento deja secuelas no sólo físicas, sino emocionales, y a veces no de manera predecible.

En esos años de travesías el padre de Víctor falleció, y los recursos para trasladarse al Distrito Federal comenzaron a escasear; “pero no dejamos de luchar, y en esos momentos tan difíciles, los médicos siempre fueron un gran apoyo”.

El proyecto de la OMS GLOBOCAN 2008, cuyo objetivo es proporcionar cálculos actuales de la incidencia, mortalidad y prevalencia de los principales tipos de cáncer a escala global, indica que, al año, mueren cerca de 100,000 menores debido a esta enfermedad, por lo que Luna subrayó la importancia de esta suma de fuerzas para lograr tratamientos exitosos.  

Atención integral

En la etapa preescolar, edad en la que son mayormente diagnosticados, los niños son muy flexibles y se adaptan al tratamiento, aunque este resulte intrusivo. Ahí se les enseña a lidiar con las diversas etapas que atravesarán a lo largo de su enfermedad. 

“Se les hace una evaluación, se trabaja para que tengan una comprensión no tanto racional, sino adaptativa de la situación que viven. Los pequeños se adaptan más que los púberes; sin embargo, hemos desarrollado técnicas específicas para que ambos desarrollen su adaptación y autoestima”, Azareel Maya, coordinadora del Área de Atención Psicosocial.

La madre de Víctor recuerda que su hijo de pequeño siempre fue muy dócil, se adaptaba y cooperaba. “En ocasiones tenía que recurrir al juego y otras, a la imposición para que se sometiera al tratamiento. A veces fui dura, pero al final terminábamos abrazados y apoyándonos mutuamente”.

Sin embargo, cuando él cumplió 12 años, las cosas cambiaron. “Entró en una etapa rebelde. Al verse la cara, se enojaba, me gritaba e insultaba. Pero en una ocasión que venimos a una consulta, se percató que él no era el único que pasaba por esta situación, de hecho, muchos pequeñitos, incluso más pequeños que él, ya no contaban con ninguno de sus dos ojos. Ahí fue cuando comprendió lo afortunado que estaba siendo al contar con mi apoyo y el de AMANC”.

Una lucha ganada

Después de 18 años de tratamientos, procesos de vigilancia y diversas cirugías, Víctor está a punto de ser intervenido por tercera ocasión para un tratamiento estético que busca mejorar la apariencia de su ojo. Se le realizará un implante de células madre en el orificio ocular para que la prótesis le sea más eficaz.

“Esta experiencia fue difícil, sentía que estaba viviendo una pesadilla, pero el tiempo, las ganas y el no dejar de luchar, rinde frutos, pues Víctor sigue conmigo. Ahora estudia Psicología, gracias a una beca, y yo me siento muy orgullosa por todo lo que ambos logramos. Lo que más me llena de satisfacción después de haber luchado tanto es que al final ganamos la batalla más importante, ésa que dimos contra el cáncer”, afirma Martha Díaz.

La Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC), brinda asistencia y atención médica a infantes de escasos recursos.

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