Depresión y ansiedad: las enfermedades silenciosas en niños y adolescentes

Estas dos enfermedades pueden ser difíciles de detectar en los más jóvenes ya que tienden a no hablar sobre sus problemas
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Kelly Wallace
Autor: Kelly Wallace
(Reuters) -

Cuando perdemos a una superestrella querida como Robin Williams por un aparente suicidio y nos enteramos de que luchó contra la depresión gravemente antes de su muerte, es natural pensar en nuestros seres queridos.

Podríamos observar a nuestros familiares adultos y amigos que sufren e intentar darles la ayuda que necesitan, pero lo que podríamos no ver es que los niños y adolescentes también pueden deprimirse y tener ansiedad.

Y es más común de lo que probablemente nos percatamos.

En cualquier día, según estudios, se estima que aproximadamente el 2% de los niños en edad primaria y aproximadamente el 8% de los adolescentes tienen una gran depresión, y uno de cada cinco adolescentes tuvo una historia de depresión en algún momento, según la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales de Estados Unidos.

En México una de cada cuatro personas ha presentado al menos un trastorno mental siendo la depresión la segunda más común según el estudio Trastornos psiquiátricos en México: prevalencia a lo largo de la vida en una muestra representativa nacionalmente

Pero ¿cómo diferencia un padre entre lo que podría considerarse irritabilidad normal y mal humor, especialmente durante esos años adolescentes, y señales de que algo más serio está pasando?

"Creo que debes comenzar a preocuparte… cada vez que haya un cambio suficiente para decir, ‘oh por Dios parece que no son ellos’”, dijo el médico Charles Raison, un profesor de Psiquiatría en el Colegio de Medicina de la Universidad de Arizona en Estados Unidos.

Raison dice que el tiempo es clave; los padres deben actuar si durante dos a tres semanas sus hijos “incesantemente tristes”, sintiéndose desesperanzados y negativos, si comienzan a dejar a sus amigos y actividades, y si experimentan cambios dramáticos en el sueño.

Los adolescentes con depresión podrían tener dificultades para dormir, al no poder dormir después de que se despiertan en medio de la noche o despiertan muy temprano en la mañana. En el otro lado del espectro, podrían dormir demasiado, a veces durmiendo 12 horas o más, según los psiquiatras.

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Para los niños, detectar la depresión es “más complicado” para los padres, dijo Raison, debido a que no muestran necesariamente los mismos signos de depresión que los adolescentes y adultos.

"Mientras más pequeño sea el niño, más revueltos pueden estar los síntomas”, dijo. “Fácilmente se molestan. Lloran más. Tienen miedo de dormir solos en la noche. Se vuelven irritables. Actúan más”.

En los niños, los padres probablemente no verán el “patrón clásico depresivo”, dijo Raison.

"Pero todavía buscas esa misma idea, que es que si tu hijo muestre un cambio real para adaptarse en sus emociones (y) su comportamiento, necesitas poner atención porque algo no está bien”.

Melissa Atkins Wardy, una madre de dos niños en Janesville, Wisconsin, Estados Unidos, y autora de Redifining Girly, dijo que nunca estuvo consciente de que niños tan pequeños como su hija Amelia, quien ahora tiene ocho años, podían desarrollar ansiedad por una experiencia traumática.

Pero a la mitad de primer grado, Amelia dijo que no quería ir a la escuela, y la renuencia a ir a la escuela “se convirtió en lágrimas y náuseas cada día y después lágrimas y preocupaciones a la hora de dormir”, dijo Atkins Wardy, fundadora y CEO de la empresa, Pigtail Pals & Ballcap Buddies, que crea camisetas de empoderamiento para niños y niñas.

"Eventualmente las cosas empeoraron en segundo grado cuando se dio cuenta”, dijo. “Era como si su infancia feliz hubiera sido tragada por un agujero negro”.

Su hija eventualmente fue diagnosticada con ansiedad general y ha visto a un terapeuta “maravilloso” durante aproximadamente un año, dijo Atkins Wardy.

Cuando se necesita ayuda

Atkins Wardy sabía que algo estaba mal y eventualmente buscó ayuda profesional, pero a menudo los padres buscan tranquilidad diciéndose que su hijo crecerá o mejorará, dijo el médico Robert Hendren, director de Psiquiatría Infantil y Adolescente en la Universidad de California, San Francisco, en Estados Unidos.

Cuando el comportamiento dura semanas, realmente es tiempo de evaluar qué ocurre, dijo Hendren.

El primer paso en el caso de preadolescentes y adolescentes es ser directo y discutir el problema, preguntarles, por ejemplo, cómo se sienten y si algo les ocurrió para que se sintieran inusualmente tristes, dijo.

"La mayoría de los adolescentes contestará”, dijo Hendren, quien también es expresidente de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente. “Una de las cosas que aprendemos mucho como proveedores de salud es que la mayoría de los niños que no nos damos cuenta que tienen depresión y que podrían estar en riesgo de suicidio son los niños a los que nunca se les preguntó nada”.

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Los padres también pueden recibir más información al hablar con las personas alrededor de sus hijos; maestros, entrenadores, directores, incluso padres de amigos.

"El padre intenta juntar datos: ‘¿mi hijo solo actúa infeliz, extrañamente infeliz en casa, o es notado afuera?’ porque… si también es afuera, entonces hablamos de un problema más grande”, dijo el psicólogo Carl Pickhardt, autor del libro Survivng Your Child’s Adolescence y autor de un blog semanal para Pscychology Today.

Por supuesto, no muchos niños, estarán emocionados por correr al consultorio de un terapeuta si sus padres determinan que necesitan ayuda externa.

Pckhardt dice que lidia con esto todo el tiempo. Le dice a los padres que le digan a sus hijos que no tienen que ir y ver a alguien solos, sino que necesitan ir a ver a alguien con sus padres.

"Puedes escoger decir algo o no, pero al menos puedes estar allí para escuchar cuáles son mis preocupaciones y escuchar lo que la otra persona tiene que decir”, dice Pickhadt, al revelar el guión que le da a los padres para que lo utilicen con sus hijos.

"Nunca he tenido un niño que no participe”, añadió.

Señales de riesgo de suicidio

Otro gran reto para los padres es intentar determinar cuándo su hijo está en riesgo de suicidio.

Hendren, quien también es profesor de Psiquiatría en la Universidad de California, San Francisco, recomienda que los padres pregunten a sus hijos que parecen deprimidos si sienten que su vida no vale la pena, o si han pensado en quitarse la vida.

Plantear el problema no le da a los niños la idea del suicidio, dijo Hendren, poniendo fin a las preocupaciones de que muchos padres podrían hacerlo.

"Todos los estudios parecen indicar que no haces que alguien comience a pensar en el suicidio al preguntarles sobre eso. Ya piensan sobre eso o no piensan en eso”.

Eso no significa que es una discusión fácil para cualquier padre, dijo Devra Gordon Renner, una trabajadora social clínica en el norte de Virginia, Estados Unidos, quien ayudó a cientos de familias a lidiar con la depresión y ansiedad infantil.

"Decirle a alguien, ‘¿piensas en lastimarte?’; esa no es una conversación cómoda para un padre con su hijo. Pero es una conversación saludable, porque reconoce que tu hijo puede sentirse realmente mal y le permite saber que estás allí para ayudarlo y que los tomas seriamente”, dijo Gordon Renner, quien también es coautora de Mommy Guilt.

Cuando un niño dice que piensa que la vida no vale la pena y considera suicidarse, esas son “señales ominosas” que necesitarían una evaluación de un profesional médico experimentado en depresión y suicidio, dijo Hendren.

"Si… el alcohol u otras sustancias podrían estar involucradas, entonces los riesgos aumentan porque en un estado alterado, los niños parecen tener mayor riesgo de hacer algo que podría ser perjudicial”.

El estigma permanece

Debido al estigma de depresión y suicidio, demasiadas personas todavía dudan de hablar sobre esto, incluso cuando hablar sobre esto ayuda a las personas que sufren a percatarse de que no están solas, dicen los expertos.

"Es sorprendente que una vez que comienzas a hablar de esto, otras personas dice, ‘oh, mi primo tenía eso, mi hermana tenía eso’”, dijo Gordon Renner.

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"La depresión es una enfermedad y es una enfermedad tratable, y en algunos casos puede hacer metástasis y ser fatal para algunas personas, y creo que es importante saber eso, pero es raro”, añadió.

En parte, fue el estigma lo que llevó a Atkins Wardy a compartir públicamente la batalla de su hija con la ansiedad en Facebook. Al principio, cuestionó si comprometía la privacidad de su hija.

Pero debido a que la batalla de su hija ya era pública en lo que concernía a su comunidad escolar, y después de recibir mensajes privados de madres que buscaban consejos para ayudar a sus hijas que también luchaban con la ansiedad, Atkins Wardy decidió que el problema era mayor que ella y su hija.

"A final de cuentas, la razón por la que continué compartiendo nuestro viaje con la ansiedad infantil es que es tan malentendida y los padres necesitan ayuda”, dijo.

"Si las personas que experimentaron la ansiedad infantil no hubieran sido lo suficientemente valientes para contactarme y enseñarme lo que Amelia experimentaba, creo que hubiera tomado algunas elecciones de paternidad realmente malas”.

En cuanto a su hija, que recibió una dosis baja de medicamentos hace algún tiempo, ya es casi la misma de antes de nuevo.

"Tenemos de regreso a nuestra niña. Esta es la persona que conocía y se escondía bajo la máscara de la ansiedad y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por sacarla”.

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