El efecto narcisista de Facebook

Todos buscamos agradar y la red de Mark Zuckerberg nos vuelve más propensos a buscar aceptación; el narcisismo ya no es considerado un desorden clínico, sino una conducta usual en la era Facebook.
facebook111  (Foto: Fortune)
JP Mangalindan

Según la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), yo no tengo un problema. Pero sé que lo tengo. En términos no-clínicos, soy un enorme narcisista adicto a los medios sociales que necesita suspender su cuenta hasta que se reconecte con la realidad.   Facebook, una red social sobre la que he escrito en varias ocasiones, no es sólo el sitio web donde paso la mayor parte del tiempo. Es un estilo de vida, un camino emocionante y sin paradas por el que he estado viajando desde hace años, en el que las señales de tránsito fueron remplazadas con noticias dinámicas en tiempo real, y donde mi frágil ego puede ser aplastado o inflado con orgullo dependiendo de la cantidad de gente que se digne a decir que le gustan mis publicaciones, o mejor aún, que hace un comentario sobre ellas.

Lo peor del caso es que soy uno de esos detestables usuarios que deben tener amigos en Facebook. Muchos. Quizás tú estés feliz con 100 o 200, pero yo no. Mientras más tenga, mejor, por eso ahora tengo 1,148 amigos. En ocasiones esculco con paciencia la zona de "Gente que quizás conozcas" para buscar a personas con las que probablemente tenga alguna ligera relación. ¿Nos presentaron una vez en una fiesta? Agregar a mis amigos. ¿Tenemos un amigo en común? Solicitud de amistad. ¿Amigo de un amigo de un conocido en común que no es de mi agrado? Todos merecen una oportunidad.

Antes odiaba que la gente me tomara fotografías. Como pueden ver por la fotografía 'muy seria' que aparece a la izquierda, no soy ni Brad Pitt ni Channing Tatum, ni siquiera Justin Long. Pero hoy en día ya estoy muy mentalizado a que aparezcan fotografías mías en Facebook, siempre y cuando salgan bajo mis términos. Eso significa que debo salir bien: nada de pucheros, ni granos, ni cicatrices, lunares o puntos negros. No me molesta un poco de edición: me corto de la imagen si luzco hinchado, me edito si mi cara luce manchada.

Así es, mis fotos están retocadas. Paso horas sentado en mi escritorio usando mi iPhoto o PhotoShop Express, haciendo zoom con toda concentración, usando la herramienta "mejorar", haciendo clic en mi rostro hasta que parezca que alguien manchó con vaselina el lente de la cámara.

Si alguien sube una foto de mí que no cumpla con mis estándares arbitrarios, la elimino, quitando mi etiqueta. No quiero lucir como la peor fotografía de mí mismo, o peor aún, dejar que otros usuarios de Facebook se pongan a revisarlas. Por otro lado, me etiquetaré en toda aquella imagen en la que luzca genial, incluso si lo único que aparezca en la imagen (además de mí) sea una palmera, ya saben, para que no nos vayan a confundir. En ocasiones no hay suficientes "Fotos en las que aparezco" para revisar.

Pero éste es el problema. Me gustaría decir que soy la única persona con estos problemas, pero estoy seguro de que no lo soy. Debo proteger al culpable, pero esto apareció en mis notificaciones recientemente:

Juan Pérez: Fashion Week. Día 4. Fiesta con Jay-Z y Tom Ford. Woooow!!!

- A 12 personas les gusta esto. 24 comentarios.

Juanita Pérez: ¿Quién se va a casar? Yo! Yo!! Yoooo!!!!

- A 19 personas les gusta esto. 17 comentarios.

Ahora, ¿quién le está pidiendo a quién que se consiga una vida?

Cada vez me doy cuenta de que a más gente le gusta su propio estatus, algo bastante redundante. También colocan fotografías profesionales tomadas en bodas en su foto de perfil, incluso mucho tiempo después de que haya ocurrido el evento, o publican fotografías que claramente fueron retocadas con el único propósito de generar algún tipo de respuesta.

Facebook no sólo permite nuestra predisposición hacia el narcisismo, sino que lo fomenta, florece de él. Ya no sólo es cuestión de "compartir", sino de ofrecer toda una personalidad en línea, incluso si ésta ha sido cuidadosamente editada, recortada y modificada hasta el punto de haber quedado irreconocible.

Mientras más tiempo dediquemos a este tipo de cosas, más tiempo pasaremos en Facebook. No es ninguna sorpresa que la compañía que Mark Zuckerberg concibió en un dormitorio universitario (no es precisamente una institución basada en información superficial o apariencias, incluso tratándose de Harvard) ahora tenga 500 millones de usuarios que pasan, en promedio, 55 minutos al día, 6.5 horas a la semana o 1.2 días al mes dentro del sitio. Con esta cantidad tan grande de la población mundial participando en estas actividades, no es ninguna sorpresa que el narcisismo ya no sea un desorden de personalidad diagnosticable.

Si vieron la semi-ficticia película sobre el nacimiento de Facebook, The Social Network, saben que el sitio comenzó a tomar fuerza cuando se volvió un medio de comunicación entre los universitarios. Pero desde entonces, creció para convertirse en algo más. Yo adjudico la responsabilidad a las notificaciones, una aplicación introducida a finales de 2006 que ahora es tan omnipresente como el perfil del usuario, y es igualmente crítica para la experiencia del usuario. Introdujo una nueva forma de estar al pendiente unos de otros, y también cambió irrevocablemente la dinámica de la red social, aumentando la relevancia de tu personalidad en línea y de cómo eres percibido, porque cada movimiento que haces será visto.

Las notificaciones son cada vez mejores, lo que significa que todo ha empeorado: casi todas las nuevas actualizaciones hechas por el usuario llegan a las notificaciones, fomentando que haya un mayor descubrimiento de contenido y que éste sea más simple. Por ejemplo, la actualización más reciente del perfil de un miembro hace que el descubrimiento de sus fotografías sea más simple. Pero esta aplicación cada vez más comprehensiva también hace que cada usuario esté mucho más al pendiente de cómo luce en el sitio, no sólo ante los ojos de los demás, sino ante los de ellos mismos.

La sicología básica señala que los seres humanos buscamos estímulos positivos por medio de elogios o recompensas. El problema es que el estímulo positivo también puede convertirse en un círculo vicioso. Mientras a más gente le guste y haga un comentario de algo, más gente buscará esa retroalimentación.

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Ser popular en Facebook es como el equivalente digital de ser el niño en cuarto de primaria que recibió más cartitas en San Valentín. El medio de tu elección puede ser distinto hoy en día, pero el principio básico sigue siendo el mismo: todos queremos agradar, ya sea en el mundo real o en el de Zuckerberg. Facebook es el último producto que reconoce ese deseo humano básico y lo explota exitosamente.

Editar fotos, tener muchos amigos o comentar todas tus actividades, ¿cuál es tu vanidad en Facebook? Opina junto a nuestros lectores en la Zona de Comentarios oFacebook.

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