Lo despiden del Gobierno por ‘googlear’

McLaughlin mantuvo conversaciones a través del correo electrónico con el vicepresidente de Google; el ex funcionario de tecnología de la Casa Blanca rompió un pacto de ética adquirido con Obama.
google-1-AP  (Foto: AP)
Roger Parloff

Al buscar entre varios correos electrónicos que han sido publicados por un grupo de consumidores, cualquiera puede leer toda la conversación del año pasado entre un par de oficiales de Google y Andrew McLaughlin, jefe adjunto de tecnología de la Casa Blanca, quien presidió la unidad de políticas públicas globales de Google hasta que llegó al puesto en mayo de 2009.

Por ejemplo, en enero, el vicepresidente y "evangelista en jefe del Internet", Vint Cerf, le escribió ansioso a McLaughlin sobre las malas posibilidades de la neutralidad en la red: la noción de que los Proveedores de Servicios de Internet no deberían favorecer su propio contenido o no podrían ofrecer servicios "rápidos" a los clientes que pagan más. "¿Ha habido tanta publicidad por parte del Gobierno que sienten que deberían alejarse de un compromiso?", preguntó Cerf, adjuntando un artículo de CNET de un reconocido consultor de negocios que investigaba esa teoría.

"No seas tonto", respondió McLaughlin. "Nadie va a alejarse de nada, ¿el escritor del artículo no es un fanático anti-neutralización de la red?".

"Sí, lo es", respondió Cerf. "Sólo quería confirmar que es un tendencioso".

"Claro", respondió McLaughlin.

El 10 de mayo, McLaughlin fue reprendido por la Oficina de Políticas de Ciencia y Tecnología (OSTP por sus siglas en inglés) de la Casa Blanca por haberse involucrado en correos inapropiados con su exjefe en el último año, aunque los intercambios con Cerf, como ya veremos, no fueron los criticados. Los correos inapropiados violaron la promesa de ética que el presidente Barack Obama exigió a los altos mandos para evitar los abusos que se habían visto en administraciones pasadas, cuando los cabilderos del sector se convirtieron sin problema en autoridades gubernamentales que siguieron protegiendo los intereses de sus antiguos clientes.

McLaughlin no respondió a un correo que pedía comentarios, y fue regresado por el vocero de OSTP, Rick Weiss, quien ofreció una declaración preparada. "Andrew tenía comunicaciones limitadas con su ex empleador sobre temas relacionadas a sus obligaciones oficiales. Estas comunicaciones fueron incidentales y no tenían influencia en las decisiones políticas del Gobierno federal, pero sí violaron la Promesa de Ética del presidente. Andrew se arrepiente de estas violaciones y ha tomado los pasos necesarios para que no vuelva a ocurrir". 

Un vocero de Google dijo que "no hay nada en estas comunicaciones que no esté reflejado en nuestros comentarios públicos, posturas públicas o comunicaciones oficiales con la Casa Blanca".

Este episodio confirma por completo lo que todos sospechaban: que Google goza de una relación cercana con la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca.

Aún así, los correos son, por sí mismos, bastante inocuos. El apoyo a la neutralidad de la red del mandatario estadounidense ha sido claro desde su campaña. Hablan más sobre la falta de eficiencia de las reglas éticas internas de la presidencia que sobre el ejercicio de una influencia excesiva real.

La narrativa, que debe ser atractiva para todos menos para McLaughlin, comenzó en febrero, cuando Google lanzó su servicio de red social concebida por la maldad, Google Buzz. Fue ofrecida como un suplemento inspirado en Facebook a las cuentas de Gmail existentes, y comprometía la privacidad de los usuarios de Google permitiendo a todos los miembros del público identificar la relación entre Gmaileros. La falla en el diseño fue atendida más tarde. 

Un Gmailero que salió perdiendo fue McLaughlin. Antes de que pudiera ajustar el estado de su privacidad,  alguien capturó su perfil Buzz con una imagen congelada de la pantalla, y un sitio llamado Gran Gobierno lo hizo público en marzo para que público lo pudiera analizar.

Las reacciones fueron explosivas: el perfil de McLaughlin sugería que seguía comprometido con algunos altos mandos de Google en una aparente violación del extenso contenido de la promesa ética, que prohíbe a algunos asignados no participar durante dos años "en ningún asunto sustentable y directamente relacionado con su antiguo empleador". Yo no puedo decir cómo es que un jefe adjunto de tecnología pudo hacer esto mientras se alejaba de involucrarse en "cualquier asunto sustentable y directamente relacionado" a Google, pero eso dice la promesa.

Después de que se diera a conocer el perfil de McLaughlin en Buzz, un grupo llamado Consumer Watchdog pidió que la Ley de Libertad de Información diera a conocer los correos. Se produjeron el 10 de mayo y ahora están disponibles en el sitio del grupo.

El mismo día que OSTP revisó los correos de McLaughlin, su director, John Holdren, envió correos a todo su equipo advirtiéndoles que un colega sin nombre (identificado como McLaughlin el martes pasado por Bloomberg Business Week) había sido reprendido y se le pidió a todos que recordaran la promesa de Obama en materia de ética y la Ley de Registros Federales (FRA por sus siglas en inglés), que, resulta ser, no había sido cumplida por McLaughlin. La FRA exige que los empleados del Gobierno transfieran cualquier mensaje relacionado con los negocios en sus cuentas privadas de correos electrónicos a las cuentas de su Gobierno para que se almacenen de forma segura. McLaughlin sólo lo hizo en mayo, poco antes de que se completara la solicitud de la FOIA, según los correos publicados. Cabe mencionar que no había nada furtivo en los correos enviados por y a la cuenta de Gmail de McLaughlin, que frecuentemente se copiaban a otros dentro y fuera de OSTP en su dirección de negocios.

La mayor parte de la docena de correos producidos eran de y para Cerf, quien se escribió con McLaughlin casi cada semana desde julio de 2009 hasta enero de 2010. Según una lectura meticulosa del correo de Holdren a su equipo y las opiniones de ética que cita, la OSTP dice que los correos de Cerf no violan el pacto de ética porque entran en una categoría excepcional especial.  

Aunque Cerf era un empleado de Google de tiempo completo cuando McLaughlin se comunicó con él, Cerf también era el presidente de un comité de asesoría federal en el Instituto Nacional de Estándares Tecnológicos, una posición que dio a McLaughlin el derecho de hablar con él con toda libertad. Hasta donde puedo decir, pocos, si no es que ninguno de los intercambios reales con McLaughlin tuvo algo que ver con el comité de negocios de la junta de supervisión federal de NIST, al menos según el informe anual de 2009 del comité. El vocero de OSTP, Weiss, no comentó sobre mi observación.

Lo que el astuto abogado de OSTP no pudo explicar fue la existencia de tres correos colegiados entre McLaughlin y Alan Davidson, presidente de políticas públicas actual de Google. Estas fueron las bases de las reprimendas de McLaughlin. En uno, por ejemplo, Davidson envió a McLaughlin una agenda para próximas discusiones sobre asuntos de aplicación de derechos de autor que incluían a varias autoridades de alto nivel del Gobierno y a los presidentes ejecutivos de los principales conglomerados mediáticos, pero excluyeron a Google. "¿Sabes con quién me puedo quejar de lo tendencioso que es esto?", preguntó Davidson. Uno de los principales conglomerados mediáticos invitado a las discusiones fue Time Warner, la compañía madre de Fortune, que de vez en vez toma posturas contra Google en varios asuntos que se presentan ante la OSTP de la Casa Blanca.

Los correos de la FOIA muestran que al menos otros googleros contactaron a McLaughlin el año pasado, pero en estos casos él no respondió, al menos no por correo, y en el último caso, McLaughlin simplemente rechazó una invitación a una recepción en septiembre de 2009 en las oficinas de Google en DC. 

"Gracias", respondió McLaughlin, "pero en mi nuevo puesto mantengo una línea entre mi persona y Google".

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