Las momias nos enseñan lecciones sobre la salud de nuestro corazón

Un grupo de investigadores en Estados Unidos analizó cuerpos preservados de distintas áreas y encontró indicios de esta enfermedad
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Stephanie Smith
Autor: Stephanie Smith
(Reuters) -

Un grupo de científicos realizó tomografías a más de 100 momias para indagar cómo ha cambiado nuestra salud.

Aunque lo dudes, los cuerpos preservados son excelentes objetos de estudio, especialmente cuando intentas indagar sobre el origen de los problemas de salud que han afectado a los humanos durante milenios.

La ateroesclerosis —una enfermedad que endurece las arterias y es una de las principales causas de muerte en todo el mundo— podría haber estado presente desde hace miles de años, según un estudio publicado este lunes en The Lancet.

“Nos gusta decir que encontramos al asesino serial que ha acechado a la humanidad durante 4,000 años”, dijo el autor principal del estudio, Randall Thompson, cardiólogo en el Instituto Saint Luke del Corazón, en Estados Unidos.

La prueba se encuentra debajo de las finas sábanas de lino de las momias del antiguo Egipto y Perú, de las Islas Aleutianas en Alaska y del suroeste de Estados Unidos. Los científicos realizaron tomografías computarizadas a 137 de estos cadáveres y encontraron señales de ateroesclerosis en más de un tercio de ellos.

Un total de 25 momias tuvo “enfermedad definitiva” de ateroesclerosis, según el estudio, mientras que otras 22 tuvieron enfermedad probable. Registraron la evidencia de ateroesclerosis en momias de las cuatro áreas geográficas.

“Es intrigante (...) Uno podría ver esto y decir que no solamente es una enfermedad de civilizaciones occidentales. La ateroesclerosis quizá ha estado presente durante mucho tiempo”, dijo el médico Richard Becker, profesor de Medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad Duke en Estados Unidos, quien no estuvo involucrado en el estudio.

Unas manchas brillantes blancas —aparentemente calcio— aparecieron en las tomografías computarizadas, en los mismos lugares (por ejemplo, la aorta y las arterias coronaria y carótida) donde se encuentran en las personas actualmente. (Resulta que el calcio no se deteriora; se queda alojado en el cuerpo durante miles de años).

“Estas poblaciones (…) tuvieron dietas muy distintas y estilos de vida muy diferentes”, dijo Thompson. “Y también hubo un largo periodo de historia y una amplia distribución geográfica. La enfermedad estaba presente y no eran casos raros”.

Esa diversidad geográfica y en el estilo de vida son claves para este estudio.

En un estudio previo, Thompson y sus colegas encontraron evidencia de ateroesclerosis en momias egipcias. En sus resultados de entonces, sugirieron que nuestro estilo de vida moderno y no saludable (por el poco ejercicio y la alimentación hipercalórica) podría no ser el culpable de la ateroesclerosis; después de todo, incluso los antiguos egipcios tuvieron la enfermedad.

“Pero después de que reportamos nuestros resultados sobre los antiguos egipcios fuimos criticados. (...) Tenían una dieta abundante y no tenían mucha actividad física. Vivían un estilo de vida como el de nosotros, así que no fue sorprendente después de todo”, dijo Thompson.

En este estudio más reciente se encontró ateroesclerosis en poblaciones que subsistían de alimentos como el maíz, la calabaza, las nueces, moras y pescado, y los individuos eran activos, lo cual significa que nuestros hábitos no saludables podrían jugar un papel menos importante de lo que pensamos en el desarrollo de esta enfermedad.

Cuando el conjunto actual de momias fue sometido a análisis más detallados, el calcio acumulado pareció deberse a una función de la edad, no a la dieta o actividad física. Pero eso no significa que nosotros como personas modernas debamos ignorar los factores de riesgo para la ateroesclerosis.

“Si tienes menos control de lo que antes creías tener, hay más razón para controlar lo que puedes, como el colesterol y el ejercicio, y para hacer cosas que sabemos que son saludables”, dijo Thompson.

El problema, de acuerdo con Thompson, es cuando los pacientes se sienten abrumados por la culpa porque no pueden controlar su diabetes o ejercitarse lo suficiente. “Parte de esa culpa está fuera de lugar (...) Creo que parte de ese enfoque excesivo en la dieta está sobrevendido”, dijo Thompson. 

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