Estamos programados para reaccionar exageradamente ante el terrorismo

Los acontecientos como los ataques en Boston desvían nuestra atención de los verdaderos peligros del mundo y nos hacen sobreactuar
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Autor: Charles Raison | Otra fuente: 1

Nota del editor: El médico Charles Raison, especialista en salud mental de CNN, es profesor de Psiquiatría en la Universidad de Arizona en Tucson, Estados Unidos.

(CNN) — Los humanos evolucionamos en un mundo peligroso.

Por ello nuestros cerebros y cuerpos están conectados para ser excesivamente sensibles a las amenazas. Este fenómeno se conoce como el principio de la “alarma de humo”. La idea es que es mejor despertarse 10 veces en medio de la noche por una falsa alarma, que dormir felizmente mientras tu casa se incendia a tu alrededor.

Sin embargo, no todas las amenazas provocan la misma respuesta en lo que se refiere a activar la “alarma de humo” en el cerebro y el cuerpo, los cuales evolucionaron para ayudarnos a enfrentar los peligros ambientales.

La triste paradoja es que subestimamos gravemente muchas amenazas nuevas en nuestro ambiente, solo porque no han existido durante suficiente tiempo como para encender el miedo en nuestros genes. Mientras tanto, sobreestimamos el peligro de otras cosas en el mundo moderno que, aunque son mucho menos peligrosas, aprovechan antiguos terrores que son parte de nuestra evolución.

Por ejemplo, las personas han corrido durante al menos un millón de años y se han reunido en grupos para celebrar proezas atléticas durante al menos ese periodo. Las personas se han asesinado entre ellas desde hace mucho más tiempo.

Así que, tristemente, la tragedia de las explosiones en el maratón de Boston no podría estar mejor diseñada para provocarnos pánico. Y (como todos sabemos desde el 11 de septiembre de 2001) cuando nos asustamos lo suficiente, estamos dispuestos a hacer casi cualquier cosa para restablecer el sentimiento de seguridad; incluso si eso significa renunciar a las cosas que amamos.

Los terroristas son especialistas en aprovechar antiguos terrores. No se esfuerzan por convencernos de manejar más rápido, fumar o comer más alimentos procesados, los cuales son los verdaderos asesinos en el mundo moderno.

En cambio, cometen actos que nos aterrorizan en una forma tan poco realista, que como sociedad cambiamos nuestro comportamiento en formas que están profundamente fuera de proporción en comparación con los riesgos reales.

Hay que tener una precaución razonable pero no convertirnos en víctimas del desajuste entre nuestra reacción emocional, evolucionada y abrumadora, a cierto tipo de acontecimientos y su riesgo real en el mundo moderno.

Los terroristas se apropian de este desequilibrio. Abordar este asunto inteligentemente es una de las formas como podemos luchar.

La reacción ante el miedo

Un primer paso para reaccionar inteligentemente a los acontecimientos como los ataques en Boston es reconocer que nuestros antecedentes evolutivos nos hacen reaccionar exageradamente a este tipo de peligros, y que por lo tanto, no deberíamos cambiar inmediatamente cómo vivimos con base en estas reacciones.

La evidencia científica sugiere que este tipo de reacciones permitían una mejor adaptación en el pasado que ahora, debido a que se ajustan más a las realidades de los ambientes antiguos que a las del mundo moderno.

Una forma de ver esto más claramente es considerar los peligros que no transformamos en miedo. Aunque son tan obviamente mortales, están gravemente subestimados.

Por ejemplo, antes del siglo XIX, ningún humano viajaba más rápido que a la velocidad del galope de un caballo (48 km/h), a menos que esa persona estuviera cayendo. Esto explica por qué la mayoría de nosotros tiene más miedo a volar que a conducir, aunque viajar en automóvil es mucho más peligroso.

Los genes del miedo a las alturas garantizaron la supervivencia durante millones de años. Los genes del miedo a la velocidad no tenían ningún valor.

Por lo tanto, nuestra actitud es muy diferente hacia las muertes en carretera, en comparación con la que tenemos hacia los accidentes en avión o los bombardeos terroristas.

Los bombardeos, tiroteos en escuelas y otras atrocidades son horrendas y reprensibles. Nos enfurecen y rompen nuestros corazones. Así debe de ser.

Pero si dejamos de lado nuestros corazones evolucionados y apasionados y observamos la situación calculadoramente, modificar nuestras vidas para reducir el riesgo de lesiones por estos acontecimientos es un esfuerzo malgastado.

Si quieres proteger a tus hijos, no dejes de llevarlos a ver maratones. Asegúrate de que tengan puesto el cinturón de seguridad en el asiento del automóvil y trabaja para evitar que conduzcan en estado de ebriedad. Trabaja para reducir más formas más típicas de tragedia infantil: el abuso y la negligencia, que reducen la duración de la vida adulta en hasta una década.

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Podemos mantenernos seguros y mantener seguras a otras personas si llamamos a la policía cuando vemos algo sospechoso en un evento.

Pero si dejamos de ir a maratones, celebraciones, desfiles y otros eventos masivos, habremos perdido mucho más de lo que hemos ganado, porque habremos hecho muy poco para aumentar la seguridad de los ciudadanos promedio, mientras que al mismo tiempo los privamos de uno de los mayores regalos de la sociedad libre. 

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