Una mujer combate la 'comida basura' y cultiva alimentos para los pobres

Robin Emmons decidió convertir su jardín en un huerto para llevar frutas y verduras frescas a quienes tienen poco dinero
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Autor: Kathleen Toner
(Reuters) -

Durante más de una década, Robin Emmons sintió impotencia mientras su hermano mayor vivía en las calles y comía lo que encontraba en la basura.

En repetidas ocasiones trató de obtener ayuda para su enfermedad mental, pero las autoridades le dijeron que no había nada que pudieran hacer.

Después de que lo arrestaron en 2008 por ocasionar daños a un automóvil ajeno durante un episodio de esquizofrenia, ella pudo convertirse por fin en su tutora legal y llevarlo a una casa de reinserción social con servicios psiquiátricos.

Sin embargo, a medida que observaba que su salud mental mejoraba, se percató de que su salud física empeoraba.

"Descubrí que estaba a punto de enfermarse de diabetes", dijo. "Él nunca estuvo así, incluso cuando era indigente".

Investigó y descubrió que la organización no lucrativa lo alimentaba con comida empacada y enlatada, ya que no tenía recursos para comprar frutas y verduras frescas.

"Yo tenía un jardín pequeño, así que pensé, 'Bueno, pues sembraré un poco más'", dijo Emmons. "Empecé a hacer entregas semanales de lo que iba cultivando".

Sin embargo, pronto pudo darse cuenta de que el problema iba más allá de la casa de transición de su hermano. Mientras los mercados de campesinos brotaban en diferentes lugares de la ciudad, notó que en los barrios de bajos ingresos y de la clase trabajadora había pocas tiendas de abarrotes o lugares para comprar frutas y verduras frescas.

"Si no vives en una zona adinerada de la ciudad, tus mejores opciones son el menú de un dólar o la tienda de conveniencia de la gasolinera", dijo Emmons.

Para los residentes que no tenían transporte, comprar comida saludable era todavía más difícil.

"Tal vez tendrían que caminar demasiado o tener que pedir prestado un automóvil o tomar el autobús", explicó Emmons. "En ocasiones, una vez que llegan, han pagado un precio muy alto por la comida".

Un estudio reciente de la Universidad de Carolina del Norte, con sede en Charlotte, confirmó sus ideas. Demostró que más de 72,000 residentes citadinos de bajos ingresos, muchos de los cuales pertenecen a minorías, viven en "desiertos de comida": áreas en las que no hay un supermercado cerca donde se pueda comprar comida fresca. También enfrentaban un riesgo mayor como enfermedades cardiovasculares y muerte prematura.

El acceso a la comida fresca es un problema para muchas comunidades a lo largo de Estados Unidos. De acuerdo con el Departamento de Agricultura, casi 10% de la población de Estados Unidos vive en áreas de bajos ingresos a más de 1.5 kilómetros de un supermercado.

Descubrir este problema inspiró algo en Emmons, quien recientemente había dejado su trabajo formal para dedicarse a algo más significativo.

"Realmente pensaba que esto era una injusticia, la comida sana es un derecho humano fundamental", dijo. "Decidí convertir mi patio trasero en un huerto y desde entonces todo ha crecido".

Hoy Emmons tiene 200 voluntarios que le ayudan a cuidar las 3.5 hectáreas de huertos que tiene en tres lugares diferentes. Desde 2008, dice, su organización sin fines de lucro, Sow Much Good, ha cultivado más de 11,700 kilogramos de frutas y verduras frescas para comunidades poco afortunadas en Charlotte.

Al principio, Emmons donaba sus frutas y verduras cultivadas sin químicos en la localidad a las iglesias y bodegas de comida. Sin embargo, pronto comenzó a venderlas de manera directa en los barrios que más las necesitaban, según sus cálculos, a la mitad de lo que cuestan los productos orgánicos que se venden en tiendas.

Con su sonrisa de 1000 kilowatts y su energía ilimitada, algunos podrían considerar a Emmons una embajadora de buena voluntad para la alimentación sana. Argumenta que sus productos (desde pepinos hasta sandías y moras) se venden solos, aunque su entusiasmo no sobra.

"Todos están emocionados por los ejotes", le dice a un cliente. "¿Cómo los prepararás?".

Se esfuerza por hacer que la comida sea lo más barata posible. La gente también puede utilizar sus cupones de comida para comprar todo lo que ella vende, incluso semillas y vástagos que ellos mismos pueden cultivar.

Emmons y sus voluntarios también distribuyen recetas e invitan a los clientes a las demostraciones gratuitas de cocina y clases de enlatado. Todo es parte de su misión para ayudar a las personas a controlar lo que comen y cómo mejorar su salud.

Y los clientes parecen querer todo lo que Emmons y su grupo ofrecen.

"Estamos muy emocionados por la respuesta de la comunidad", dijo Emmons. "Incluso en enero de este año ya nos estaban llamado y preguntando cuándo iríamos a la comunidad".

Brandy Bolin dice que fue una adicta a la comida chatarra durante gran parte de su vida hasta que le diagnosticaron diabetes hace seis meses. Inmediatamente prometió que la comida sana sería un hábito para ella y su hija de 11 años. Pero debido a que es desempleada y está en espera de que aprueben su discapacidad, no siempre es fácil.

"Tratamos de comer lo mejor que podemos, pero frecuentemente tenemos que ahorrar", dijo Bolin, de 38 años. "Algunas veces, eso significa comprar macarrones con queso de 1.49 dólares (unos 19 pesos) y no gastar cinco dólares (63.76 pesos) en verduras".

Desde que Bolin descubrió el puesto de verdura y frutas de Emmons este verano, lo ha visitado prácticamente todas la ocasiones que ha abierto.

"No podía creer cuántas verduras frescas y hermosas hay, además el precio es fenomenal", dijo Brolin. "Hace que mi familia y yo seamos más sanos".

Mantener en operación este esfuerzo, es una labor de amor para Emmons, que lo hizo de manera gratuita durante años antes de tener que recibir un pequeño salario recientemente. Pero ella dice que el trabajo la ha reconectado con los ideales e intereses que ha tenido durante toda su vida.

Emmons no tenía mucho dinero al crecer en Boston, pero sus padres manejaban 48 kilómetros para asegurarse de que su familia comiera frutas y verduras. Llevó ese compromiso con la alimentación sana hasta la edad adulta, cuando empezó a cultivar en Charlotte.

"Había mucho ensayo y error", dijo. "Pero estaba fascinada con el milagro de dejar caer una semilla al suelo, verla florecer y dar frutos. Era muy satisfactorio".

Emmons también se ha convertido en una apicultora certificada, de manera que también tiene miel en su puesto. Y su nueva iniciativa CSA, Community Supported Initiative, entrega cajas de frutas y verduras frescas cada semana a diferentes familias.

Ha captado el apoyo de la localidad para su organización no lucrativa, incluyendo a un granjero que le enseñó a manejar un tractor y que le permite cultivar comida en su terreno.

En agosto abrió un puesto permanente en un terreno donado por la compañía de Carolina del Norte, Martin Marietta. Planea abrir un centro educativo donde pueda dar clases y organizar eventos para promover un estilo de vida saludable.

Eventualmente, a Emmons le gustaría ampliar su organización a lo largo de todo el país y combatir los desiertos de comida donde existan. Por ahora, está dedicada a ayudar a los residentes de Charlotte.

"Cuando veo a la gente que viene al puesto siento una gran satisfacción", dijo. "Siento que les estoy dando un regalo: una vida más saludable, larga y deliciosa".

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