Kevin Ham: el dueño de Internet

Para muchos es desconocido, pero es el más poderoso magnate de los dominios de Internet; descubre la historia del amo y señor de las puntocom, quien ha construido un imperio de 300 mdd
Kevin Ham está en la cima de los 'domainers'.  (Foto: )
Paul Sloan

Kevin Ham se inclina hacia adelante, se endereza, cierra los ojos y empieza a teclear en el aire. Está sentado junto a la pared del fondo de un atestado salón de baile en el Hotel Venetian de Las Vegas. Al frente, un subastador repasa una lista de nombres de dominios de Internet, creando la misma emoción que se respiraría ante una colección de coches antiguos.

Si aparece un dominio que despierta su interés, Ham teclea en el aire. Es la orden final: lo quiere. ¿Es un nombre que la gente escribirá directamente en la barra del explorador de Internet, evitando todas las entradas que ofrece el motor de búsqueda? ¿Es mejor en plural o en singular? Si se trata de una errata ¿es un error que cometerá mucha gente? ¿O es que el nombre sencillamente da la impresión de ser un ganador?

Cuando Ham quiere un dominio, se inclina y discretamente le ordena a un colega  pujar en su nombre. Le gustan los nombres relacionados con las bodas, así que su ayudante levanta la paleta de puja y consigue Weddingcatering.com por 10,000 dólares. Greeting.com no es tan buen nombre como su plural Greetings.com, pero de cualquier manera Ham lo adquiere pagando 350,000 dólares.

Ham es un cristiano devoto, y gasta 31,000 dólares para agregar el dominio Christianrock.com a su colección, la cual ya incluye a dios y al diablo: God.com y Satan.com. Cuando todo termina, Ham se dirige hacia la salida y escribe un cheque por 650,000 dólares. Ha sido una tarde “barata”.

Hasta hace poco, la mayoría de las personas que pujaban en un salón como éste no se conocían. Casi nunca salían de casa, donde estaban sus computadoras. Ahora es diferente, se encuentran en un salón de las Vegas rodeados de banqueros adinerados, nuevas empresas de capital de riesgo y otros inversores, todos tratando de llevarse un pedazo del pastel.

¿Y por qué no? Solamente en los últimos tres años, el número de nombres puntocom creció un 130% llegando a los 66 millones de dominios. Cada dos segundos se registra uno nuevo.

Pero el dinero está en el mercado secundario, donde los dominios más valiosos -aquellos que atraen miles de visitas y dejan una ganancia constante gracias a los anuncios pago-por-clic de Google y Yahoo- alcanzan precios exorbitantes. Las personas que tuvieron el valor y la previsión de “recoger” los nombres de dominios que fueron desechados durante la crisis de las puntocom se han convertido hoy en propietarios de los más valiosos bienes raíces virtuales de la Red.

Kevin Ham es el  hombre que está en la cima de esta poco conocida jerarquía de propietarios, uno entre un puñado de “domainers” en el mundo pero, se dice, el más astuto y ambicioso de todos. Incluso en el raro mundo de los dominios, Kevin Ham sobresale.

Doctor de profesión, Ham abandonó la medicina tras descubrir las riquezas de la Red.

Desde el año 2000 ha creado un portafolio de cerca de 300,000 dominios que, combinados con algunas otras empresas, generan ingresos estimados en 70 millones de dólares al año. (Como lo hace con toda su información financiera, Ham no confirmaría ni negaría esta cifra.)

Trabajando la mayoría del tiempo en solitario, Ham ha examinado todas las oportunidades y explotado todos los ángulos –inventando incluso algunos- para ampliar su empresa. En sus inicios, creó un software que detectaba nombres de dominio a punto de expirar para comprarlos a bajo precio. Fue uno de los primeros en aprovechar la laguna jurídica que les permite a las personas registrar dominios y devolverlos sin costo luego de un periodo de prueba, haciéndose de vez en cuando con cientos de miles de nombres de un solo golpe.

Lo que pocos saben, es que él es también el hombre detrás del más reciente ardid en el mundo de los dominios: la extensión “.cm”; Ham ha sacando provecho del tráfico generado por millones de personas que se equivocan al teclear “.cm” en lugar de “.com” al final de un nombre de dominio.

Haz la prueba con cualquier nombre que se te ocurra -Beer.cm, Newyorktimes.cm, o incluso Anyname.cm- y terminarás en una página llamada Agoga.com, un sitio lleno de publicidad anunciada por Yahoo.

Ham gana dinero cada vez que alguien hace clic sobre un anuncio –como también lo gana su socio en este negocio, el país africano Camerún. ¿Por qué Camerún? Porque tiene la inesperada buena fortuna de poseer la extensión “.cm” como código de dominio del país -de la misma manera en que todos los dominios que terminan con “.de” son propiedad de Alemania.

La diferencia radica en que casi no hay dominios .cm registrados, y este par de letras está a solo un error de tecla de distancia del .com, la veta madre de todos los dominios. Ham estableció conexiones con el gobierno de Camerún y convenció a su gente de redireccionar el tráfico. Y si consigue lo que se propone, muy pronto las extensiones de Colombia (.co), Omán (.om), Nigeria (.ne) y Etiopía (.et) serán también suyas.

“El negocio aún no se concreta,” declara Ham mientras almuerza en Vancouver, su ciudad natal en British Columbia. “Por eso no puedo hablar del tema.” Se muestra igual de renuente a compartir detalles cuando se le pregunta sobre su nueva empresa, Reinvent Technology, en la cual está invirtiendo decenas de millones de dólares para construir un centro neurálgico de negocios de Internet cerca de sus más valiosas propiedades.

Algo sorprendente es que, a pesar del extenso poder que Ham tiene en la Red - sus sitios web reciben 30 millones de visitas únicas al mes-, poca gente lo conoce. Incluso en el cerrado ambiente de los “domainers” (propietarios puntocom), es un hombre rodeado de misterio. Hasta el día de hoy, Ham nunca ha hablado públicamente de sus negocios. No encontrarás su nombre en ningún dominio registrado, ni aparecerá tampoco en el trámite que solicita la patente del -ya mítico truco- “.cm”.

Hay razones prácticas para mantener ese bajo perfil: Una de ellas es que el éxito de Ham le ha traído enemigos, muchos de ellos competidores. En cierta ocasión usó una dirección con apartado postal en Vancouver como correo de contacto para algunos dominios, hasta el día en que abrió un paquete que contenía esta nota: “Eres un pedazo de mierda,” acompañada por una muestra fáctica del insulto. 

Aparte de los implacables competidores, están los abogados. Por el momento, la mayor preocupación de Ham es que los abogados corporativos vayan tras él alegando que la estrategia de la errata de Camerún es una violación de sus marcas registradas. Puede que tenga razón en cuidarse, pues esta es la primera vez que se le identifica como el artífice de la treta.

Cuando solicitamos la opinión de John  Berryhill, uno de los mejores legistas especializado en dominios que no trabaja para Ham, sobre la jugada “.cm”, éste  prácticamente gritó al teléfono: “¿Sabes quién hizo eso? ¿Tienes idea de cuántas personas quieren saber quién está detrás de eso?”

Contándoselo al mundo

Kevin Ham es un hombre de 37 años de aspecto aniñado, se mantiene en forma gracias a su pasión por el judo y el compromiso de una vida sana. Su bebida favorita es el jugo de uva, sin hielo. Su conducta apacible oculta la agresividad de quien trabaja día y noche. Con frecuencia, Ham redirige las conversaciones de negocios hacia la Biblia, sin afán de predicar, simplemente él es así.

Ham, hijo de inmigrantes coreanos, creció en la parte este de Vancouver con sus tres hermanos. Su padre administraba tintorerías, su madre trabajaba por las noches como enfermera. Debido a una enfermedad que padeció a los 14 años, Ham soñó con ser médico. Cursó los estudios medios y superiores hasta terminar medicina en la Universidad de British Columbia.

El cristianismo siempre fue un pilar dentro de su familia, sin embargo, fue en la universidad cuando Ham hizo de la Biblia un punto central de su vida; se unió a la Iglesia Evangélica y asistía a reuniones bíblicas. Ham recuerda que fue justo en esa época, entre 1992 y 1993, cuando se inició en el desconocido mundo del Internet. Un amigo de la iglesia le habló sobre una poderosa herramienta que podía servir para difundir el evangelio.

“Aquellas palabras realmente me impactaron,” afirma. “Es la razón por la que aún sigo trabajando.”

Tras terminar sus estudios en 1998, Ham y su esposa salieron rumbo a London, Ontario, para una especialización de dos años. Ham se hizo médico residente, y cuando no estaba ocupado en la sala de urgencias satisfacía su creciente fascinación por la Red, aprendiendo por si mismo a crear páginas web y a codificar en lenguaje Perl.

En ese entonces, la información sobre hospedaje de páginas web era tan dispersa que Ham empezó a crear un directorio online de proveedores, al que añadió reseñas y ratings de sus servicios, el directorio se llamó Hostglobal.com.

A partir de allí, entrar al negocio de la compra venta de dominios era sólo cuestión de tiempo. Seis meses después de haber lanzado Hostglobal, Ham estaba ganando cerca de 10,000 dólares mensuales gracias a la venta de publicidad. Pero cuando uno de sus anunciantes -un servicio que vendía registros de dominio- le dijo que un solo anuncio generaba movimientos con valor de 1,500 dólares al mes, Ham pensó que él también podía subirse al mismo tren.

De la medicina a los dominios

Tenía sentido: la gente que compraba servicios de hospedaje web estaba interesada también en comprar una URL llamativa. Así, Ham lanzó un segundo directorio al que llamó DNSindex.com. Como otras empresas que ofrecían el mismo servicio, el sitio les daba a los clientes la opción de registrar nombres de dominio.

Pero Kevin Ham le añadió a su directorio una aplicación que los incipientes cazadores de dominios más deseaban: listas semanales de nombres disponibles, compilados a través de fuentes gratuitas en Internet. Algunas listas las daba sin cobrar, otras las vendía a 50 dólares. En un par de meses, había conseguido una cartera de 5,000 clientes.

Cuando terminó su especialización en Junio del 2000, sus dos pequeñas empresas web traían a casa más dinero en un mes –hasta 40,000 dólares- del que Ham ganaba en un año en el hospital. Esa fue una razón de peso para que abandonara la práctica médica durante algunos meses. “Hubiera sido un sinsentido no hacerlo,” afirma.

Con un hijo, la familia entera se muda a Vancouver, instalándose en un pequeño departamento. La decisión de Ham llegó en el momento exacto, las acciones del sector tecnológico estaban cayendo, las empresas puntocom quebraran aquí y allá, y los inversores huían en bandada de la Web. Y lo que fue más importante para él, cientos de miles de nombres de dominio que antes eran valiosos perdieron de repente su valor y empezaron a expirar o a “caer.” Ham y un puñado de otros pioneros estaban listos para recogerlos.

Investigar cuándo expirarían los nombres era un trabajo tedioso.

En ese momento, Network Solutions controlaba los mejores nombres; durante mucho tiempo fue la única empresa minorista que vendía o registraba dominios puntocom. Aunque no anunciaba cuándo volverían al mercado los nombres expirados, publicaba dos veces al día la lista maestra de todos los nombres registrados –el llamado archivo “root zone”. Era una enorme lista de más de 5 millones de nombres de dominio que tardaba horas en descargarse y reventaba las computadoras menos potentes.

La genialidad de Ham consistió en diseñar scripts de software para que un programa comparara la lista de un día con la lista del día siguiente. Luego, registraba los nombres que habían desaparecido del directorio raíz. Esos nombres se listaban brevemente como ‘en espera’, y Ham calculaba que expirarían cinco o seis días después –más o menos a las 3:30 a.m de la Costa Oeste. Al cobijo de la noche, Ham lanzaba sus ataques, encendiendo cinco computadoras y múltiples buscadores en cada una. Tecleando sin tregua inscribía sus peticiones de compra y saltaba de un teclado a otro hasta que conseguía los nombres que quería.

Desde luego, muchos de los nombres se le escaparon.

Ham ignoraba que tenía rivales mucho más avezados que él, quienes utilizaban software para comprar nombres a una velocidad muy superior, inalcanzable para sus laboriosos dedos. Finalmente, a través del registro de datos, rastreó al responsable de muchas de esas compras: “Noname.” Tras ese enigmático alias se escondía otro solitario pionero de los dominios, un programador chino de nombre Yun Ye, quien operaba desde Fremont, California.

Durante el día Ye trabajaba como desarrollador de software, y por la noche liberaba a sus sabuesos: programas de compra automatizada de dominios. (Ye alcanzó el estatus de deidad entre los “domainers” en el 2004, cuando vendió por 164 millones de dólares un portafolio de 100,000 nombres a Marchex, una compañía de Seattle enfocada al marketing de búsqueda.)

Ham volvió a su teclado, a diseñar scripts para poder machacar, él también, a las empresas registradoras de dominios. Su rastreo de nombres empezó a mejorar, pero no estaba del todo satisfecho. “Yun era demasiado bueno,” admite.

Entonces Ham hizo algo temerario: Compró su camino hacia la cima. Ya que las empresas que registraban dominios tenían conexiones directas a los servidores de Network Solutions, el plan de Ham era eliminar al intermediario. Cerró acuerdos con varias  empresas registradoras, incluso les ayudó diseñando scripts para asegurarse de que capturaran los nombres que él quería comprar durante la caída de las puntocom. A cambio de la exclusividad, Ham ofreció pagarles 100 dólares por algunos nombres que normalmente no costaban más de 8.

En pocas semanas Ham cerró tantos acuerdos que, según dicen sus rivales, llegó a controlar la mayoría de las conexiones directas al registro de dominios. “Les decía que había que atacar con fuerza,” declara Ham en un inusual momento de fanfarronería. “Muchas veces derribamos los servidores.” Durante un periodo de seis meses que inició a finales del 2000, Ham registró más de 10,000 nombres.

Al resto de los “domainers”, excluidos de la acción, no les gustó la táctica de Ham. Lo más probable es que fuera uno de ellos quien le envió aquella ilustrativa y maloliente nota. “Kevin llegó y nos cerró la puerta a todos,” alega Frank Schilling, otro magnate de los dominios que descubrió la estrategia de Ham y la aplicó cerrando tratos de manera similar. “Había muchísimos celos profesionales.”

De hecho, Ham le debe mucho a Schilling. Ambos empresarios vivían entonces en Vancouver, y luego de que Ham buscara a Schilling en noviembre del 2000, los dos se reunieron en un restaurante para comparar notas.

“¿Cuánto tráfico tienes?” le preguntó Schilling, Ham no supo contestar. Schilling le mencionó que estaba experimentando con un nuevo servicio, GoTo.com, que podía poblar sus dominios con publicidad. Ham pasó la siguiente semana calculando cuánto tráfico generaban sus sitios web, y se sorprendió al descubrir la cuenta inicial: 8,000 visitas únicas al día de los 375 nombres que entonces poseía.

“A partir de allí supe que lo que estaba construyendo era muy, muy valioso” dice Ham. Pronto se registró en GoTo (que luego fue adquirida por Yahoo), y en su primer día ganó 1,500 dólares.

El sistema funcionaba tal como lo hace ahora: Las personas no siempre usan Google o Yahoo para encontrar algo en la Red, sino que escriben lo que están buscando directamente en la barra de direcciones del explorador y añaden “.com.”

Es una práctica que se conoce como “navegación directa” o tráfico “type-in” y millones de personas recurren a ella. ¿Necesitas zapatos de novia? Escribes “weddingshoes.com” -un sitio que por casualidad posee Ham- y entrarás a lo que parece ser un portal de venta de zapatos, lleno de enlaces de un montón de tiendas minoristas.

Pincha en cualquiera de esos enlaces y el anunciante que se publicó allí le paga a Yahoo, quien a su vez le paga a Ham. Ese único sitio, dice Ham, obtiene 9,100 dólares al año. Quizá parezca poco dinero, pero el nombre de dominio le costó sólo 8 dólares y los gastos generales anuales que supone su mantenimiento son 7. Multiplica ese modelo por varios miles y obtendrás una idea clara del tipo de cajero automático que Ham creó desde su habitación en casa.

En el 2002, Ham estaba ganando aproximadamente 1 millón de dólares al año con su negocio, el cual dirigía con la ayuda de Colin Yu, su amigo de juventud y actual socio. Pero su conciencia no lo dejaba tranquilo, así que de vez en cuando dejaba Vancouver para realizar misiones médicas en México, Filipinas y China. La experiencia resultó gratificante, pero el repentino desarrollo económico que presenció en China le recordó el boom de los bienes raíces virtuales que sucedía de este lado del mundo y que él encabezaba.

Ham se puso a trabajar tiempo completo en la Red. “Había mucho por hacer,” afirma.

La cata de dominios

No hubo vuelta atrás. Los años siguientes fueron de los más agresivos del gurú de los dominios. Entre sus trucos más valiosos estaba uno que había ensayado en sus comienzos, una práctica denominada “cata de dominios.” La cata o prueba se aprovecha de un servicio que permite a los compradores de nombres de dominio un periodo de prueba gratuito (5 días). Previsto para proteger a los clientes que adquieren por error el nombre equivocado, el servicio les proporcionaba a los “domainers” más medios para ampliar y explotar sus portafolios.

Ham redactó nuevas listas de palabras para dominios con todas las combinaciones, registrando cientos de miles de nombres de manera gratuita, monitoreaba el tráfico y después regresaba las que no servían. Para el 2004, había acumulado un portafolio tan extenso que tenía que sacar sus nombres de terceros registradores, lanzó su propia empresa de registro y luego creó Hitfarm, una compañía que competía con Yahoo en el servicio de combinar anuncios con nombres de dominios -para él y para otros 100 “domainers.”

Como cualquier compra compulsiva, el atracón catador de Ham no duró mucho. Adquirió tantos nombres –raras series de letras, nombres con demasiados guiones, y otras tantas variaciones que no se le ocurrirían a nadie- que Ham vio cómo la calidad de su portafolio descendía en proporción a su creciente tamaño. De cada tantos miles de nombres que registraba, sólo se quedaba con cien.

La cata de dominios también  agravó otro problema: El software de Ham estaba programado para capturar todo tipo de variaciones tipográficas de los nombres de  marca registrada. Esta actividad se conoce como “typo-squatting” y enfrenta hoy el mismo escrutinio que antes soportaron los cybersquatters. Microsoft y Neiman Marcus son dos empresas cuyos abogados han interpuesto demandas contra la ocupación digital o cybersquatting, acusando a los “domainers” de beneficiarse intencionalmente de las variaciones de sus marcas registradas.

“La cata lo revolucionó todo” afirma Ham, quien ya abandonó esa táctica, aunque acepta que Hitfarm todavía posee algunos nombres problemáticos. “Los nombres genéricos son demasiado difíciles de adquirir. Y los riesgos legales son grandes.”

Sin embargo, los riesgos legales disminuyen si no posees en absoluto los nombres de los dominios -y ese es el secreto detrás de la jugada de Camerún.

Un nuevo orden mundial

La conferencia sobre dominios en las Vegas es como cualquier otra: la verdadera intriga sucede a la hora del aperitivo. Camerún es un tema que está en el aire. A finales del verano pasado, los “domainers” empezaron a notar que algo raro pasaba con el tráfico “.cm”, siempre terminaba en un sitio llamado Agoga.com. Ellos saben, desde luego, que la extensión .cm pertenece a Camerún. Y saben que quien controla Agoga.com ha creado una mina de oro.

Lo que no saben es quién está detrás.

En uno de los momentos de descanso, Ham está de pie, sin beber, vestido con una camisa tipo polo, charlando con algunas personas que ya conocía y otras que acaba de conocer. Parece que en esta multitud, todos quieren conocer a Ham. Finalmente se queda solo.

“¿Tú eres el hombre detrás del .cm?”

Ham parece sorprendido ante la pregunta del reportero, luego esboza una gran sonrisa y responde “Tuve ayuda.”

A lo largo de las conversaciones que mantuvimos con él algunas semanas después en Vancouver, Kevin Ham compartió algunos detalles sobre un negocio del que está orgulloso, a pesar de su innata reticencia. Hace un año, narra, movió sus contactos para poder acercarse a los funcionarios del gobierno de Camerún. Luego envió a varios hombres de confianza a Yaoundé, la capital del país, para hacer su jugada. Su principal programador los acompañó para encargarse de los detalles técnicos.

“Hey” le dijo Ham tras su regreso, “¿Te reuniste con el presidente de Camerún?”

“No,” contestó su programador, “Nos reunimos con el primer ministro. Pero sí conocimos las habitaciones del presidente.”

Es difícil imaginar la escena: un representante de un “domainer” se reúne con Ephraim Inoni, primer ministro de Camerún, para discutir el poder del tráfico de las erratas de tecla (type-en typo) y los anuncios de pago por clic. Aún así, como casi todas las cartas que Ham ha jugado, la estrategia de Camerún es ingeniosamente sencilla.

El personal de Ham instaló una línea de código llamada “wildcard” (un software que soporta búsquedas con caracteres comodín que actúan como variables) que redirecciona el tráfico que se dirige a cualquier nombre de dominio no registrado que termine en “.cm.” En el caso de Camerún, un país de 18 millones de habitantes y sólo 167,000 computadoras conectadas a Internet, eso significa cientos de miles de nombres libres. Teclea “paper.cm” y los servidores propiedad de Camtel, la empresa estatal responsable del registro de dominios en Camerún, redireccionarán la búsqueda a Agoga.com, los servidores de Ham en Vancouver.

Los servidores llenan la página con publicidad sobre papel  y otros consumibles para oficina. (Los directivos de Yahoo confirman que la empresa publicita anuncios en los sitios .cm de Ham) Todo sucede en un instante, y como Ham no posee ni registra los nombres, técnicamente no incurre en la práctica de typo-squatting, según opinan algunos abogados especializados en temas de Internet.

El método es explicado a detalle en una solicitud de patente presentada por un empresario de Vancouver llamado Robert Seeman, socio de Ham y asesor de Reinvent Technology. (Seeman declinó ser entrevistado para este artículo.)

Aunque Ham no revela datos concretos, admite que Agoga recibe un aproximado de 8 millones de visitas únicas al mes. Sus competidores están, naturalmente, amargados por la envidia.

“Tan pronto como sucedió, todos se preguntaron ¿Por qué no se me ocurrió a mí?” explica el legista Berryhill, quien representa a Schilling y a otros “domainers.”

Con todo, varias empresas han contactado a los abogados de Ham, acusándolo de violación de derechos de marcas registradas. Ham sostiene que su sistema está legalmente libre de sospecha, pues trata con igualdad a todas las erratas .cm, ni filtra ni discrimina los nombres de marcas registradas.

Berryhill coincide: “No puede decirse que [el uso de códigos comodín del software creado por Ham] esté orientado a detectar marcas registradas. Sino que captura todo el tráfico, no sólo el tráfico de marcas registradas.” Además, las leyes contra el cybersquatting sólo aplican a las personas que registran un dominio con el nombre de una marca registrada; el método de Ham no requiere registrar los nombres.

Por ingeniosa que parezca esta estrategia, el negocio del .cm “es sólo una pequeña parte de nuestras operaciones,” declara Ham. Nunca revela cuánto le paga al gobierno de Camerún. Los funcionarios cameruneses no pudieron ser localizados para dar su versión de esta historia.

La sociedad formada por Camerún y Ham ha tenido un camino complicado hasta hoy, y de vez en vez se cae el sistema informático.  Al igual que la extensión “.cm”, hay varios dominios de países que también pueden servir a la hora de aprovechar las erratas. De acuerdo a Ham, él y su equipo están dialogando con otros gobiernos. La más maravillosa de todas las erratas - .co – es propiedad de Colombia, país que Ham visitó en repetidas ocasiones antes de cerrar el trato con Camerún.

En lo que respecta a otros países que están en su punto de mira, Omán (.om) es un blanco evidente. Nigeria (.ne) y Etiopía (.et) también, pero dado que las erratas “.net” son menos lucrativas, quizá no valga la pena intentarlo.

En cuanto a Colombia, Ham admite que están “haciendo progresos.”

A largo plazo

Ham sigue desde su computadora en la oficina una subasta de dominios. Steven Sacks, un “domainer” afincado en Indianápolis que trabaja para Ham, le informa sobre algunos nombres que están en venta. Ham le responde con un mensaje instantáneo: “Me gusta doctordegree.com ... y rockquarry.com ... sunblinds.com.”

Los días en los que invertía tiempo detectando dominios por expirar quedaron muy atrás. Hoy todo está disponible. Las listas se consiguen fácilmente y puedes pre-ordenar un nombre antes de que expire con más posibilidades de conseguirlo. O puedes, como Ham, pagar una cantidad de cinco o seis cifras en las subastas online. Las grandes adquisiciones, al menos de los nombres .com, se llevan a cabo en privado, cuando un “domainer” logra encontrar a un ansioso o ingenuo vendedor.

Kevin Ham aún compra entre 30 y 100 nombres diariamente, pero ya no los obtiene de las rebajas. De hecho, él y Schilling, quien mantiene desde las Islas Caimán un portafolio que le reditúa 20 millones de dólares al año, son acusados con frecuencia de elevar el precio de los dominios.

Consideremos, por ejemplo, los 26,250 dólares que Ham pagó por el dominio Fruitgiftbaskets.com, o los 171,250 dólares que dio por Hoteldeals.com. “Las cantidades que está dispuesto a pagar son estratosféricas,” asevera Bob Martin, presidente de Internet REIT, una firma que invierte en dominios y que ha reunido más de 125 millones de dólares de inversores privados, entre los que se encuentra Maveron, una empresa respaldada por el fundador de Starbucks Howard Schultz.

Tonterías, replica Ham. Los nombres son costosos si los valoras de la misma manera en que lo hace Martin. Los inversionistas y los agentes financieros, quienes llegaron tarde a la fiebre del oro de los dominios, valoran los nombres calculando los beneficios que perciben por los anuncios pago-por-clic y utilizando la metodología de múltiplos para determinar cuánto tiempo se necesita para que la inversión se pague.

Visto así, el portafolio de Ham tiene un valor aproximativo de 300 millones de dólares. Sin embargo, algunas de las últimas compras realizadas por Ham parecen ridículas: Tardarán 15 ó 20 años para justificar el precio que pagó por ellas, y eso supone la continuación del modelo pago-por-clic.

Sin embargo Ham piensa a largo plazo. La Red se está atestando de páginas hospedadas. El modelo es increíblemente eficaz -mucho dinero con poco esfuerzo- pero Ham asegura que los cibernautas pronto se cansarán de eso.

El magnate también espera que Google, Microsoft y Yahoo encuentren la manera de combatir con eficiencia el typo-squatting. Algunos navegadores ya pueden corregir erratas; Internet Explorer, por ejemplo, captura los dominios no registrados y redirecciona a los visitantes a una página de Microsoft –controlando el tráfico de la misma manera en que Ham lo hace con su .cm.- “La ánimos se caldean,” sentencia.

Ahora, cuando Ham compra un dominio, no hace cálculos pago-por-clic sino que mide su valor como negocio potencial. Reinvent Technology planea convertir sus nombres más valiosos en pequeñas empresas multimedia, basadas en cientos de categorías nicho.

Entre las primeras que desea fundar está Religion.com. En recientes días, Ham ha tomado por completo el piso 27 de su edificio en Vancouver y está contratando más de 150 personas entre diseñadores, ingenieros, vendedores y redactores.

Gran parte de este esfuerzo se centrará en desarrollar herramientas de búsqueda que se basen más en el significado y menos en las palabras clave. “Google es tan útil” afirma Ham.

El objetivo es aplicar un sistema ‘semántico’ o basado en el significado que atraviese todos los sitios web, atrayendo por igual a los clientes que hacen navegación directa y a los que usan motores de búsqueda. Religion.com funcionaría, entonces, como un ancla a la cual estarían vinculados cientos de sitios.

“Es hora de construir bienes raíces virtuales,” urge Ham. “Hay muchísimo más valor en estos nombres que en el pago-por-clic.” La solicitud de patente que presentó Seeman menciona incluso la posibilidad de transformar el tráfico web de Camerún y de otros futuros socios en portales hechos y derechos. 

Todo es parte de un plan maestro, el propósito de Ham es ser el primer “domainer” en alcanzar una nueva categoría, dejar de ser el cazador de nombres que trabaja desde casa para convertirse en el titán del Internet. Las pequeñas empresas han estado vendiéndose a grandes grupos respaldados por inversionistas privados; la esperanza de Ham es que eventualmente los mejores nombres serán propiedad de sólo un puñado de empresas.

Si acierta, es muy posible que él esté dentro de ese puñado. Según Ham “Si controlas todos los dominios, entonces controlas Internet.”

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