Las raíces de nuestros temores a epidemias como la del ébola

La narrativa de películas y libros nos lleva a creer que una epidemia podría desarrollarse como algo mortal
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Stephanie Smith
Autor: Stephanie Smith
(Reuters) -

La epidemia de ébola en África occidental se desarrolla ante los ojos del mundo. Cada nueva actualización sobre la propagación de la enfermedad es intensa; cada nuevo detalle se relaciona con un broche de oro dramático. El brote de ébola llega a casa, se lee en un encabezado; El brote de ébola está ‘fuera de control’, dice otro.

Mientras tanto, este martes, trabajadores con trajes especiales cuidadosamente transportaban a un segundo paciente estadounidense con la enfermedad a un hospital de Atlanta para su tratamiento.

No es de extrañarse que las personas estén asustadas por el ébola a pesar del hecho de que un brote nunca ha ocurrido en un país desarrollado.

“¿Qué pasa si el ébola simplemente nos desaparece”, preguntó un usuario de Twitter.

Nuestros temores son reflejos de una narrativa de enfermedades infecciosas dirigida al público durante años; por parte de funcionarios de salud, los medios y a través de una potente historia ofrecida en películas y libros sobre “el bicho o virus que nos asesina a todos”, dicen los expertos.

El drama de la infección, y la horrible muerte causada por el ébola, solo se añaden a nuestra atención morbosa.

"Estamos fascinados por las epidemias”, dice Philip Alcabes, director del programa de salud pública en el Centro para la Innovación de Salud de la Universidad Adelphi en Estados Unidos. “Lo que vemos de este lado del océano es a gente pobre que muere, y médicos y asistentes de salud con trajes espaciales.

"Se ve como en las películas, y hemos sido preparados para una respuesta cinemática”, dijo; para que la trama se desarrolle casi como en una película.

"Las personas perciben esto como una enfermedad muy dramática”, dijo David Quammen, un escritor de ciencia y autor de Spillover: Animal Infections and the Next Human Pandemic.

"Existe casi un temor histérico sobre el ébola a nombre de personas distantes en países desarrollados que piensan, ‘esto va a venir y nos va a atrapar’”.

La histeria tiende a afianzar, según los expertos, el momento en el que funcionarios de salud etiquetan a un brote de una enfermedad como una epidemia o pandemia.

Priscilla Wald, autora de Contagious: Cultures, Carriers, and the Outbreak Narrative, y una profesora de Inglés en la Universidad Duke de Estados Unidos, dice que estos pronunciamientos a menudo son el comienzo de una “narrativa de brote”.

"Una enfermedad aterradora, fácilmente transmitida, se extiende de un país en desarrollo y amenaza con volverse apocalíptica”, dice, resumiendo la trama de películas como Epidemia y libros como Zona caliente.

“Esa historia ha sido contada tantas veces, incluso cuando las personas escuchan un pedazo de esa historia, ese elemento puede evocar toda la narrativa”, dice.

Confundir imágenes de película con la realidad, y ver esas mismas imágenes en un ciclo a través de noticieros, puede explicar las raíces de nuestros temores sobre enfermedades infecciosas generalmente, pero hay una cualidad más profunda para nuestra consternación sobre el ébola.

"El ébola es la enfermedad que las personas en todo el mundo aman temer”, dice Quammen, al añadir que el brote de SARS en 2003 infectó a miles de personas más que el actual brote de ébola, sin embargo, causó menos preocupaciones.

"El SARS no era tan dramático en términos de síntomas”, dijo. “No era tan vívidamente espantoso como a veces esta enfermedad lo es”.

Una infección de ébola puede causar una hemorragia interna. Un lector en línea lo interpretó como si “…tus órganos internos se pudrieran en una pasta sangrienta y vivieras con eso”. 

Alcabes dice, “a veces estamos morbosamente fascinados con las enfermedades que desfiguran”.

Alcabes, autor de Dread: How Fear and Fantasy Have Fueled Epidemics from the Black Death to Avian Flu, compara las actitudes actuales sobre el ébola con cómo las personas hace décadas temían a la lepra, otra enfermedad que no es altamente contagiosa. Nuestra ansiedad tiende a ensombrecer hechos sobre la enfermedad que podrían atemperar nuestro malestar, dice.

Los brotes de ébola ocurrieron solamente esporádicamente desde que las cepas del virus fueron identificadas por primera vez a mediados de la década de 1970. Los brotes tienden a aparecer, lo que afecta a solo cientos de personas y eventualmente se esfuman. (Considerando esa historia, el brote actual que ha matado a más de 900 personas podría ser emitido como una anomalía inquietante).

Cuando un brote de ébola es investigado, la fuente de una infección usualmente señala a un animal. El virus infecta a, digamos, un chimpancé o gorila, y un humano que tiene contacto cercano con ese animal contrae la infección.

Estar en contacto con, o comer, los tipos de animales que tienen la infección de ébola sería un escenario altamente inusual en Estados Unidos; tan inusual como la infección masiva de humano a humano.

Aun así, la ambivalencia no es la actitud que debemos tener en lo que se refiere a enfermedades como el ébola, dice Wald, el autor de Contagious. Debemos tener un nivel de deferencia a la virulencia del ébola; mata a entre 60% y 90% de las personas a las que infecta.

Al mismo tiempo, debe reconocerse que contraer la infección es difícil.

"¿Debes tener miedo? Sí y no”, dice Wald. “No debes ser insensible a la situación. Debes experimentar un nivel apropiado de preocupación sin permitir que se convierta en pánico nada realista”.

Quammen dice, “(las personas) deben tener miedo en una forma racional. Pero estar simplemente aterrado de que esto es un monstruo que va a venir y que nos va a atrapar es ignorante e inadecuado”.

El ébola es horrible, añade, “pero ha matado a muchas menos personas que las cosas que creemos son enfermedades mundanas como el sarampión, la influenza y la malaria”.

En otras palabras, Quammen dice que no creamos el mito cultural, el tipo de drama que impregnó la conversación sobre el ébola. Para algunos, eso podría ser más fácil decirlo que hacerlo.

La dificultad de acorralar nuestros temores es que en la raíz de nuestra desesperación está algo que potencialmente es básico, incluso natural. Quizá los temores al ébola son un sustituto de preguntas más difíciles que subconscientemente nos planteamos sobre nuestra muerte colectiva.

"Los humanos le tememos a la muerte”, dice Alcabes en su libro. “Es solo natural que la mortalidad masiva traída por la gran plaga nos atemorice”.

Quammen, quien también escribió extensivamente sobre los temores de El grande; el virus que podría extinguirnos, dice que el ébola no será este.

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En una editorial reciente de The New York Times, dijo que el ébola no es “…una pandemia incipiente destinada a dar la vuelta al mundo, como algunos observadores ansiosos podrían imaginar. Es una miseria muy sombría y loca, que cayó en un pequeño grupo de desafortunados africanos occidentales, con los cuales debemos sentir empatía y seguir enviando ayuda.

"No se trata de nuestros temores y miedos. Se trata de ellos”.

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