Qué factores influyen en el daño cerebral de los futbolistas de la NFL

La posición en la que juegan, predisposición genética y el número de partidos en los que participan determinan sus padecimientos
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Por: Stephanie Smith
Autor: Stephanie Smith | Otra fuente: CNN
LOS ÁNGELES (CNN) -

Hace casi un año, el exmariscal de campo de los Cargadores de San Diego y un apoyador retirado de los Vikingos de Minnesota se sometieron a un escaneo cerebral. Por su cuerpo corría una sustancia química radiactiva rumbo a los receptores en su tejido cerebral.

Cuando se analizaron los resultados, los médicos descubrieron que en las profundidades de sus cerebros las imágenes mostraban bandas color carmesí y amarillo brillante, que indican daños cerebrales.

Los dos exjugadores, Wayne Clark y Fred McNeill, participaron en un estudio piloto en la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) en el que podría haberse descubierto una proteína destructiva llamada tau en el cerebro de cinco jugadores vivos retirados de la Liga Nacional de Futbol Americano.

La proteína tau es importante porque se ha encontrado —postmórtem— en el cerebro de docenas de exjugadores de la NFL, entre los que están Junior Seau, Dave Duerson, Terry Long, Shane Dronett y Mike Webster. Todos ellos se suicidaron y más tarde se descubrió que tenían una enfermedad llamada encefalopatía traumática crónica (ETC).

Algunos científicos dicen que haber encontrado la enfermedad en el cerebro de jugadores vivos es el “santo grial” de la investigación acerca de la ETC, y una vía a su diagnóstico y tratamiento. El estudio de la UCLA podría ser el primer paso importante en esa labor.

Sin embargo, en este momento, el pequeño estudio genera más preguntas que respuestas. Tomemos en consideración a los exjugadores McNeill y Clark. Los autores dicen que se encontró la proteína tau en el tejido cerebral de ambos, aunque en extremos opuestos de la gama cognitiva. A McNeill, de 60 años, le diagnosticaron demencia incipiente, mientras que Clark, de 65 años, es cognitivamente normal.

“La muestra es demasiado pequeña y no sabemos lo suficiente como para darle sentido a esto”, dijo Gary Small, director del estudio, quien apareció la semana pasada en un número de la revista American Journal of Geriatric Psychiatry.

El escaneo del cerebro de Clark—que presenta una imagen cruda de su función cerebral—mostró manchas de color rojo brillante y amarillo en regiones clave del cerebro relacionadas con la ira, la depresión y los trastornos de memoria. La hipótesis del estudio es que entre más concentrada esté la proteína tau, más colores rojos y amarillos se verán en el escaneo.

No obstante, Clark dijo que lo peor que le ocurre a diario es que a veces olvida el nombre de alguien a quien acaba de conocer.

“Tiene más de 60 años y solo presenta el envejecimiento normal, se queja de trastornos de la memoria típicos en alguien de su edad”, dijo Small, profesor de Psiquiatría del Instituto Semel para la Neurociencia y el Comportamiento Humano de la UCLA. “Tenemos que hacer más estudios a los jugadores que presenten síntomas y más estudios de jugadores que no presenten síntomas para ver la correlación”.

A diferencia de los resultados de Clark, los de McNeill estaban plagados de rojo por todas partes, pero la mayor parte del escaneo era de color verdoso, lo que indica menores niveles de proteína tau.

Cuando la esposa de McNeill supo que los investigadores podrían haber encontrado la proteína tau en el cerebro de su esposo, no estaba sorprendida. Su deterioro cognitivo ha sido lento y, en ocasiones, doloroso.

Sin embargo, a Tia McNeill, quien está separada de su esposo, no le sorpendió la posibilidad de que otro jugador tuviera la proteína tau pero no trastornos cognitivos.

“Creo que nuestros cuerpos son diferentes”, dijo, “hay jugadores profundamente afectados y otros que no lo están”.

Conoce bien esa historia y recuerda al compañero de habitación de McNeill cuando este jugaba para los Vikingos. “Entraron a la liga el mismo año, jugaban en la misma posición, usaban el mismo equipo, tenían los mismos entrenadores”, la única diferencia es que ahora el antiguo compañero es cognitivamente normal.

Clark y McNeill tienen casi la misma edad, pero hasta ahí llegan las similitudes. Clark empezó a jugar futbol en la preparatoria y no fue un recluta codiciado en la universidad. Llegó a la NFL y permaneció mayormente en la banca como mariscal de campo sustituto.

“Personalmente no me sentía en riesgo, porque no estaba sometido a contactos constantes como los otros jugadores”, dijo Clark.

Por otro lado, McNeill empezó a jugar más joven y fue elegido en la primera ronda de selección cuando llegó a la NFL; para cuando su carrera llegó a su fin, en 1985, había jugado futbol americano durante 20 años.

Los mariscales de campo como Clark –en especial los suplentes—no están sujetos a la misma cantidad de golpes que los apoyadores como McNeill. De hecho, los casos más prominentes de ETC hasta ahora se han detectado entre los jugadores de la línea y los apoyadores, posiciones en las que hay golpes prácticamente en cada jugada.

“Uno de los argumentos es que podría tener menos que ver con la cantidad de conmociones cerebrales pero más con los impactos subconcusivos a lo largo de la carrera de un jugador”, dijo Kevin Guskiewicz, director del Centro de Estudios para los Atletas Retirados de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Eso podría explicar que Clark no presente síntomas.

Otra teoría popular entre los investigadores es que la principal diferencia cognitiva entre los jugadores como Clark y McNeill podría reducirse a la genética.

Small señala que cuando se trata de la enfermedad de Alzheimer, que tiene síntomas iguales a los de la ETC, existen ciertos genes, como el ApoE4, que predisponen a la gente a tener una cognición deficiente.

¿Es posible que McNeill sea genéticamente más vulnerable a los trastornos cognitivos? ¿Acaso solo se trata de la cantidad de golpes en la cabeza que recibió en comparación con Clark?

“Hay que tomar todo en consideración (...) Podría ser algo ambiental, podría ser genético. Tenemos que concentrarnos en lo que está generando esta tormenta perfecta”, dijo Guskiewicz, experto en conmociones cerebrales.

Small es realista acerca del estudio a pesar de la confianza que tiene en los hallazgos anteriores y es realista acerca de la necesidad de mayores datos para poder explicar la forma en la que se presenta esa tormenta perfecta.

“Le diría (a Clark): ‘Sí, sé que tus resultados se ven diferentes’, pero todavía no sabemos qué significa eso”, dijo Small. “Sospecho que no se trata solo de las pruebas. Podría haber otras variables en juego que determinen si hay relación íntima entre los depósitos de tau en el cerebro y cualquier síntoma clínico”.

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