¿Moda ética? La historia social y libre de explotación de la ropa

Zady, un sitio de compras en línea, reúne a marcas que ejercen prácticas sustentables en la fabricación de ropa
La moda punk ‘regresa’ a Nueva York
Autor: Emanuella Grinberg | Otra fuente: CNN

A primera vista, una playera de algodón de la marca independiente Small Trades podría verse como cualquier otra con rayas y con cuello redondo.

Pero la fundadora de Small Trades, Robin Weiss, dice que hay algunas cosas que diferencian a su marca. Sus playeras y vestidos tejidos duran mucho más tiempo que la ropa usual de consumo rápido porque las personas que la fabrican tienen un legado de fabricación y experiencia en las piezas.

Además, la compra beneficia a Beverly Deysher, de 64 años, quien ha trabajado para Mohton Knitting desde que tenía 18 años. Ella vive cerca de la fábrica, en el corazón de la colonia holandesa de Pensilvania, y del dueño de la fábrica, Gary Pleam, cuyo tatarabuelo construyó un molino de agua en 1873 para dar energía a la fábrica de sombreros que se convertiría en Mohnton Mills en 1906.

El primer trabajo de Deysher fue poner elástico en la parte de la cintura de la ropa interior, cuando los atuendos producidos en masa eran el pan de cada día de la empresa. Cuando la producción de bienes básicos se fue al extranjero, Mohnton Knitting Mills fundó un nicho de trabajos personalizados para clientes de boutiques como Small Trades, en donde se crean playeras de hilo cardado de alta calidad. Actualmente, Deysher es la supervisora de planta de costura quien “hace que todo funcione”, dijo Pleam.

Así que, ésta es la pregunta: ¿conocer la historia de Deysher, la historia de Mohnton Knitting Mills, o el compromiso de una boutique de vender sus piezas te hace más propenso a comprar una playera de Small Trades; cuyo precio base es de 50 dólares (651.9 pesos)?

Un montón de marcas y tiendas minoristas apuestan por eso, al esperar que los clientes paguen una prima por las historias detrás de sus marcas, y que sus esfuerzos reflejen el movimiento de la granja a la mesa.

Weiss dice que es una buena fórmula para su negocio.

“Sabes que los apoyas. Te hace sentir bien”, dijo. “No hay nada como tener esa relación personal. Puedo hablar con Gary en el teléfono en el mismo huso horario o manejar a la fábrica si tengo que hacerlo”.

"A las personas les importa de dónde viene su ropa”

Small Trades es solo una marca que se presentará en Zady, un sitio de compras que lanza una semana dedicada a la transparencia en moda. La cofundadora de Zady, Soraya Darabi, dice que el precio de los bienes que muestran realmente no es un lujo. Es simplemente un precio justo para productos de calidad fabricados por empleados habilidosos como Deysher y vendidos por dueños de negocios como Weiss.

“La locura por el consumo rápido de moda tiene graves consecuencias en la calidad de la ropa y las condiciones justas de trabajo para los trabajadores de fábricas. Lo vemos una y otra vez en desastres de fábrica en todo el mundo”, dijo Darabi. “A las personas les importa de dónde viene su ropa, y quieren conocer la historia detrás de la marca”.

Los compradores preocupados con el tratamiento ético de los trabajadores de la confección y con lo que ocurre con sus camisetas y playeras muestran más interés en saber de dónde viene su ropa.

Una serie de incidentes mortales en el año pasado en fábricas en el extranjero generó indignación y peticiones para que las empresas mejoren sus condiciones y supervisión.

Después de que el colapso de un edificio en abril matara a más de 400 empleados de fábrica en el distrito de ropa de Bangladesh, más de 1 millón de personas firmaron una petición internacional en línea en la que se instaba a las empresas a comprometerse en un acuerdo exigible de seguridad en los edificios y en contra de incendios.

Los compradores indignados también registraron su molestia en las redes sociales de las empresas.

Las grandes tiendas minoristas estadounidenses anunciaron un plan para mejorar las condiciones de seguridad en fábricas de ropa en Bangladesh en julio, y las empresas en todo el mundo se comprometieron a mejorar las condiciones de seguridad de los trabajadores a través del financiamiento, inspecciones y entrenamiento.

LEER: H&M y Zara firman pacto de seguridad industrial en Bangladesh

¿Pero esa indignación se traduce a un consumo consciente? Incluso las personas dedicadas al tema dicen que es difícil saberlo.

Los cofundadores Darabi y Maxine Bédat dicen que su objetivo son las personas como ellos, compradores con consciencia social y de estilo, que han crecido más allá de su guardarropa a la moda de bienes baratos. Dicen que buscan construir una colección atemporal de piezas de calidad por las que se puedan sentir bien.

Su meta no solo es vender cosas, sino comenzar un movimiento, uno que comparan con lo que Whole Foods hizo por la comida local y orgánica, dijo Bédat.

“Hemos visto a través del movimiento de la granja a la mesa que las personas se preocupan por saber de dónde viene su comida”, dijo. “Intentamos llegar a esas personas”.

Elizabeth Cline, autora de Overdressed: The Shockingly High Cost of Cheap Fashion, concuerda en que el movimiento de comida local muestra que los clientes están dispuestos a pagar más por transparencia; y una buena historia.

“Los clientes quieren sentir como si respaldan a algo positivo y auténtico, no solo que rechacen a algo negativo cuando compran”, dijo.

“Hasta ahora, la historia de una ropa ética que era libre de explotación u orgánica”, dijo Cline, “pero lo que le faltaba era una historia humana auténtica y buena sobre las personas que diseñan y fabrican ropa”.

La historia detrás de la ropa

Zady es solo una marca que intenta contar las historias del origen de la ropa. La marca Patagonia ha promocionado durante mucho tiempo su dedicación a promover “prácticas justas de trabajo y condiciones seguras de trabajo”, a través de información detallada en su sitio web.

Varias tiendas electrónicas con un fuerte énfasis en productos hechos en Estados Unidos, como Made Collection y Huckberry, enfatizan las historias de fabricantes con abastecimiento y fabricación transparentes.

Los ejecutivos detrás de la marca estadounidense Everlene dieron un recorrido a las fábricas chinas que hacen sus playeras de seda, abrigos de cachemira y bolsas de lona, y documentaron la visita en las cuentas de Tumblr e Instagram de la empresa.

El fundador de Everlane, Michael Preysman, dijo que la “transparencia radical” era la filosofía de la empresa desde el comienzo, y estableció un patrón de precios transparentes, lista de costos y márgenes de beneficio para cada uno de sus productos. 

El hecho de mostrar en dónde se hacía la ropa parecía ser naturalmente el siguiente paso, dijo. Preysman y sus colegas pasaron meses en la búsqueda de los fabricantes ideales para cada producto, así que ¿por qué no compartir esa información con sus clientes?

“Los precios transparentes y fabricación ética son parte de nuestros principales valores como empresa, porque creemos que conllevan a mejores productos”, dijo.

Algunos lo llaman moda lenta, moda ética o consumo consciente. Brad Bennett utiliza el término “fabricado honestamente” para describir a los bienes que se muestran en su sitio, Well Spent, que comenzó en 2009 con la meta de promocionar productos que son “atractivos, costeables y hechos en Estados Unidos o en condiciones similares de primer mundo/sin trabajo forzado”.

Cuando Bennett comenzó su sitio web, “ser verde” todavía era la gran tendencia, dijo.

Hoy en día, a las personas parece importarles menos las propiedades ecológicas de los bienes que compran y se preocupan más por saber en dónde son fabricados. Es por eso que algunas marcas reconocidas, incluidas Apple, Motorola y Levis, están comenzando a fabricar algunos de sus productos en Estados Unidos, dijo.

“Creo que el hecho de que sitios como el mío puedan prosperar es prueba de que hay una demanda de bienes fabricados éticamente”, agregó. “Más y más personas quieren conocer la historia detrás de su ropa, y acuden a internet para encontrarla”.

Encontrar historias de incertidumbre

Este mes, Bédat y Darabi y la fundadora de Small Trades, Robin Weiss, viajaron para visitar la fabrica Mohnton Knitting Mills.

Vestidos con ropa y joyería de las marcas asociadas a Zady, incluidas las playeras Small Trades, los diseñadores saludaron al dueño de la fábrica, Gary Pleam, a las afueras de la oficina principal, en donde cuelga una imagen en blanco y negro de la fábrica que data de 1950.

Cuando se lance esta semana, Zady incluirá información sobre dónde se fabrican sus productos, las fuentes de sus materias primas y una historia sobre el origen de cada marca.

Zady también asigna a cada marca distintas insignias de “criterios de sustentabilidad”, como origen local, hecho en Estados Unidos, ambientalmente consciente o hecho a mano.

Las visitas a la fábrica y al taller son parte del proceso de aprobación de Zady, aunque no ha finalizado las visitas para todas sus 45 marcas asociadas, especialmente aquellas que se encuentran en Europa. En esos casos, se basa en documentación que de fe del compromiso de la empresa de crear productos de calidad con métodos sustentables.

Pleam los guió a través del proceso de fabricar atuendos, mientras que Bédat, una exempleada en el Tribunal Criminal Internacional para Ruanda, tomaba notas sobre las fuentes de algodón y cómo funcionan las máquinas de tejido.

Darabi, una estratega digital que trabajó en el periódico The New York Times y cofundó la aplicación Foodspotting, tuiteó imágenes del recorrido y publicó fotografías a Instagram: premios que colgaban de las paredes de la oficina de Pleam, una fotografía de su tatarabuelo Aaron Hornberger, paquetes de tela tejida, calendarios que cuelgan de las estaciones de trabajo.

También, grabaron un video de Adnan Azar mientras cortaba patrones para playeras y de Beverly Deysher mientras cosía playeras a rayas.

Durante el almuerzo en el área de descanso de empleados adyacente a la planta de costura, Pleam relató las batallas del negocio en la última década.

El último año que fue bueno para el negocio fue en 1998, dijo Pleam. Desde ese entonces, despidió a la mayoría de su fuerza laboral y redujo sus beneficios, aunque intentó compensarlo al incrementar un 1.50 dólares (19.50 pesos) los salarios por hora para que sus trabajadores pudieran pagar su propio seguro.

Hoy en día, la fábrica emplea a 20 trabajadores de tiempo completo y de medio tiempo, incluido su hijo.

Si Pleam pudiera hacerlo de nuevo, lo haría igual, dijo, porque el negocio fue bueno la mayoría del tiempo, y se rieron mucho en el trabajo, tuvieron picnics con el personal y almorzaban hot dogs los viernes. 

Mientras iban a casa, Darabi dijo que la visita fue alentadora, pero triste. Encontraron una “historia oculta” en la fábrica, algo genuino y bueno. Pero también fue una historia de lucha e incertidumbre.

“Simplemente es tan duro”, dijo. “El hecho de que no esté seguro sobre su futuro, el futuro de su hijo…”, dijo mientras su voz se apagaba. “Solo nos da impulso y motivación para hacer el trabajo de Zady”.

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“Encarna lo que intentan hacer”, añadió Bédat, “llevar prosperidad a la herencia y compartir sus historias”.

 

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