5 mitos sobre las vacunas infantiles y la realidad detrás de estos

Estos mitos generan que varios padres no vacunen a sus hijos, sin embargo, varios ya fueron desacreditados
Pionero  México fue el primer país a nivel mundial en otorgar el registro sanitario a la vacuna contra dengue de Sanofi.  (Foto: Archivo)
Autor: Ben Brumfield y Nadia Kounang
(Reuters) -

Con docenas de casos de sarampión en Estados Unidos, los estadounidenses hablan una vez más sobre las vacunas; y algunos viejos mitos resurgen.

Estos mitos podrían impedir que los padres protejan a sus hijos de enfermedades peligrosas, cuando hay muchas razones para vacunarlos.

Las vacunas evitan seis millones de muertes en el mundo cada año, según lo que escribe el médico de CNN, Sanjay Gupta.

Y básicamente no hay razón para no recibirlas. Solo uno de cada millón de niños tiene una reacción adversa grave.

Esas son buenas probabilidades. Tienes 100 veces más de probabilidad de que te caiga un rayo que de tener una reacción alérgica a una vacuna, según Gupta. Tomar aspirina, por ejemplo, tiene mayor probabilidad de causar hemorragia cerebral.

Aun así, cinco nociones continúan asustando a las personas y alejándolas de la protección que necesitan.

1. Causan autismo

El temor:

Esta es el más grande.

Este fue un mito que surgió de un estudio ahora desacreditado, que fue publicado en The Lancet, una revista médica británica, en la que el médico Andrew Wakefield vinculaba al autismo con las vacunas infantiles.

El estudio de 1998 fue adoptado por padres de niños con autismo, quienes señalaban que las tasas de autismo aumentaban mientras la ocurrencia del sarampión, paperas y rubeola disminuían drásticamente. El movimiento antivacunas ganó seguidores cuando la actriz Jenny McCarthy y otras celebridades se unieron a la causa.

Los investigadores criticaron a Wakefield, pero el artículo asustó a muchos padres y llevó a una disminución en la cantidad de niños que reciben la vacuna que previene el sarampión, paperas y rubeola en Reino Unido y una disminución más pequeña en Estados Unidos.

El hecho:

La mayoría de los coautores de Wakefield retiraron sus nombres del estudio en 2004 después de enterarse de que le había pagado un bufete de abogados que tenía la intención de demandar a fabricantes de vacunas.

El mismo año, el Instituto de Medicina de Estados Unidos revisó evidencia de este país, Dinamarca, Suecia y Reino Unido y no encontró conexión entre las vacunas y el autismo.

Alrededor de 2010, otra revista médica británica concluyó que el estudio de Wakefield falsificó o alteró los historiales médicos de todos los 12 pacientes cuyos casos formaron la base de su estudio.

The Lancet se retractó del artículo de Wakefield en 2010. Perdió su licencia médica.

2. Contienen veneno

El temor:

Las vacunas tienen mercurio que envenena a nuestros hijos y causa autismo.

En la década de 1930, algunos fabricantes de vacunas utilizaron un conservador llamado Thimerosal, que contenía una concentración muy baja de un compuesto de mercurio.

Está allí para evitar el crecimiento de bacterias y hongos potencialmente peligrosos.

El hecho:

Primero que nada, los niños difícilmente reciben Thimerosal en las vacunas. En 2001, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) dejó de utilizar licencias para vacunas infantiles que lo contenían. Además de eso, el hecho es que la mayoría de las vacunas rutinarias para los niños menores de seis años no tienen mercurio.

Una pequeña cantidad todavía se utiliza en las vacunas contra la gripe de algunos niños, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).

Debido a que el conservador se ha utilizado durante décadas y todavía está en las vacunas para adultos, ha habido muchos estudios y ninguno de ellos muestra una correlación con el autismo u otros efectos secundarios graves, según la FDA.

En cuanto al autismo, desde la época en que se quitó el Thimerosal de las vacunas infantiles, el porcentaje de casos diagnosticados de autismo aumentó.

Si el Themerosal fuera la causa, esto no tendría sentido.

3. Sólo sirven para generar ganancias

El temor:

Los médicos y aseguradoras promocionan las vacunas para impulsar las ganancias.

El hecho:

Algunas aseguradoras pagan el costo de las vacunas para evitar tener que pagar más después, cuando un paciente se enferma.

En un estudio de 2009 se encontró que hasta un tercio de los médicos en realidad pierde dinero cuando dan vacunas.

4. Tienen demasiados antígenos

El temor:

Los niños reciben más vacunas de lo que solían, y están llenando a sus cuerpos de antígenos; los pedazos de vacuna que causan que el cuerpo construya resistencia. Juntos son demasiado para un niño.

El hecho:

Aunque hay más vacunas, los pacientes son inoculados hoy en día con muchos menos antígenos que hace 30 años, según el médico Gupta. En la década de 1980, las personas recibían aproximadamente 3,000 antígenos en total, comparados con los 150 de hoy en día.

No vacunar durante un largo periodo por temor a que un niño pueda recibir una dosis demasiado alta de antígenos solo deja a los niños más expuestos y vulnerables a las enfermedades.

Y en cuanto al autismo: como con el Thimerosal, los diagnósticos de autismo aumentaron alrededor de la época en la que los antígenos se redujeron en las vacunas.

5. Las enfermedades están erradicadas

El temor:

Es mejor evitar las vacunas, porque los niños no las necesitan. Las enfermedades que ayudan a prevenir ya no existen, y si un niño la contrae, solo seguirá su curso.

El hecho:

¿Esa avalancha de sarampión altamente contagioso que sucede ahora? Los niños sin vacunas la contrajeron en Disneyland y la transmitieron a otros niños que no estaban inoculados.

Y 2014 fue un gran año para casos de sarampión con 644 en Estados Unidos.

No es inofensiva. Puede producir neumonía, daño cerebral de por vida, sordera y muerte.

Mundialmente, todavía es un gran asesino de niños, según la Organización Mundial de la Salud.

Entre 2001 y 2013, el 28% de los niños menores de cinco años con sarampión tuvieron que ser hospitalizados en Estados Unidos, según los CDC.

Antes de que se presentara la vacuna contra el sarampión en la década de 1960, hubo entre tres y cuatro millones de casos al año, lo que resultó en 400 a 500 muertes en Estados Unidos, según los CDC.

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La vacuna contra el sarampión en este país redujo la tasa de infección en la población en un 99% cuando fue comparada con la época en la que no estaba disponible la vacuna.

El médico de CNN, Sanjay Gupta, contribuyó con este reporte.

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