Reinventar el cerebro está más cerca de lo que crees: Deepak Chopra

Cada vez que aprendes, piensas, recuerdas o deseas algo, tu cerebro se modifica. Ahora que lo sabes puedes generar cambios positivos
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brain cerebro light neurona sinapsis  mind  (Foto: )
Deepak Chopra, especial para CNN
Autor: Deepak Chopra, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Deepak Chopra es un experto en la relación entre el cuerpo y la mente, fundador de la Fundación Chopra y célebre escritor. Escúchalo en el programa 'Sanjay Gupta MD'.

(CNN) — Vivimos en la era dorada de la investigación sobre el cerebro, la cual podría revolucionar la forma en la que pensamos, sentimos y nos comportamos.

Gracias a la tecnología de visión, como la imagenología por resonancia magnética funcional (MIRf), puede señalarse la localización de la actividad cerebral más precisa. Por ejemplo: los investigadores pueden detectar, en la corteza visual, la zona minúscula donde un daño puede ocasionar que una persona no reconozca los rostros, incluso el propio. La neurociencia se inclina a mapear el cerebro hasta el mínimo detalle.

Pero, ¿para qué sirve ese mapa? Una aplicación obvia es la medicina. Entre más sepamos qué es lo que funciona mal cuando se presentan el mal de Parkinson y el alzhéimer, estaremos más cerca de la cura. Sin embargo, la meta principal sería reinventar la forma como usamos nuestro cerebro.

“Reinventar” no es una exageración. Hace 10,000 años, el homo sapiens desarrolló la misma configuración genética que las personas de la actualidad heredamos. Sin embargo, en esos 10,000 años surgieron la escritura, la lectura, las bellas artes, el gobierno, las matemáticas y demás ciencias. Dichas disciplinas se cimentaron en una nueva relación entre la mente y el cuerpo.

Si unos genes y estructura neuronal fijos contaran la historia completa, seguiría siendo un misterio por qué un cavernícola de la última Edad de Hielo tenía la dotación precisa de neuronas que le servirían para descubrir la gravedad o componer una sinfonía, y no lo hizo. Ahora nos damos cuenta de que el cerebro humano es todo menos fijo, a cualquier nivel.

A lo largo de la vida se forman nuevas neuronas y se desarrollan billones de sinapsis. La genética de cada neurona es dinámica y responde a cada experiencia y cada estímulo que recibe del mundo exterior.

Los seres humanos reinventan el cerebro día tras día; no es una cuestión de eones. En breve: el cerebro es un verbo, no un sustantivo. Los pensamientos, los recuerdos, los deseos y la experiencia le dan forma.

Como es dinámico, fluido y siempre está renovándose, el cerebro es mucho más maleable de lo que cualquiera hubiera imaginado.

Considera el controversial artículo publicado en una revista médica británica en 1980, titulado: ¿Es realmente necesario el cerebro? Se basó en el trabajo del neurólogo británico John Lorber, con pacientes de hidrocefalia, que ocasiona que se acumule un exceso de fluidos en el cerebro. La presión resultante mata a las neuronas y trae consecuencias como retraso mental y en ocasiones la muerte.

Un colega de la Universidad de Sheffield refirió con Lorber a un joven que tenía la cabeza agrandada. El paciente se había graduado con honores de la licenciatura en Matemáticas y tenía un coeficiente intelectual de 126 (100 es promedio y 110 es considerado de inteligencia superior); no tenía síntomas de hidrocefalia y llevaba una vida normal.

Sin embargo, se descubrió en una tomografía que, en palabras de Lorber, “virtualmente no tenía cerebro”. El cráneo estaba cubierto por una delgada capa de neuronas, de aproximadamente un milímetro de espesor, y el resto de la bóveda craneal (la parte superior e interna del cráneo) estaba llena de fluido cerebral.

Ésta es una condición impresionante y poco común en la población, pero Lorber siguió adelante y logró registrar más de 600 casos. Dividió a sus sujetos en cuatro categorías, dependiendo de la proporción de fluido en el cerebro. La categoría más severa, que conformaba solo el 10% de la muestra, consistía en personas que tenían el 95% de la cavidad craneal llena de fluido. De estos casos, la mitad tenían retraso severo; sin embargo, la otra mitad tenía coeficientes intelectuales superiores a 100.

Estos hallazgos no recibieron impugnaciones serias por falsedad o distorsión. Generaron mucha controversia sobre cómo explicarlos e incluso hoy, que se ha reemplazado la vieja idea de un cerebro fijo por la de uno maleable, tal adaptabilidad tan radical es desconcertante.

Sin embargo, es innegable la posibilidad de reinventar el cerebro. Las víctimas de infarto cerebral se rehabilitan con base en eso: en el entrenamiento de las partes del cerebro que no resultaron dañadas para que asuman las funciones que se perdieron con la embolia.

Un acercamiento similar al Alzheimer, que examina los cambios en el cerebro de adultos jóvenes que podrían ser genéticamente susceptibles a la enfermedad, podría revertir dicha susceptibilidad a través de una terapia con fármacos. Se realizan investigaciones similares sobre autismo y esquizofrenia.

Una vez que la ciencia médica reconozca que el cerebro puede ser reinventado, no habrá límites. En equipo con Rudolph E. Tanzi, profesor de Neurología en la Escuela de Medicina de Harvard y uno de los más prominentes investigadores del Alzheimer, he dirigido mis esfuerzos a cómo cada persona puede relacionarse con el cerebro en una forma nueva. Como argumentamos en nuestro libro Supercerebro, la vía más directa para mejorar la función cerebral es la mente.

La conexión entre cuerpo y mente es poderosa porque nuestros hábitos producen cambios en el cerebro. A qué pones atención, cuál es tu pasión, tu actitud hacia la alimentación, el ejercicio, el estrés y cómo lidias con emociones básicas como la ira y el miedo; todas estas cosas se registran en tu cerebro y moldean su estructura drásticamente.

En los términos más sencillos: cada experiencia es positiva o negativa cuando se toma como aportación para el cerebro. Un cerebro que procesa estímulos positivos se desarrolla y evoluciona de forma muy diferente a un cerebro que procesa estímulos negativos.

Esto siempre ha parecido intuitivamente correcto. Por ejemplo: todos sabemos que los niños que son amados casi siempre resultan ser mejores adultos que los que son víctimas de maltrato. Ahora tenemos la validación de la neurociencia.

La conclusión más importante es que nadie tiene que sujetarse al viejo concepto del condicionamiento. El pasado puede cambiarse al cambiar el cerebro, de la misma forma que el futuro puede moldearse al entrenar tu cerebro hoy. La reinvención del cerebro está más cerca de lo que crees.

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