Rapleaf sabe todo de ti, y lo vende

La firma sabe tu nombre, gustos y actividades, comercializa tus datos, y obtiene ingresos por ello; quienes hacen mercadeo, políticos y anunciantes, aprovechan la venta de información personal.
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David Goldman
NUEVA YORK -

Rapleaf sabe tu nombre, tu edad y tu domicilio. Sabe tu correo electrónico, tu ingreso y la red social que usas. Sabe tus gustos y aversiones. Y gana dinero vendiendo esa información a los anunciantes.

Claro que Rapleaf no es la única compañía que lo hace. Acxiom, ChoicePoint, Quantcast y BluKai también acopian y venden tus datos, así como muchas otras. De igual forma, Google, Facebook y otras empresas web reúnen datos sobre ti para intentar ofrecerte anuncios personalizados.

Pero Rapleaf ganó atención esta semana luego que el diario Wall Street Journal reportara que la compañía obtuvo identificaciones de Facebook desde muchas de las aplicaciones que tiene la red social y vendió esas identificaciones a anunciantes, incluso las de usuarios que habían configurado la privacidad de sus datos.

Al cruzar la identificación de Facebook de los usuarios con otros datos sobre ellos, Rapleaf le ofreció a los anunciantes una ventana hacia la información personal de muchos usuarios de Internet.

Al pasar esa información, las aplicaciones inadvertidamente violaron los términos de servicio de Facebook, indicaron los desarrolladores. Y Rapleaf ha tenido que explicar cómo mantiene la privacidad de los 400 millones de usuarios que rastrea mientras vende sus perfiles a anunciantes.

La compañía afirma que no era su intención transmitir información tan detallada. "No vendemos identificaciones de Facebook a las redes de publicidad. Se enviaron porque por cuestiones técnicas con los buscadores actuales las URLs referidas incluían las identidades inadvertidamente."

¿Cuánto sabe Rapleaf?

Varios expertos en privacidad, sin embargo, creen que Rapleaf no es sincera. Advirtieron que la compañía relaciona los nombres de usuarios y correos electrónicos con muchos perfiles de redes sociales (incluyendo Flickr, Friendster, LinkedIn, Twitter, Pandora, Wordpress, MySpace, Bebo, Tribe, Livejournal, Yelp y Amazon) y vende esa información a terceros.

"Si no la hubieran atrapado, Rapleaf seguiría haciéndolo" opina Murray Jennex, profesor de gestión del conocimiento en la Universidad Estatal de San Diego. "Los términos de servicio de las redes sociales son una frontera imprecisa. Son un área gris que aprovechan empresas como Rapleaf" agrega.

Al mismo tiempo, Rapleaf minimiza la información que rastrea de los consumidores. Por ejemplo, el sitio web de la empresa invita a los visitantes a crear una cuenta Rapleaf para "gestionar tus datos," pero al entrar no se muestra el perfil detallado que Rapleaf ha reunido sobre ti: muestra únicamente información demográfica básica y los intereses etiquetados en amplias categorías. Te dice que sabe que te gustan las redes sociales, pero ocultará que sabe que manejas Facebook, Pandora y Plaxo, tampoco te dirá que conoce la frecuencia con la que twiteas y tu ‘lista de deseos' en Amazon.

La llave de tus secretos

El incidente de Rapleaf y las identificaciones de Facebook nos lleva a una cuestión más importante: incluso si un agregador de datos no compartiera información personal, los clientes de estos recolectores de datos pueden fácilmente cruzar diferentes fuentes de información para descubrir cosas sobre ti que pensabas no podían rastrear.

"La gente en realidad no comprende cuánto se puede saber de uno en la red. No es algo que practique una sola compañía, todo mundo lo hace" advierte Jennex.

Usando sólo un nombre, una dirección e-mail e información proporcionada por los agregadores de datos (como Rapleaf), un investigador privado (que pidió el anonimato) hizo una prueba combinando todos los datos recabados de múltiples fuentes. En el 86% de los ensayos, el perfil resultante asociaba el nombre de la persona con los nueve dígitos que conforman el número de su seguro social.

Construir bases de datos de consumidores no es algo nuevo, ni ilegal o ilegítimo. Lo hacen los que practican mercadeo por teléfono, los candidatos políticos y los anunciantes que han reunido información sobre la población durante años. En el mundo online, los datos son usados por los usuarios a cambio de servicios gratuitos y contenido.

Pero cada día la información es más precisa. Una cosa es que un vendedor sepa que tienes 40 años y estás suscrito a revistas de viajes, y otra cosa muy distinta es que sepan que el próximo sábado viajarás a Italia por una semana.

"La diferencia es que la información hoy es más específica y precisa, pues proviene de redes sociales como Facebook donde te presentas a ti mismo como eres en verdad" explica Debra Williamson, analista de eMarketer.

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Y mientras sigan destilándose los datos, también lo harán las consecuencias. Si hablas en Facebook sobre tu último pago a la tarjeta de crédito, o tu tratamiento contra el cáncer, puede que te escuchen más de la cuenta.

"Las consecuencias no tienen que ver solamente con la publicidad, lo que me preocupa es que se roben información sobre tu vida o tu salud. Y llegará el momento en que suceda" anticipa Michael Fertik, CEO del fabricante de software ReputationDefender.

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