Si sospecho que tengo cáncer de mama, ¿dónde me atiendo?

La atención para el cáncer de mama es gratuita y está disponible en casi todas las entidades mexicanas, pero todavía faltan especialistas
Un gen aumenta el riesgo de tener cáncer de mama
Autor: Nonantzin Martínez | Otra fuente: CNNMéxico

El diagnóstico de cáncer de mama no es una sentencia de muerte. Cuando la enfermedad es detectada en sus fases iniciales y se inicia tratamiento oportunamente, las probabilidades de supervivencia son más altas que las de fatalidad. Pero, ¿qué oportunidad tienen de obtener tratamiento quienes viven en comunidades alejadas y pobres?

Solamente el 16% de las mujeres de 40 a 49 años de áreas rurales en México se había realizado una mastografía en el último año, según datos recogidos en 2007. De ellas, solamente el 60% de las que presentaron resultados anormales se sometió a seguimiento médico, según el estudio, que analizó una población de 8,753 mujeres, publicado en 2009 por el Instituto Nacional de Salud Pública.

En contraste, aproximadamente el 22% de las mujeres a nivel nacional se realizan una mastografía como recomiendan los médicos.

La Norma Oficial Mexicana, que establece las reglas de atención y operación de diversas industrias, en este caso la de atención a la salud y sanidad, en el país, indica que se debe realizar una mastografía anual o bianual en mujeres de 40 a 49 años con factores de riesgo, y una vez al año para las de 50 años y más.

Las intervenciones de detección temprana son muy limitadas. De acuerdo con el Instituto Nacional de Cancerología, más del 60% de los casos diagnosticados se detectan tardíamente, lo cual implica tratamientos más caros y menores probabilidades de recuperación y supervivencia.

En las fases avanzadas, las probabilidades de curación del cáncer de mama son de solo el 35%, según indica la asociación civil Instituto de Enfermedades de la Mama FUCAM.

Servicios de salud pública

En México, la seguridad social cubre a más de 69 millones de pacientes por medio de los servicios que ofrece el sistema de salud pública a través del IMSS, ISSSTE, Petróleos Mexicanos, Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina y Servicios Estatales, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Esta red se complementa con el Seguro Popular, creado en 2001 para cubrir el déficit en la seguridad social. Este ofrece tratamiento de cáncer de mama y beneficios como prótesis mamarias externas para sus afiliados.

Aunque el potencial de afiliación al Seguro Popular son más de 50 millones de personas, solamente 12 se habían afiliado hasta marzo de 2012 (el dato más reciente disponible), según el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEPF).

El primer paso para detectar el potencial cáncer de mama es acudir a la clínica de salud más cercana. Si en esta se detecta probabilidad de cáncer, se puede referir a la paciente a alguno de los Centros Estatales de Cáncer que se encuentran en 27 entidades del país.

Tanto ahí como en algunos hospitales generales se realizan los diagnósticos, se llevan a cabo cirugías oncológicas y se da quimioterapia y radioterapia, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). Estos hospitales atienden a los pacientes que van referidos tanto del sistema de salud pública como del Seguro Popular.

A la par de los servicios de salud, existen otros organismos gubernamentales que trabajan para que los esfuerzos contra el cáncer de mama incluyan a poblaciones desprotegidas, como el Instituto Nacional de las Mujeres y los Institutos de la Mujer de cada estado, que tienen la labor de promover jornadas para la prevención, ofrecer mastografías gratuitas y estudios complementarios, así como canalizar a las pacientes a los hospitales. Incluso existe la posibilidad de un acompañamiento psicológico y emocional. Un ejemplo de estos programas es el Programa de Atención Integral del Cáncer de Mama (PAICMA) del Distrito Federal.

Pese a estos recursos, acceder a un servicio de salud no es tarea fácil para las mujeres de algunas comunidades remotas, ya sea por la lejanía o por la falta de transporte o de caminos apropiados; por cuestiones culturales (como la desconfianza hacia la medicina o a los aparatos empleados en las revisiones, incluido el rechazo a que un médico varón las toque) e incluso por el desconocimiento del derecho a la atención médica.

La lucha de la sociedad civil

Además de los organismos de gobierno, algunas organizaciones civiles y de iniciativa privada con patrocinios buscan llevar las herramientas de atención al mayor número de mujeres.

Fundación Cimab es una las asociaciones que participa en el combate al cáncer de mama, apoyando no solo a pacientes que viven en zonas urbanas, sino también en comunidades marginadas.

Karla Unger, asesor científico y responsable de programas comunitarios, explica que desde 2006 se promueve la cultura del autocuidado y se facilita el acceso a los servicios de salud y de detección oportuna en mujeres que viven en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica.

“Hemos implementado una estrategia didáctica para formar promotoras de salud con las mujeres de las comunidades interesadas en hablar sobre la enfermedad, lo que incluye talleres de educación participativa. También ofrecemos servicios de exploración clínica mamaria y mastografías, así como el seguimiento a las pacientes para la confirmación del diagnóstico, para posteriormente referirlas a una institución oncológica en caso de resultar positivo. La meta es sensibilizar a la población y empoderar a las mujeres para que demanden los servicios de salud a los que tienen derecho”, dice Unger.

A la fecha, Cimab ha capacitado a 1053 promotoras, sensibilizado a 52,247 personas y facilitado el acceso a 7,786 mastografías desde 2002. Actualmente ofrecen programas de atención en comunidades de Hidalgo y de zonas de alta marginación urbana de Monterrey.

Otra organización que brinda apoyos a las mujeres es el Instituto de Enfermedades de la Mama FUCAM, que en 2005 implementó el primer programa de detección oportuna del cáncer de mama a través de la mastografía de pesquisa (que se hace a mujeres mayores de 40 años sin síntomas, para lograr detecciones en etapas tempranas) en unidades móviles en México.

Estos vehículos se acercan al lugar de trabajo o de vivienda de las mujeres de bajos recursos y de zonas marginadas. El instituto cuenta con seis unidades equipadas con dos mastógrafos cada una; han patrocinado más de 80,000 mastografías gratuitas en zonas marginadas del Distrito Federal desde 2005.

De cara a la realidad

A pesar de los centros de detección y atención del cáncer de mama en México mencionados anteriormente, el sistema de salud todavía carece de los recursos humanos para atender con mastografías a toda la población en riesgo. Al día de hoy, la Secretaría de Salud cuenta con 452 mastógrafos en el país, pero con ello cubre menos del 5% de la población, de acuerdo con el programa contra el cáncer de mama, inscrito en sus Programas de Acción Específicos 2007-2012.

La meta del Programa Nacional de Salud, según se plantea en ese mismo documento, era tener una cobertura de mastografías del 21.6% en 2012. El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de la Secretaría de Salud, Pablo Kuri Morales, dijo en conferencia de prensa en 2012 que efectivamente se atiende al 21.6% de la población mayor de 40 años (una de cada 5).

Sin embargo, faltan radiooncólogos. Actualmente en todo el país hay 124 especialistas capacitados para interpretar las mastografías, según Kuri; aproximadamente uno por cada millón de habitantes. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud señala que se requieren de cuatro a siete por cada millón de habitantes.

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La falta de radiólogos especialistas en mastografía demerita el control de calidad de las mastografías.

Estos especialistas son los encargados de garantizar la calidad de la imagen diagnóstica, optimizar la dosis impartida al paciente durante el estudio, y verificar que durante este proceso se apliquen las medidas de protección radiológica pertinentes, según el Reporte Rosa 2009-2010, publicado en México por varios especialistas de instituciones como Cimab, la Sociedad Mexicana de Oncología y la Sociedad Estadounidense del Cáncer. 

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