Las revueltas en el Mundo Árabe: ¿una revolución generada por Facebook?

Esta red social ha servido de plataforma para los movimientos en Egipto y Túnez. ¿Cuál es su verdadero papel en las revoluciones?
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Chris Taylor, especial para CNN
Autor: Chris Taylor, especial para CNN | Otra fuente: 1
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(CNN)— Los tunecinos llenaron las calles con la ayuda de Twitter. Las protestas en Egipto fueron coordinadas en páginas de Facebook como la del activista Wael Ghonim. Los disidentes libios pasaron la voz acerca de su Día de Furia la semana pasada de la misma forma.

Y aún así, hoy que el Medio Oriente parece estar inspirado en organizar revueltas en línea en contra de la autocracia, desdeñar el papel de las redes sociales en las revoluciones de 2011 se ha convertido en moda para los especialistas.

"La gente protestó y tiró gobiernos antes de que Facebook se inventara", opinó Malcolm Gladwell, del New Yorker. Un par de semanas antes, Gideon Rachman, del Financial Times, nos recordó que "los franceses pudieron tomar por asalto la Bastilla sin la ayuda de Twitter, y los bolcheviques tomaron el Palacio de Invierno sin detenerse a publicar fotografías de ellos en Facebook".

Es verdad, pero últimamente irrelevante. Esos levantamientos también tuvieron un fuerte apoyo de la tecnología que entonces les era contemporánea. La revolución bolchevique difícilmente hubiera sucedido sin los telégrafos y los trenes que desaparecieron a Lenin de la estación finlandesa en el momento adecuado.

¿Y qué hubiera sido de la Revolución Francesa sin el dispositivo de alta tecnología, salido directamente del taller del Dr. Joseph Guillotin?

Sí, por supuesto: la tecnología por sí misma no crea revoluciones. La voluntad de las personas es el ingrediente más vital. Para fomentar una revuelta, primero hay que dejar que el resentimiento hierva a fuego lento durante varias décadas. Pero eso no significa que las redes sociales en internet no puedan proveer a los vacilantes revolucionarios de un auxilio y consuelo vitales.

La noche que Mubarak renunció, los jóvenes entrevistados en la Plaza Tahir tecleaban en sus smartphones mientras esperaban a que el reportero finalizara su introducción. Adivinen qué sitio estaban revisando...

Considera lo que Facebook es: es internet refinado y enfocado en ti y en tus conocidos. Ninguna de sus funciones es particularmente nueva. Todas han sido probadas y comprobadas antes por otros sitios. Hemos estado intercambiando mensajes instantáneos, blogueando detalles y quejas diarias, y coordinando proyectos y reuniones en línea desde que los niños de la Plaza Tahir iban en brazos.

Sólo que nunca lo habíamos hecho todo en el mismo lugar, al frente de tantos de nuestros amigos, y durante horas. Nunca habíamos creado un club que tiene más de 500,000 personas y que crece más rápido que nunca, donde cabe literalmente cualquier punto de vista. Y ciertamente no habíamos llevado nunca ese club en nuestros bolsillos alrededor del mundo.

Considera qué más hace Facebook: La democracia en acción, o al menos lo más cercano que hemos visto a ella en nuestras vidas diarias. Una cacofonía de puntos de vista explota a partir de las declaraciones más breves. ¿Podrías imaginar cuántos comentarios recibirías en un tu muro de Facebook en los próximos 10 minutos si publicaras Yo <3 Ghadaffi (Yo amo a Gadhafi).

Ahora imagina que eres un dictador tratando de infiltrar los territorios de la libre expresión. No podrás. ¿Quién quiere ser amigo de un policía secreta de Libia? Vigilar quién dijo qué a quién en esta cacofonía podría tomarte toda la vida. Podrías, por supuesto, cerrar completamente el internet. Mubarak trató de hacerlo, y rápidamente se hizo obvio que también cortó la sangre vital del país: el comercio y el turismo.

O podrías hacer lo que China ha hecho durante los pasados dos años: bloquear el acceso a Twitter y Facebook específicamente. En ese caso, atraerías la atención a su poder y provocarías un alza de copias de esos sitios hechas en casa (como Renren.com o Kaixin001, en el caso de China).

Gladwell tiene razón en argumentar que sólo los lazos sociales fuertes crean revoluciones. Pero se equivoca al decir que Twitter y Facebook constituyen lazos sociales débiles.

Aquéllos de nosotros que hemos pasado incontables horas en las redes sociales sabemos lo que hay allá adentro. No es una especie de insípida escena de un bar virtual. Esta bien, existe un elemento de eso: la sensación de una fiesta perpetua es lo que atrae a muchos en primer lugar. Pero lo que nos mantiene ahí es el hecho de que las barreras entre los amigos falta de tiempo, demasiada distancia, años de silencio son aniquiladas.

Publica un breve comentario tonto en la actualización de estatus de un viejo amigo olvidado, y lo próximo que verás es que están intercambiando puntos de vista como si fueran ex compañeros de departamento. Abre un grupo de Facebook acerca del proyecto que te apasiona, y te darás cuenta de que nunca estuviste solo al querer convertir tu sueño en realidad.

Es imposible vivir en ese tipo de ambiente —y que quede claro, estamos comenzando a vivir ahí— sin darte cuenta de en qué medida falla el mundo real. Mientras Facebook continúa creciendo —la tendencia sugiere que llegará a los 3,000 millones de usuarios, o aproximadamente la mitad del planeta, en 2017—, más y más culturas monolíticas serán impactadas.

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Es verdad, no todas ellas son dictaduras del tipo de Medio Oriente. Pero pueden encenderse chispas en todo tipo de modos. Por ejemplo, el segmento de usuarios de Facebook de mayor crecimiento es el de las mujeres de más de 55 años. Piensa en lo que una red de abuelas inteligentes y con la conciencia despierta pueden hacer por las regiones más pobres del planeta.

Así que tal vez exista una moda de no llamar a los eventos en Egipto y similares una revolución por Facebook. La verdadera revolución por Facebook es global, y apenas se está poniendo en marcha.

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