La esquizofrenia no impide a las personas seguir buscando el amor

Las enfermedades mentales pueden arrebatarle la vida social a quienes las padecieron, no así la búsqueda por el amor y la comprensión
carlos adriana esquizofrenia
carlos adriana esquizofrenia  carlos adriana esquizofrenia  (Foto: )
Autor: William Turner M. | Otra fuente: CNNMéxico

Carlos y Adriana han sido novios desde hace seis años, y aunque no se ven muy seguido, valoran mucho su relación. Hace una década, cuando aún no se conocían, ambos fueron diagnosticados con esquizofrenia; a partir de ese momento sus relaciones amorosas se convirtieron en un tema mucho más complejo que para el común de la gente.

Adriana se describe como una mujer que siempre fue introvertida. Tiene 42 años y fue diagnosticada con esquizofrenia a los 33, cuando pasaba por una crisis.

“No me arreglaba, no me gustaba bañarme y no me vestía como alguien de mi edad. Estaba muy decaída. Mi papá se preocupó y decidió llevarme al doctor”, recuerda.

Carlos, de 46 años, dice que a inicios de 2000 sufrió un desmayo en la empresa donde trabajaba. No imaginó que a partir de ahí comenzaría a presentar síntomas de esquizofrenia, una enfermedad de padecen alrededor de 1.5 millones de mexicanos.

“Comencé a presentar delirios de persecución y mucho estrés. Esto me llevó a ser problemático, pensaba que la gente sabía lo que iba a decir, que me leían la mente. Vivía en un estado estresante, paranoico y era horrible”, relata Carlos.

Ambos se conocieron en un grupo de terapia para tratar el padecimiento. Adriana dice que ahora se siente feliz, pues tiene alguien con quién platicar. "A muy pocos les puedo contar mis cosas personales porque no me creen ni me apoyan en mis delirios".

Carlos, que estaba casado cuando se le diagnosticó, dice que su esposa "no supo entender" que él padece una enfermedad mental, por lo que decidió abandonarlo y no le ha permitido tener contacto con sus tres hijos.

“Mi hija mayor ahora tiene 19 años, los otros dos estaban muy pequeños la última vez que los vi y no me reconocen. Hace un año mi exesposa me permitió ver a mi hija mayor, y me dijo que iba a estudiar Psicología. La besé y la abracé, pero ella me dijo que iba a necesitar tiempo para entender esta situación. Desde entonces no responde a mis cartas o llamadas”.

“La esquizofrenia es una enfermedad crónico degenerativa que altera los sentidos de las personas, haciéndoles sufrir delirios de persecución, escuchar voces o sentir que el agua es como ácido. Esto les impide tener una percepción clara de la realidad”, explica la doctora María Luisa Rascón, especialista del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente.

Para Carlos, la principal motivación para rehabilitarse es recuperar a sus hijos, pero sabe que para ello necesitará volver a estabilizarse económicamente, y ayudar a la manutención de sus hijos. “Con la esquizofrenia lo perdí todo”, dice.

María Luisa Rascón asegura que la familia muchas veces no sabe a lo que se enfrenta cuando un pariente es diagnosticado con una enfermedad mental y ello los lleva a abandonarlo. “La familia estigmatiza a su familiar enfermo porque ellos también sufren un estigma social, se sienten rechazados y hacen lo mismo a su ser querido. En ese manejo de una interacción negativa del rechazo, tener una pareja es muy difícil”.

Un 28% de la población mexicana ha sufrido de algún tipo de padecimiento mental alguna vez en su vida, tales como los trastornos afectivos, de ansiedad o por el uso de sustancias y que son considerados como una discapacidad, de acuerdo con Instituto Nacional de Psiquiatría (INP). Y la Encuesta nacional sobre discriminación en México realizada en 2010 por el Consejo Nacional contra la Discriminación (Conapred), señala que el 20% de las personas con discapacidad son discriminadas.

Para Rocío, diagnosticada con esquizofrenia en 1996, la discriminación fue un obstáculo complejo en su tratamiento. Ella y su esposo trabajaban en la misma institución, pero cuando comenzó a tener síntomas, como delirios y alucinaciones, él comenzó a recibir burlas y a sentirse presionado para abandonar el trabajo.

Luego de que ambos renunciaron como empleados, su situación económica terminó por separarlos. En 1994 ella fue a vivir con su madre, donde también tuvo que buscar espacio para su hijo de cuatro años.

“Desde febrero de 1990 comencé a escuchar voces. Así era en todos lados. Por más que quería huir, cerraba puertas y ventanas de mi casa y de todas formas no dejaba de escuchar comentarios y risas de la gente que iba por la calle. Hasta por la radio y la tele escuchaba las voces. Si hubiera tenido computadora también las hubiera escuchado por ahí”, recuerda Rocío.

El estrés por conservar su trabajo fue lo que terminó por detonar la enfermedad, dice, y aunque buscó atención médica, refiere que los médicos a los que acudió se burlaron de su situación.

Cinco años después de haber roto la relación con su marido, su hijo le confesó que su papá tenía otra familia. Rocío dice no sentirse enojada, “al contrario, me sentí bien de que hubiera encontrado otra persona que le diera la felicidad que no encontró conmigo”. Ella también había conocido a otra persona en una entrevista de trabajo, un par de años después de estar en tratamiento.

“Hasta el día de hoy nos vemos, no muy seguido porque él tiene familia. Hemos mantenido nuestra relación en secreto, incluso mi hijo no sabe de esto y solo le he dicho que es un amigo. Me preocupa que él tiene esposa e hijos, por eso preferimos no decirlo”.

Como parte de sus terapias de rehabilitación, Rocío acude semanalmente al programa radiofónico Radio Abierta que es conducido por personas que han tenido un padecimiento psicosocial, impulsado por la doctora Sara Makowski, quien dirige las emisiones desde la Universidad Autónoma Metropolitana.

Makowski decribe el programa como espacio de diálogo y escucha, que abre la posibilidad de que personas con un padecimiento psiquiátrico puedan expresarse y comunicarse. Y a lo largo de casi tres años ha visto que el tema de las relaciones de pareja ha sido recurrente entre los participantes.

“El tema del amor -explica la doctora- es profundamente humano. Escuchar lo que piensan las personas que tienen padecimientos mentales sobre del amor, es una buena forma de acercarnos a ellos y de danos cuenta de que no vivimos en mundos tan separados y que existen puentes a través de los cuales podemos pasarnos de un mundo a otro".

“Somos personas cotidianamente solitarias”, asegura Rocío, que está dispuesta a encontrar un hombre sin antecedentes mentales y que esté disponible para el compromiso.

No es el caso de Enrique, quien a sus 42 años dice sentirse cómodo sin novia. Desde que le diagnosticaron esquizofrenia, hace unos ocho años, ha vuelto a ser más social por los talleres y cursos a los que ha asistido para rehabilitarse.

“Por la enfermedad me volví antisocial y retraído. A lo largo de mi vida he hecho pocos amigos, la mayoría durante mi infancia. Y cuando estaba enfermo me sentía como un monstruo. No entendía cómo era mi complexión física”.

Enrique no ha podido explicarse qué pasó durante los 15 años de su vida previos a que lo diagnosticaran como enfermo mental, cuando tenía 34 años. La esquizofrenia le hizo creer que podía comunicarse con sus antepasados de manera telepática y sentía que todo hacia él era una agresión. Él asegura que ya superó esa etapa.

Ahora se compara con la película El bulto, donde un hombre que estuvo en coma durante 20 años despierta, sin entender que su país, su familia y su mundo ha cambiado.

Nunca ha tenido pareja. “Andar con una persona con una enfermedad mental es difícil, tenemos muchos problemas. No podría andar con una persona como yo. Me gustaría alguien que no tuviera enfermedades mentales. Pero para eso tengo que salir más y ganar dinero, ni modo que le diga que no hago nada”.

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