La historia de Luana, de 6 años, la transexual más joven de Argentina

La mamá de la pequeña acaba de escribir un libro contando su experiencia para que otros padres en una situación similar salgan adelante
Un niño de seis años cambia de sexo en Argentina
Autor: José Manuel Rodríguez | Otra fuente: CNN Español

El 9 de octubre de 2013, una argentina de seis años se convirtió en la primera niña del mundo en recibir documentos oficiales que reflejan su cambio de identidad de género y su nuevo nombre, sin haber recurrido a los tribunales. Fue el punto final de un proceso iniciado en el 2011 para Luana, que al año y ocho meses dijo: “Yo, nena'".

Nació varón y es el transexual más joven de Argentina. Vive en los suburbios de Buenos Aires y cuando le dijo a su madre que quería ser mujer, ella no vaciló en apoyarlo.

Debieron enfrentar la discriminación del barrio y en la escuela, pero hoy Luana es una niña feliz, querida y aceptada.

Gabriela Mansilla, la madre, dijo que "Luana empezó a manifestar su disconformidad con el género antes de los dos años”.

“No dormía, al año y medio se le caía el pelo, estaba llorando todo el tiempo, tenía pesadillas, no era un niño feliz, se le notaba y lo manifestaba constantemente hasta que al año y ocho meses me dijo: yo nena, yo princesa".

El proceso no fue sencillo.

"El miedo más grande que tuve fue cuando se hundió los genitales, el penecito se le hundió, se lo hizo desaparecer y me dijo así quiero mamá, no quiero pene, entonces ante el miedo de que mi hijo en ese momento se lastime de todo lo que físicamente le estaba pasando, psicológicamente estaba destruido, me parece que hay que aceptarlos, hay que escucharlos, hay que acompañarlos a estos niños porque la mayoría de los transexuales en la madurez piensan en suicidio por haber tenido una infancia desastrosa", explicó Mansilla.

En su barrio han sentido cierta hostilidad, pero los vecinos una vez que han conocido su caso han comprendido su historia.

Ahora, según relata su madre, Luana es aceptada plenamente por sus compañeros de clase y apoyada por sus maestras.

"Luana está feliz, Luana es una nena que desborda felicidad, está contenta, baila, canta. Esta cómoda, es respetada, entonces dejo de ser triste, introvertida, un niño dolido, me parecía un perrito apaleado, escondido detrás de las puertas, escondido abajo de la cama."

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Algunos expertos le aconsejaron a la madre que reprimiera los impulsos de su hijo, pero ella desoyó esas recomendaciones. Otros sicólogos recomiendan escuchar y acompañar a sus niños.

Hoy Luana, su hermano mellizo y su madre conforman una familia feliz. Gabriela acaba de escribir un libro contando su experiencia con su hija para que otros padres que pasen por una situación similar puedan salir adelante.

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